Cuando conducir un Ferrari se convierte en un infierno

Prueba un superdoportivo de competición por las calles de Filadelfia y la experiencia no puede ser peor: calor, ruido y golpes

MadridActualizado:

Conducir un Ferrari es el sueño de cualquier aficionado al motor. Más aún de los amantes del mundo de la competición. Sin embargo, los sueños a veces se convierten en pesadillas. Esto es exactamente lo que le ha pasado a Doug DeMuro, que en un post en el portal autotrader.com, comparte su horrorosa experiencia a los mandos de un Ferrari F430 Challenge por las calles de Filadelfia. En este vídeo de YouTube se puede comprobar como lo que en teoría debería ser una vivencia inolvidable, se convierte en un auténtico infierno.

El motivo de esta mala experiencia es que se trata de un Ferrari preparado para competir, no de la versión de calle del F430. Para reducir el peso y lograr el mayor rendimiento posible, los Ferrari de competición no cuentan con elementos de confort. No tienen aire acondicionado, tampoco están insonorizados, las ventanillas están fabricadas con cristales de alta resistencia y apenas pueden abrirse, y la suspensión, con reglajes de competición, hacen que el Ferrari vuele casi pegado al asfalto. Todo esto, necesario para que el coche gane puntos en los circuitos, le hace perder enteros cuando circula por la ciudad.

El primer problema con este superdeportivo llega a la hora de intentar entrar al vehículo. Las barras antivuelco que llevan instaladas los Ferrari de competición hacen que sea excesivamente complicado entrar en el coche. Una vez que consigue sentarse en el puesto del piloto del F430, DeMuro arranca el Ferrari y se dispone a disfrutar de la experiencia.

Apenas cinco minutos después, la idea de conducir por las calles un Ferrari de competición ya no parece tan buena. El calor es insoportable, y no hay manera de solucionarlo –no aire acondicionado–, y el ruido que produce el motor V8 de 500 CV de potencia del Ferrari F430 hace insoportable su conducción. Pero todavía hay más. Como las suspensiones son más blandas, y están pensadas para los asfaltos sin baches de los circuitos, los latigazos y golpes son constantes.

Entre el calor, el ruido y los golpes la experiencia no puede ser peor. De hecho, DeMuro reconoce en su entrada que «después de diez minutos dentro del Ferrari F430 Challenge, desearía no haber nacido». Quién podría pensar que conducir un Ferrari, en lugar de ser algo placentero, sería como estar en el infierno.