Cinco porteros de cinco hoteles de cinco estrellas
Ernesto Pastor, junto a la Puerta de Alcalá - video: c. minguez / l. farraces | foto: E. Agudo
madrileños con historia/porteros y conserjes de hoteles de lujo

Cinco porteros de cinco hoteles de cinco estrellas

Ellos son los primeros a los que ve el cliente. La primera impresión del hotel. ABC reúne en la Puerta de Alcalá a los empleados del Palace, Ritz, Villa Magna, Wellington y Hospes

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Ellos son los primeros a los que ve el cliente. La primera impresión del hotel. ABC reúne en la Puerta de Alcalá a los empleados del Palace, Ritz, Villa Magna, Wellington y Hospes

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  1. Ernesto Pastor (Hotel Palace): «Un honor y un orgullo»

    Ernesto Pastor, junto a la Puerta de Alcalá - vídeo: c. mínguez / l. farraces | foto: E. Agudo

    «Trabajar en el Palace es un honor y un orgullo. Es un lugar único donde te relacionas con mucha, y distinta, gente. Te abre los ojos y te aporta muchas vivencias». Lo dice Ernesto Pastor que, con 51 años de edad, lleva 35 empleado en este hotel centenario. Toda la vida, vamos. Eso es buena señal. Tanta que hoy es el jefe de conserjes. «Todos en el Palace formamos un gran equipo; como una gran familia».

    Curtido en mil experiencias, Pastor nos relata una como muestra de lo que se puede conseguir en este hotel. «Clienta que viene a una boda de alcurnia. Toda conjuntada de rojo: vestido, bolso, adornos ... ¡Pero se había dejado los zapatos en Londres! Empezamos a buscar zapatos de ese color. Nada. No eran iguales. Al final, nos dio las llaves de su casa, cogimos un avión y fuimos a Londres. Trajimos sus zapatos. Iba como un pincel. La señora quedó encantada. Misión cumplida».

  2. Borja Martín (Hotel Ritz): «Estoy aprendiendo ruso»

    Borja Martín, con su uniforme de primer conserje
    Borja Martín, con su uniforme de primer conserje - Ernesto agudo

    Es el jefe de Conserjería del Ritz, aristocrático y también centenario. Borja Martín tiene 40 años y lleva 15 en el hotel. «Digo lo mismo que mis compañeros: es un honor y un orgullo estar en un local así. ¡El mejor de España!», asegura ante la mirada pícara de sus colegas. «Nosotros somos la cara del hotel. La que da la bienvenida a los clientes y la que les despide. Tenemos una responsabilidad en el éxito de todo el equipo».

    Llegar al puesto de Borja no es cosa fácil. Hacen falta ganas y buena formación. Alguno tiene estudios superiores dentro del ramo hotelero. «Hablo cinco idiomas: inglés, francés, italiano, alemán ...¡y español, claro!». Pero su aprendizaje no acaba ahí. «Ahora estamos estudiando ruso porque el ruso es un mercado de turistas muy asentado», comenta.

    También recuerda anécdotas. Muchas. Y tienen que ver con satisfacer al cliente. Siempre. «Yo digo, los milagros los conseguimos rápido, los imposibles tardan un poquito más».

  3. Manuel Pizarro (Hotel Villa Magna): De reforma y cobrando

    Manuel Pizarro, también en la plaza de la Independencia
    Manuel Pizarro, también en la plaza de la Independencia - E.A.

    Entró de botones en este hotel hace 36 años. Hoy tiene 52 y es el jefe de Conserjería. «Y el presidente de la Asociación Llaves de Oro, que agrupa a todos los conserjes de hotel de España», nos relata con gracia y vehemencia.

    Castizo como pocos, Manuel Pizarro dice que, practicamente, «salí de las faldas de mi madre para entrar en el Villa Magna, el hotel del amor y el lujo. El lujo viene dado, el amor lo ponemos nosotros».

    Sin embargo, hay un detalle que Pizarro quiere hoy destacar un episodio muy especial sobre «otra casa», su hotel. «El Villa Magna —recuerda—, pasó por una profunda remodelación hace algo más de cuatro años. Se cerró para las obras, que duraron más de un año. Pues bien, durante ese periodo los dueños no sólo mantuvieron a toda la plantilla sino que nos pagaban el sueldo. ¡Dime si eso lo hace cualquiera!», exclama emocionado. «Los propietarios nos miman mucho. No hay duda. Por eso, nosotros también trabajamos con mucho entusiamo y alegría».

    Y nos relata una anécdota. «Era un cliente, empresario mexicano. Un 5 de enero quería ir a la ópera para ver a Plácido Domingo. Las entradas, agotadas. Ni una. Así que hicimos gestiones para colocarle ... ¡en el coro!. El hombre tuvo que estar de pie, pero vio la ópera y a Plácido. ¡Ah! Y no me vas a sacar cómo lo conseguimos por mucho que insistas».

  4. Manuel Barrera (Hotel Wellington): La muleta de El Cordobés

    Manuel Barrera, impecable con su uniforme de portero
    Manuel Barrera, impecable con su uniforme de portero - E. A.

    Está temiendo la jubilación «Me queda poco y me da mucha pena». Manuel Barrera lleva cuarenta años de portero en el Wellington, otro 5 estrellas famoso, también, por el ambiente taurino que se respira. «Viene de tiempos del antiguo dueño, el ganadero Baltasar Ibán», nos dice este hombre bonachón al que unos turistas indúes retratan por su gorra de plato.

    En realidad, los cinco protagonistas de esta historia van impecablemente uniformados. Con sus trajes relucientes, de pingüino, chaqué o alpaca con corte más moderno. «¿Están rodando alguna serie de la tele?», nos pregunta más de uno en medio de la Puerta de Alcalá. Al final, vemos como el japonés, tan contento, inmortaliza la escena con su cámara de fotos.

    Barrera asegura estar feliz con su trabajo porque «me gusta el trato con la gente y, además, hay muy buena armonía entre compañeros».

    «Recuerdo a Manuel Díaz, el Cordobés. Se vestía aquí. La tarde no fue de mucho éxito. Al regresar al hotel, le esperaba un chavalillo, alumno de la escuela de tauromaquía, que le pidió una muleta. El mozo de espadas hizo el ademán de darle una vieja pero el torero le arreó una nueva. Ese detalle de humildad nunca se me olvidará».

  5. Lucas Parrotta (Hotel Hospes): «Tener empatía con el cliente»

    Lucas Parrotta, conserje del hotel-boutique
    Lucas Parrotta, conserje del hotel-boutique - E. A.

    Nacido en Madrid y criado en Argentina, el curriculum de Lucas Parrotta se agranda. Nos sale del Hotel Hospes, en la misma plaza de la Independencia, y se abraza a varios de sus compañeros que esperan para el reportaje. Han trabajado juntos antes de que Lucas llegara a este «hotel-boutique», como define a este nuevo 5 estrellas madrileño del que él es conserje.

    «Todos damos lo mejor. Las estrellas obligan. Pero en este local tenemos una ventaja. Al ser más pequeño, existe más cercanía y, quizás, el trato puede ser más personalizado. Hay que generar empatía con el cliente. Son lo primero. Y hay que amar mucho este trabajo».