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Columnas / MONTECASSINO

Ahora piden respeto, ellos

Si hubiera tanta extrema derecha en España, estos heroicos antifranquistas de la nada habrían huido ya al dorado exilio

Día 14/10/2010
YA están aquí con toda la desvergüenza de que son capaces y la virulencia que añaden los crispados nervios de un Gobierno que se sabe desenmascarado. Nerviosísimos están todos ellos, porque ven ya en el horizonte su fracaso y la expulsión del paraíso del poder al que accedieron en una trágica carambola del destino y en la que se mantuvieron con unas mentiras que han traído la ruina para millones de españoles y la angustia para todos. Ahora ya saben, se lo dicen todas las encuestas incluidas las suyas, que sus mentiras han dejado de surtir efecto, como un antibiótico agotado por tanto abuso continuado. Ahí están, los que en pánico quieren bajarse del barco y los que llaman a aguantar, a la espera de algo, «lo que sea» como dice el jefe, que quiebre el curso implacable de los acontecimientos. Que lleva a la derrota. Lo que no podrán evitar ya es el desprecio de millones de españoles víctimas de la catástrofe nacional que su ineptitud, su aventurerismo y sus mentiras han causado. Ahí están ahora sacando el rodillo de la intimidación. Si ya no funcionan las mentiras, quizás lo haga el miedo. Ya han desplegado sus baterías para tachar de ultraderechistas a todos los españoles hartos de ellos, los que sufren los efectos de la siembra de miseria por la que será recordado este Gobierno. Dicen que eran grupos de extrema derecha los que gritaban y silbaban. Si hubiera tanta extrema derecha en España, estos heroicos antifranquistas de la nada habrían huido ya al dorado exilio en sus finquitas y chalecillos por el ancho mundo. Si hasta le tienen miedo a las familias, parejas y demás ciudadanos madrileños en la Castellana. Los han arruinado y ahora los insultan. El Timonel ya no acude a acto abierto alguno salvo con público seleccionado. Por miedo a la verdad y a la gente. Por eso el martes los madrileños tenían que estar lo más lejos posible de Zapatero, ese hombre, el líder providencial, regalo para los españoles. Si hubieran estado más cerca, habrían expresado su
opinión, habrían visto la ceremonia y no habrían gritado a ciegas. Habrían respetado el homenaje a los caídos porque los allí reunidos, muy lejos, tras vallas como si de peligrosos energúmenos se tratara, tienen cien veces más respeto a nuestros caídos que el Gobierno. Respeto piden, quienes traen escondidos y con nocturnidad a soldados españoles muertos en una guerra que dicen no existe. Respeto piden quienes llevan años ciscándose en las creencias religiosas de más de media España. Los socios y cómplices de quienes queman la bandera y aterrorizan a quienes la llevan. Quienes ayudan a perseguir a la lengua española, pisotean las tradiciones e incitan a la violencia contra los discrepantes. Quienes llamaron a asedios a las sedes de otro partido. Piden respeto, quienes difamaron a las víctimas del terrorismo, quienes pactaron con ETA para no ver atentados ni robos de pistolas donde los había y nos mintieron y siguieron negociando con los terroristas con muertos y sin ellos. Esos, nos piden ahora respeto. Y como siempre les ayudan —con esa buena fe tan dispuesta a dejarse convencer por los peores—, quienes caen una y otra vez en las tretas de estos impúdicos trileros de la moralidad. Demasiado tarde. Si quieren un minuto de respeto, sólo a cambio de un instante de patriotismo de su jefe. Para dimitir o convocar elecciones. Es el único favor que podría ya hacer Zapatero a España. No lo esperen.
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