Ocho razones por las que el ajedrez merece ser una asignatura

Ocho razones por las que el ajedrez merece ser una asignatura

El Congreso ha aprobado por unanimidad su introducción en los colegios. La proposición no de ley incluía algunos motivos, pero hay muchos más

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El Congreso ha aprobado por unanimidad su introducción en los colegios. La proposición no de ley incluía algunos motivos, pero hay muchos más

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  1. Mejora la memoria y la concentración

    Como la lengua y las matemáticas, el ajedrez tiene unas cracterísticas que mejoran el rendimiento de los alumnos de forma transversal, no solo dentro de sus asignaturas. El resto de materias se ven afectadas de una manera invisible, pero eficaz. La proposición no de ley defendida por el diputado Pablo Martín y aprobada por unanimidad de todos los grupos en el Congreso explicaba que diferentes estudios «han acreditado que el ajedrez introducido a temprana edad puede mejorar la capacidad de concentración de los menores». Este punto es bastante obvio, pero no todo el mundo sabe el ajedrez cada vez está mejor considerado como tratamiento para pequeños pacientes que sufren déficit de atención (TDA), con o sin hiperactividad,

    El texto hablaba también de las capacidades memorísticas, algo que se ha demostrado a muy diferentes edades, ya que el ajedrez también empieza a utilizarse para prevenir o retrasar el desarrollo del alzheimer, la demencia senil y otras enfermedades mentales. Entre los jóvenes, los beneficios han quedado patentes hace ya mucho tiempo. Un viejo estudio de 1985 demostraba que los estudiantes que practicaban el ajedrez destacaban por su mejor memoria en todas las asignaturas, no solo a la hora de mover las piezas. En otro experimento realizado en Pensilvania se comprobó que las mejoras no se producen solo entre los ajedrecistas con experiencia. Los alumnos que no lo habían practicado antes también mejoraban notablemente su memoria y sus habilidades verbales. Esto último tiene gracia, teniendo en cuenta lo poco que se suele hablar durante una partida.

  2. Eleva el cociente intelectual

    Unamuno dijo una vez que «el ajedrez procura una suerte de inteligencia que sirve sirve únicamente para jugar al ajedrez». El maestro internacional y científico Fernand Gobet se ha convertido en un experto en cuestionar la falta de metodología científica de muchos de los estudios publicados, en ocasiones con más entusiasmo que rigor. En todo caso, no faltan las fuentes fiables que encuentran una correlación evidente entre la práctica del ajedrez y la mejora de la inteligencia.

    Sin salir de España, un estudio de la Universidad de La Laguna (Tenerife) «evidencia que el ajedrez mejora las capacidades cognitivas, moldea la capacidad de afrontamiento y resolución de problemas e, incluso, influye en el desarrollo sociopersonal de los niños y adolescentes que lo practican». En otro estudio llevado a cabo en Venezuela con 4.000 estudiantes se comprobó que, después de cuatro meses dando jaques, el CI de los niños había mejorado. En este enlace se puede leer (en inglés) un ejemplo más, desarrollado por el doctor Peter Dauvergne en la Universidad de Sidney. El artículo explica que el ajedrez mejoran la capacidad para resolver problemas de los chavales, así como sus habilidades lectoras, de lenguaje, matemáticas y memorísticas. Propicia además un pensamiento creativo y original, los niños aprenden a tomar decisiones más precisas y rápidas bajo presión y, en general, mejoran sus notas en los exámenes. Todo ello, independientemente de su sexo y de su nivel socieconómico.

  3. Enseña responsabilidad y humildad

    Este punto no requiere mayores estudios como respaldo. Por sus características básicas, el ajedrez nos enseña a hacernos responsables de nuestros actos. Cada jugada tiene una serie de consecuencias, que conviene aprender a predecir y, a posterioro, comprender, sobre todo si nos ha ido mal. En este juego no hay dados (al menos desde la Edad Media) y el azar se reduce al mínimo. Es una exageración de las condiciones con las que se encuentran luego las personas en la vida adulta, donde sí influye a menudo la suerte. Una derrota no puede ser justificada nunca por el infortunio o por la mala actuación de un árbitro. Quien comete un error, lo acaba pagando, sobre todo si es grave. Pero también nos enseña a luchar para salir de situaciones difíciles.

    Esas mismas características convierten el ajedrez en la más perfecta cura de humildad. Solo podemos culparnos a nosotros mismos de nuestras derrotas, incluso a manos de personas a la que hasta ese momento no hemos considerado suficientemente inteligentes. Las fanfarronadas no caben entre ajedrecistas, donde el tablero se acaba convirtiendo en un juez siempre justo e implacable.

  4. Ejercita ambos hemisferios cerebrales

    «The New York Times» se hacía eco hace tiempo del estudio de unos investigadores alemanes que venía a demostrar que tanto los grandes maestros como los novatos, cuando juegan una partida o analizan una posición hacen trabajar por igual a los dos hemisferios del cerebro. El resultado sorprendió a los propios investigadores, que pensaban que el lado izquierdo del coco tendría un papel más relevante. Resulta que somos tan listos que para resolver más rápido las dificultades que plantea este juego echamos mano hasta de la última neurona disponible.

  5. Mejora la creatividad

    Siguiendo con el punto anterior, el hemisferio derecho del cerebro es el responsable de la creatividad y, por tanto, uno de los implicados en la resolución de problemas ajedrecísticos. Muchos desconocedores del juego favorito de Bobby Fischer piensan que el ajedrez está muy vinculado a las matemáticas (algo que es cierto), pero ignoran la parte artística que tiene. Entre los grandes maestros no han faltado grandes músicos, sobre todo, otra disciplina relacionada con los números. Incluso se puede hablar de ajedrecistas más «científicos» y otros más «creativos», jugadores que suelen encontrar soluciones increíbles a los problemas que les plantea su rival. las partidas de Tal, Bronstein y Shirov, entre otros, son una fuente inagotable de inspiracion, por ejemplo.

    De todos los estudios disponibles, destaca uno del doctor Robert Ferguson. Después de 32 semanas, el grupo de alumnos ajedrecistas obtuvo mejores resultados en las pruebas de creatividad. Entre las aptitudes más desarrolladas, destacaba la originalidad.

  6. Democrático y solidario

    La joven promesa Jaime Santos, contra el gran maestro Alexei Shirov
    La joven promesa Jaime Santos, contra el gran maestro Alexei Shirov

    Es difícil encontrar un juego o un deporte que fomente más la igualdad de oportunidades que el ajedrez. Al contrario de lo que ocurre en el baloncesto o el atletismo, los chicos de ambos sexos tienen las mismas oportunidades. El ajedrez tampoco distingue entre razas, religiones, clases sociales o ideas políticas, y el gordito de la clase le puede dar una paliza al capitán del equipo de fútbol como probablemente no se repetiría ninguna otra actividad. Los bajitos pueden derrotar a los altos (y viceversa) e incluso los alumnos a los profesores. Los invidentes, y aquí ya las comparaciones con cualquier otro deporte son definitivamente odiosas, también pueden jugar mejor que cualquier otro compañero de clase.

  7. Propicia la aparición de niños prodigio

    El joven prodigio Samuel Reshevsky impartía sesiones de simultáneas desde que tenía siete años
    El joven prodigio Samuel Reshevsky impartía sesiones de simultáneas desde que tenía siete años

    Ser un niño prodigio no es necesariemente bueno, pero en todo caso su detección precoz es la mejor manera de intentar que tenga una vida feliz y provechosa. El ajedrez, junto a la música y las matemáticas, es una de las actividades que más niños prodigio ha generado a lo largo de la historia. Como comentaba a ABC Agustí Mezquida, director de la película documental «La dama del ajedrez», un novelista y la mayoría de los artistas necesitan experiencias previas para expresar su capacidad, pero un niño de siete años puede demostrar que es un genio sin necesidad de haber «vivido»

  8. Es muy barato

    Lo hemos visto en las películas. Se puede fabricar un tablero y unas piezas con los materiales más baratos posibles, de papel, con miga de pan... Llevar el ajedrez a los colegios apenas requiere inversión. Los juegos, además, no tienen demasiado desgaste, aunque siempre acaba faltando peones en las cajas y es necesario reponer.

    La economía del ajedrez llega incluso a internet, donde ni siquiera es preciso de disponer de una buena conexión para disputar partidas en directo con cualquier rival del universo. Cada jugada se transmite con un número de bytes ridículo. En la red abundan, además, infinidad de sitios donde se puede profundizar en el juego, resolver problemas u observar partidas de los grandes campeones, en directo o en diferido. Es una de las mejores maneras de aprender.

    Javier Ochoa, presidente de la Federación Española de Ajedrez ( FEDA), ha explicado que abundan los programas posibles que permiten enseñar ajedrez en las escuelas, algunos, desarrollados por las Federaciones Autonómicas, a coste cero. La FEDA también ha puesto en marcha un programa de formación para docentes disponible «a muy bajo coste en la web de la Federación».