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El mayo del 68 árabe

Día 31/01/2011
Túnez y Egipto son dos de los países con mayor número de universitarios del mundo árabe. Universitarios que, con sus flamantes licenciaturas bajo el brazo, se ven obligados a buscarse la vida como verduleros o vendedores de chucherías a los turistas. Esos jóvenes son los que encabezan la insurrección contra una gerontocracia que se ha perpetuado en el poder gracias al cuento de que, sin ella, el mundo árabe está condenado a un islamismo apocalíptico.
Pero quizás el islamismo tenga tanto que temer de este movimiento como los carcamales dirigentes en el poder. La actual revolución árabe ha nacido en las redes sociales, en Facebook y Twitter, no en las mezquitas. Es un movimiento nuevo que, en la órbita más amplia del islam, tuvo una de sus primeras manifestaciones en la protestas iraníes contra el pucherazo de Mahmud Ahmadineyad.
Irán también es un país con un alto número de universitarios. Como Túnez y Egipto. Pero no como Marruecos, que arrastra una alta tasa de analfabetismo y que, hasta ahora, apenas se ha visto afectado por las revueltas que sacuden el norte de África. Quizás así se comprenda la repulsión que siempre han sentido las autoridades marroquíes por los programas de ayuda a la educación de la Unión Europea. Intuían lo peligroso que puede ser tener una juventud educada y sin empleo en un régimen feudal.
Europa ha jugado un papel bochornoso en estas revueltas. Pero puede aprender la lección: una juventud formada y con estudios es el instrumento más eficaz para acabar con un régimen adocenado. Incluso se podría aplicar la lección a sí misma: una generación de jóvenes universitarios entre quienes el paro ronda entre el 40 y el 50 por ciento puede ser letal, revolucionaria, explosiva para el régimen.
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