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El juicio del mono

Azar Teatro presenta «El juicio de Dayton», donde la intransigencia se alimenta de la ignorancia en provecho de unos pocos interesados

Día 29/01/2011 - 13.28h
Azar Teatro acaba de estrenar el 21 de enero el montaje sobre El juicio de Dayton, en versión libre de Javier Esteban, a partir de Inherit the Wind (La herencia del viento), la película que Stanley Kramer dirigió en 1960, basada a su vez en la pieza teatral del mismo título escrita por Jerome Lawrence y Robert E. Lee en 1955. El título procede del Libro de los proverbios (11, 29): «El que perturba su casa, sólo heredará el viento y el insensato será esclavo del sabio de corazón». Durante este semestre, el 18 y 19 de febrero, el 12 de marzo y el 1 de mayo, se representará en la galería de la cuarta planta del Teatro Calderón.
La compañía crea un montaje cercano a la película, en el que recupera el ambiente asfixiante del juicio, no sólo por el calor, sino por la cerrazón mental de los habitantes de Dayton, en el estado sureño de Tennessee. El espectáculo se desarrolla durante hora y media en el foyer del teatro, usado con habilidad por ocho actores que interpretan a varios personajes. Aquí, Isaac Bravo es el profesor, el alcalde y un alumno; Francisco Mateo encarna al reverendo Brown y al juez; Chus de Lara es la señora Daven, asistente del fiscal; Cristina Calleja da vida a Rachel Brown y a Mari Jesse; Mercedes Asenjo es la periodista y la esposa del fiscal. Con convicción y credibilidad, Carlos Tapia y Carlos Pinedo se enfrentan como fiscal y defensor, en un trabajo vibrante y lleno de fuerza en las escenas clave del juicio. Además, el público está en escena como jurado, a cara descubierta, pues la luz permanece encendida todo el tiempo, por lo que el espectador debe posicionarse: ¿es culpable o inocente este profesor que ha desobedecido la ley, al enseñar el evolucionismo a sus alumnos?
De animales inferiores
Pero ¿qué sucedió en realidad en Dayton? En 1925, John T. Scopes, un profesor de 24 años recién licenciado, fue llevado a juicio por enseñar las teorías de Darwin en una clase de Ciencias de secundaria. La ley Butler prohibía que se enseñara la procedencia del hombre de animales inferiores, en los centros docentes públicos de Tennessee. Los hechos apuntan a que el juicio no sólo fue fruto de la defensa de libertades, sino que había otros intereses, como los económicos de los hombres de negocios de Dayton, que vieron en la publicidad del caso en la prensa y en la radio, la ocasión de resucitar un pueblo que perdía habitantes.
Lo cierto es que tanto la película como este montaje reproducen el clima festivo del pueblo, mientras se da la batalla entre evolucionistas y creacionistas, al frente de los cuales se situaron en la realidad Clarence Darrow, célebre abogado y agnóstico, y William J. Bryan, fiscal y político importante del partido demócrata, presbiteriano y creacionista. Durante siete días, ambos se enfrentaron con diálogos mordaces e inteligentes, parte de los cuales se recuperan en la película y en el trabajo de Azar, hasta terminar en un interrogatorio de antología que el abogado defensor hace al propio fiscal Bryan, para demostrar que interpretar la Biblia al pie de la letra, como hacen los creacionistas, sin considerar contexto, lenguaje y estilos literarios de los libros bíblicos, no se sostiene: ¿se tragó la ballena a Jonás?, ¿detuvo Josué el sol?, ¿de dónde salió la señora Caín?, ¿tienen 24 horas los días de la creación? Si Dios, viene a decir el agnóstico al fundamentalista, ha creado al hombre y le ha dado la capacidad de pensar, por qué habría después de negársela.
Más allá del debate entre evolucionismo y creacionismo y entre ciencia y religión, el gran tema aquí es la defensa de la libertad individual frente al fundamentalismo, venga de donde venga. En El juicio de Dayton, los fundamentalistas religiosos fabrican un Dios desconectado del ser humano y de la racionalidad y obligan a todos a creer en Él. Para ello, legislan una ley perversa, con el fin de amordazar la libertad de pensamiento, expresión y enseñanza y asegurar que nadie en la escuela pública (la educación es el corazón de un pueblo, para bien o para mal), salga del redil. Por eso, Drummond centra el debate en buscar la verdad y en abrogar una ley injusta que abre la puerta al recorte de libertad en otros sectores: escuelas privadas, libros, periódicos, y que en la práctica, dice el abogado del juicio del mono, supondría el regreso de las piras de leña para quemar a hombres y mujeres libres, como en el pasado.
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