Una ruta por los sabores de Madrid
Lucio, el propietario del restaurante, con una ración de callos a la madrileña - sigefredo
gastronomía

Una ruta por los sabores de Madrid

Desde el tradicional cocido hasta propuestas innovadoras, los fogones de la capital sorprenden al visitante en cada esquina

Actualizado:

Desde el tradicional cocido hasta propuestas innovadoras, los fogones de la capital sorprenden al visitante en cada esquina

12345678910
  1. Casa Lucio: los mejores huevos rotos de Madrid

    Lucio, el propietario del restaurante, con una ración de callos a la madrileña
    Lucio, el propietario del restaurante, con una ración de callos a la madrileña - sigefredo

    Casa Lucio es seguramente uno de los restaurantes más conocidos de la capital, y sus huevos rotos, los mejores. Y no lo dice cualquiera, sino el cocinero número uno del mundo, Ferran Adriá.

    Otro de sus platos estrella son los exquisitos callos a la madrileña, de consumo obligado en una visita a Madrid.

    Abierto en 1974, Casa Lucio continúa en el local antes ocupado por el Mesón el Segoviano, en el número 25 de la Cava Baja, donde Lucio empezó a trabajar con tan solo 12 años.

  2. El rabo de toro de un restaurante centenario

    Entrada de Casa Alberto, abierto desde 1927 y antigua casa de Miguel de Cervantes
    Entrada de Casa Alberto, abierto desde 1927 y antigua casa de Miguel de Cervantes - belén díaz

    En pleno Barrio de las Letras, Casa Alberto (calle de las Huertas, 18) es el segundo restaurante más antiguo de Madrid, detrás de Botín, que encabeza la lista a nivel mundial.

    Abierto en 1827, ocupa el solar donde un día estuvo la casa de Miguel de Cervantes. Fue aquí donde escribió la segunda parte de «Viaje al Parnaso», en 1614.

    Hoy en día es famoso por su rabo de toro y sus guisos y legumbres. También por el vermú de grifo, de cuya fórmula se dice que es más secreta que la de la Coca-Cola.

  3. Cocina de mercado con el pasado a tus pies

    Bajo «La Antoñita», en la Cava Baja, discurre la muralla árabe de Madrid, del siglo IX
    Bajo «La Antoñita», en la Cava Baja, discurre la muralla árabe de Madrid, del siglo IX - belén díaz

    La calle de la Cava Baja es sin duda una de las mejores zonas para comer en Madrid. Su oferta gastronómica (y enológica) es variada y completa, con precios asequibles y en muy buena relación con la calidad que se ofrece.

    Uno de esos ejemplos es «La Antoñita», un restaurante especializado en la «divertida», dicen ellos, cocina de mercado.

    Ubicado en La Posada del Dragón (Cava baja, 14), junto con La Posada del León, los dos alojamientos más antiguos de la capital, otro aliciente de este lugar es poder comer sobre unos restos arqueológicos: bajo los pies de los comensales discurre la muralla árabe (siglo IX) que un día bordeó la ciudad, cuyo límite estaba en esta zona.

  4. Los bocadillos de calamares de la Plaza Mayor

    «La Campana» tiene fama de ser el bar que más bocadillos de calamares vende de todo Madrid
    «La Campana» tiene fama de ser el bar que más bocadillos de calamares vende de todo Madrid - belén díaz

    Irse de Madrid sin probar sus bocadillos de calamares podría considerarse un delito. En la década de los 50 y los 60, la gente «de provincias» tenían en la Plaza Mayor una cita obligada.

    En cualquiera de los establecimientos alrededor de la plaza más importante de Madrid se pueden encontrar, aunque son especialmente famosos los de Los Galayos, un local con historia, donde se reunió por última vez la Generación del 27,y La Campana, conocido por ser el bar que más bocadillos vende de la capital.

  5. Cocina de vanguardia con unas impresionantes vistas

    Azotea del Círculo de Bellas Artes, desde donde se contempla la Gran Vía
    Azotea del Círculo de Bellas Artes, desde donde se contempla la Gran Vía - isabel permuy

    A princios del verano se inauguró Tartan Roof, el restaurante ubicado en la azotea del magestuoso Círculo de Bellas Artes (Alcalá, 42), en pleno centro de Madrid.

    El visitante puede degustar aquí desde ensaladas, hasta hamburguesas de ternera, pasando por un delicioso dúo de tartar de atún y de salmón. Todo ello cocinado con mucha personalidad.

    La zona chill-out de la terraza invita a tomar después una copa disfrutando de las maravillosas vistas de la Gran Vía.

  6. Un cocido madrileño talla XL

    «La gran tasca» prepara uno de los más populares y completos de la capital
    «La gran tasca» prepara uno de los más populares y completos de la capital - sigefredo

    En «La gran tasca» el comensal se sienta a la mesa bajo la atenta mirada de una cabeza de toro disecada. Todo un «tipical Spanish».

    El tamaño de las raciones es sorprendente. Lo más recomendable en este retaurante de cocina tradicional (Santa Engracia, 161) es, sin duda, su cocido madrileño, compuesto de sopa, garbanzos, verdura y carne, que a menudo se acercan a probar artistas de renombre.

  7. De tapeo en el Mercado de San Miguel

    Clientes degustando algunas de sus tapas
    Clientes degustando algunas de sus tapas - belén díaz

    Desde su restauración en 2007 el Mercado de San Miguel, en la plaza del mismo nombre y construido ahora hace 100 años, se ha convertido en uno de los lugares de referencia para el tapeo en Madrid.

    La oferta gastronómica de este espacio en el que se ha conservado su antigua estructura es variada y de una alta calidad, con productos del tipo gourmet, que pueden comprarse y consumirse allí.

    Cazuelitas de guisos calientes, tapas frías e incluso ostras para combinar con vino blanco, tinto o champán: el mercado disponde de varias dodegas con una amplia selección de caldos.

  8. Cochinillo asado en el restaurante más antiguo del mundo

    Botín permanece abierto desde 1725
    Botín permanece abierto desde 1725 - belén díaz

    Con solo pisar la entrada del restaurante uno ya se queda prendado de él: enamora su decoración y su cálido olor a leña.

    Puede imaginarse entonces cómo sabe su cochinillo asado, prepararo en un horno tradicional, así como cualquiera de sus guisos, elaborados en enormes ollas sobre una cocina del siglo XVIII.

    Y es que Botín (Cuchilleros, 17), junto a la Plaza Mayor, tiene el preciado título de ser el restaurante más antiguo del mundo. Inaugurado en 1725, aunque otros lo hicieron antes que él, la diferencia es que esta casa nunca ha cerrado ni ha cambiado de oficio.

    Por este restaurante han pasado desde Hemingway a Truman Capote. Antes que ellos, Galdós escenificó aquí una de las escenas de su «Fortunata y Jacinta», y el mismísimo Goya trabajó en sus cocinas de friegaplatos.

  9. Gallinejas y entresijos, un plato único de Madrid

    Preparación de gallinejas en la Freiduría Embajadores
    Preparación de gallinejas en la Freiduría Embajadores - sigefredo

    De entre todos los platos madrileños (el cocido, los callos...) el más castizo son las gallinejas y los entresijos, el único que no se puede comer fuera de la capital.

    De hecho ya son pocas las freidurías (o galinejerías, como se las conocía antiguamente) que siguen funcionando. Se recomienda especialmente la de la calle de Embajadores, donde además el trato a los clientes es inmejorable.

    Las gallinejas, los entresijos, los botones, los chicharrones... son distintas partes de la tripa del cordero lechal, fritos a muy alta temperatura y que se suelen comer en bocadillo. Su olor es poco agradeble, no así su sabor y textura.

  10. Cocina mediterránea con zarzuela en directo

    En el espacio que ocupa el restaurante estuvo antes la Bolsa de Madrid
    En el espacio que ocupa el restaurante estuvo antes la Bolsa de Madrid - ABC

    La gastronomía de la Capilla de la Bolsa fusiona la cocina mediterránea tradicional con la cocina contemporánea. Su prioridad es la calidad de la materia prima y su objetivo, no ocultar los verdaderos sabores.

    Merece la pena visitar este restaurante llamado así porque en ese solar primero hubo una iglesia y después fue la sede la Bolsa de Madrid (de ahí que se sitúe en la calle de la Bolsa),

    Los martes y jueves contamos con un grupo de cantantes de Ópera y Zarzuela y los demás días de un pianista y un violinista.