Las mejores frases de la película «300» y su relación con la historia real

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La aventura épica original se entrega este domingo 17 de marzo con ABC por un euro

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La aventura épica original se entrega este domingo 17 de marzo con ABC por un euro

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  1. «Regresa con el escudo o sobre él»

    Las mujeres espartanas se jactaban de que solo ellas eran capaces de parir hombres de verdad. De hecho, es conocido que los niños nada más nacer eran reconocidos para ver si tenían algún defecto. Si no estaban sanos eran abandonados a su suerte. La dureza de las espartanas era conocida en el mundo entero y la frase se refería a que o volvían victoriosos con el escudo o muertos encima de él.

  2. «Aquí lucharemos nosotros, aquí morirán ellos»

    Los espartanos eran expertos en la pelea cuerpo a cuerpo. No solo por su preparación física especial (desde los siete a los 18 años se preparaban para la guerra), sino por su configuración de falange en la lucha. Consistía en pelear hombro con hombra, uniendo los escudos en formaciones de ocho hombres en filas de cuatro. Sus escudos eran grandes y entre las dos líneas formaban una barrera impenetrable. Sus corazas y cascos resistían los lanzazos de los persas cuando por un azar superaban sus barreras.

    Las lanzas espartanas, pesadas y muy potentes, pasaban por encima de la primera línea de la falange y atravesaba como mantequilla las débiles corazas persas. Es por esta formación de falange que los hombres debían tener alturas parecidas y por eso rechazan al jorobado formar parte del ejército. Al no poder levantar el escudo habría roto la formación”

  3. «No les deis nada, arrebatádselo todo»

    Las guerras para los espartanos eran algo más que una batalla. Era una forma de vivir. De hecho, era la mejor forma de vivir y cuando entraban en ella se encontraban en su salsa. Eran feroces e implacables. No hacían prisioneros y cuando el rival caía, lo remataban sin consideración. Si acorralaban a un número ya de vencidos los empujaban hasta el mar o si estaban en el suelo les cortaban la cabeza de un solo tajo.

  4. «Esto es Esparta»

    Es la frase que pronuncia Leónidas antes de enviar a los emisarios persas al pozo de las sombras. Ser emisario en aquellos tiempos era profesión de alto riesgo, sobre todo si ibas a Esparta y te comportabas como un chulito de barrio bajo. En aquellos años los emisarios persas hacían alarde del poder del ejército de, primero, el rey Darío, y luego de su hijo Jerjes. Adelantaban al grueso de sus tropas e iban pidiendo tierra y agua, que era la forma de pedir sumisión a las naciones que iban atravesando en su continúa invasión.

  5. «Esta noche cenaremos en el infierno»

    Para los espartanos la muerte no era tal como la vemos hoy en día. Para ellos era casi el cénit de la gloria. Morir en la batalla era lo más honroso que podía ser para un guerrero. De hecho, cuando los niños cumplían siete años eran arrebatados a sus madres para comenzar una instrucción que duraría once años. La preparación era durísima, no solo en las peleas cuerpo a cuerpo sino en las condiciones de vida. Apenas les daban de comer y para sobrevivir tenían que robar. La última prueba era matar a un hoplita antes de poder entrar en el ejército a los 18 años. Desde ese momento, morir era casi una liberación de una vida dura como el granito.

  6. «Entonces pelearemos a la sombra»

    Respuesta de Dienekes, uno de los guerreros de Leónidas, cuando un emisario amenaza a los espartanos: “Nuestras flechas cubrirán el sol”, a lo que Dienekes respondió con sorna: “Entonces pelearemos a la sombra”. Razón tenían ambos. Aunque algunas fuentes hablan de que el ejército de Jerjes estaba compuesto por millón y medio de hombres, la realidad aproxima el número a unos 250.000 soldados más los que iban en las naves que acompañaban al ejército de tierra.

    Los arqueros persas tenían famas de certeros y eran numerosos por lo que es probable que la lluvia de flechas fuera enorme. De hecho, en el último día de batalla Jerjes no quiso arriesgarse a tener más bajas y liquidó a los pocos espartanos que quedaban en vida con sus arqueros. La respuesta de Dienekes también tiene sentido porque los escudos espartanos eran tan grandes que agachados podían cubrirse enteros de las flechas persas.