Cinco mentiras del nacionalismo catalán sobre Valencia
Estatua bajo la cual reposan los restos de Jaime I el Conquistador, creador del Reino de Valencia - abc
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Cinco mentiras del nacionalismo catalán sobre Valencia

El imaginario soberanista ha retorcido la historia valenciana hasta encajarla en la entelequia de los «países catalanes»

d. martínez
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El imaginario soberanista ha retorcido la historia valenciana hasta encajarla en la entelequia de los «países catalanes»

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  1. 1. El Reino de Valencia, antes que el Principado de Cataluña

    Estatua bajo la cual reposan los restos de Jaime I el Conquistador, creador del Reino de Valencia
    Estatua bajo la cual reposan los restos de Jaime I el Conquistador, creador del Reino de Valencia - abc

    En el imaginario nacionalista que sustenta el desafío secesionista, se suele dar por válido que la Comunidad Valenciana (o «País Valenciano», en la terminología nacionalista) debería formar parte de unos imaginarios países catalanes en base a un glorioso pasado común. Con Cataluña como impulsor de dicha unidad, evidentemente.

    Sin embargo, nada más lejos de la realidad. La relación histórica entre Valencia y Cataluña antes del nacimiento de la España moderna se articuló a través de la expansión de la Corona de Aragón a lo largo del siglo XIII, pero nunca directamente ni con una relación de vasallaje de los valencianos hacia los catalanes. Es más, Valencia conservó su estatus de Reino (otorgado tras la conquista de Jaime I de los antiguo taifas musulmanes de Denia y Valencia en el siglo XIII), mientras que Cataluña siguió siendo un Principado, cuyo señor era el rey de la Corona de Aragón.

    Para terminar de desmontar el mito, resulta que los registros documentales respecto al Reino de Valencia son más antiguos que los que fijan la existencia del Principado de Cataluña. Así, el Reino de Valencia fue creado por el rey Jaime I el Conquistador en 1238. Sin embargo, y aunque el Principado catalán ya existía antes como concepto (el término se usaba desde el siglo XI para referirse a los condados de Barcelona, Gerona y Osona), la primera referencia escrita al Principatus Cathaloniae no llega hasta el año 1350, en la convocatoria de las Cortes de Perpiñán, presididas por el rey Pedro IV el Ceremonioso.

  2. 2. Del romance a la lengua valenciana

    La Real Senyera es el símbolo de la Comunidad Valenciana
    La Real Senyera es el símbolo de la Comunidad Valenciana - abc

    Las tesis de los pancatalanistas (aquellos que apuestan por sumar a la Comunidad Valenciana, Baleares y Andorra a los «países catalanes») se apoyan en buena medida en la unidad de la lengua autóctona de estos cuatro territorios. Sin embargo, y si bien es innegable que tanto el catalán como el valenciano y el balear proceden de la misma rama del latín vulgar, no está tan claro que el catalán sea la «madre» del valenciano y el balear, como sostienen los independentistas.

    En el Reino de Valencia ya se usaba en el siglo XII el romance (derivado del latín) como lengua habitual entre sus habitantes. De hecho, el propio rey Jaime I ordenó redactar en esa lengua los Fueros del Reino. La primera referencia al «valenciano» en un documento jurídico data de 1343, y figura en la documentación de un proceso judicial celebrado en Mallorca. En dichos legajos se hace constar que la madre del acusado, Sibila, hablaba en «valencianesch» por ser de Orihuela. No obstante, diez años antes, un discípulo de Ramón Llull se refería en un comentario en latín a la «lingua valentina».

    Es decir, la denominación de la lengua como «valenciano» hunde sus raíces en el siglo XIV, y no es un invento moderno para negar la unidad de la lengua, como sostienen aquellos que, desde posiciones soberanistas, insisten en llamar «catalán» al valenciano.

  3. 3. Siglo de Oro Valenciano, no catalán

    Manuscrito del Tirant lo Blanc conservado en San Miguel de los Reyes
    Manuscrito del Tirant lo Blanc conservado en San Miguel de los Reyes - mikel ponce

    En la estrategia de apropiación de elementos culturales para construir la identidad catalana que llevan a cabo los soberanistas, la literatura juega un papel fundamental. Sin embargo, la historia de las letras valencianas disfruta de un estatus propio, dado que contó con un Siglo de Oro que, sin embargo, no se dio entre los autores catalanes.

    El Siglo de Oro valenciano, que aunque abarcó todas las artes, se refiere especialmente a las letras, abarcó prácticamente todo el siglo XV, cuando el Reino de Valencia ya se había consolidado como tal. La ciudad de Valencia se había convertido en el centro económico y cultural de la Corona de Aragón, en contraposición a un progresivo despoblamiento de Barcelona por los conflictos políticos en los condados catalanes.

    El primer libro impreso en valenciano (no en catalán) se realizó precisamente en la capital del Turia: «Obres o trobes en lahors de la Verge Maria», impreso en 1474. Desde ese momento, el Siglo de Oro valenciano daría un puñado de autores que hoy en día se estudian en todo el mundo: el poeta trovador Jordi de Sant Jordi, el poeta renacentista Ausiàs March, y sobre todo Joanot Martorell, autor de «Tirant lo Blanc», reconocida por Cervantes en su Quijote como «la mejor obra de caballerías de la historia».

    La gran mayoría de historiadores de las artes coinciden en que el valenciano fue la única lengua romance en tener un Siglo de Oro literario, y además, muy anterior al español. Nada se dice de un Siglo de Oro catalán.

  4. 4. El «mal de Almansa»

    Lienzo «La Batalla de Almansa», de Ricardo Balaca
    Lienzo «La Batalla de Almansa», de Ricardo Balaca - abc

    Si hay un símbolo que los catalanistas han explotado hasta la saciedad, es la archiconocida Batalla de Almansa. Una batalla que en 1707 puso fin a la guerra de sucesión con la victoria de los partidarios de Felipe V frente a los del Archiduque Carlos de Austria, quien al ocupar el trono de España suprimió los Fueros de la Corona de Aragón y el Reino de Valencia, vigentes hasta el momento desde el matrimonio entre Fernando e Isabel en el siglo XV.

    En el imaginario nacionalista, la de Almansa fue una batalla entre los «catalanes» (incluidos los valencianos, claro) y los «españoles», que ganaron los segundos para terminar con la identidad catalana que ahora espolea Artur Mas. Sin embargo, como defendió una y otra vez desde sus artículos en ABC el poeta y ensayista Obdulio Jovaní, la batalla para dirimir cuál de los dos aspirantes, extranjeros los dos, debía ocupar el trono español, podría considerarse una «guerra mundial» en la que se implicaron distintas naciones por su interés para la geopolítica europea, y en la que en realidad apenas participó activamente un grupo de valencianos de Cocentaina (Alicante). Que, para más inri, lo hicieron en el bando de Felipe V.

    Sin embargo, la Batalla de Almansa sigue inflamando el espíritu de los nacionalistas, especialmente en la Comunidad Valenciana. Y se repite una y otra vez que «Quan el mal ve d'Almansa, a tots alcança» («Cuando el mal viene de Almansa, a todos alcanza»).

  5. 5. El «País Valencià», un invento reciente

    Manifestación catalanista en Valencia, el pasado 9 de octubre (Día de la Comunidad Valenciana)
    Manifestación catalanista en Valencia, el pasado 9 de octubre (Día de la Comunidad Valenciana) - efe

    En la terminología nacionalista se suele utilizar el nombre de «País Valencià» para referirse a la Comunidad Valenciana, de forma que esta nomenclatura encaje a la perfección con la entelequia de los «países catalanes». Sin embargo, Valencia nunca se ha llamado «país» en toda su historia. Tanto durante su etapa como reino integrado en la Corona de Aragón, como luego bajo la dinastía bornónica, siempre mantuvo su denominación de Reino de Valencia, que en la transición se completó con el calificativo de «Antiguo».

    La denominación de «País Valenciano», acuñada durante la II República, fue usada en el tardofranquismo por el escritor nacionalista Joan Fuster, partidario de la identificación como «países catalanes» basándose en la lengua común. Durante la transición, la izquierda valenciana, incluso aquella no netamente catalanista (como el PSPV-PSOE) la agitó como símbolo. En 1982, el primer Estatuto de Autonomía de la región acuñó el actual término legal, «Comunidad Valenciana», como solución intermedia entre los partidarios del «País», a la izquierda, y los del «Antiguo Reino», a la derecha.

    Sin embargo, y más allá de discusiones políticas, el territorio que aproximadamente coincide en la actualidad con los límites de la Comunidad Valenciana se denominó «Reino de Valencia» durante varios siglos, mientras que nunca fue conocido como «país».