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Todos tenemos un armario de arriba. Ese donde acaban los cacharros que compramos con mucha ilusión y usamos dos veces: la yogurtera, la crepera, el aparato que picaba verdura y daba más trabajo fregarlo que cortar la cebolla a mano.
De SharkNinja tengo tres que no han pisado ese armario. Viven fuera, a mano, porque los uso a diario: dos en la cocina y uno que este verano se ha venido hasta en la maleta.
SharkNinja se ganó su sitio sin pedir permiso al armario
SharkNinja es la casa; Ninja se ocupa de la cocina y Shark de los cacharros portátiles y de limpieza. Suenan a marcas distintas, pero son la misma familia.
Lo que me ganó no es el diseño de la caja, que también entra por los ojos. Es que están pensados para usarse cada día y aguantar. Son productos de la propia marca, no una submarca de saldo, y se nota en que no se quedan a medias a los dos meses.
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Cocina, tapa y a la nevera
La Ninja CRISPi es una freidora de aire, sí, pero lo que me la hizo imprescindible es el detalle de los recipientes: son de cristal, con tapa, y pasan del aparato a la nevera sin cambiar de cacharro.
Cocinas la cena, le pones la tapa y lo que sobra se guarda ahí mismo para el tupper del día siguiente. Al día siguiente lo recalientas en el mismo recipiente. Un cacharro menos que fregar y, encima, va al lavavajillas.
Trae dos, uno para una ración rápida y otro para cocinar para toda la mesa, y sin PFAS. Freír con aire, asar, dorar o mantener caliente lo que ya está hecho: cuatro cosas con el mismo trasto compacto, que no te ocupa media encimera.
Ahora mismo está rebajada, que siempre ayuda. La pega honesta: no puedes ajustar la temperatura a tu gusto, va por programas. Si eres de los que trastean con los grados, lo vas a echar de menos.
Helado casero, y encima proteico
Con la Ninja CREAMi el postre te lo montas tú, y en verano eso vale oro. Metes fruta, yogur o lo que se te ocurra, y sale un helado cremoso, no un granizado triste de hielo picado.
Tiene un modo para helados proteicos con pocas calorías por ración, que es justo lo que apetece en julio: postre sin remordimiento y sin bajar a comprar nada.
Eso sí, hay que ser previsor. La mezcla se congela la noche de antes, así que funciona como el arroz en remojo: si se te olvida, no hay helado a las nueve. Y una vez servido se come pronto, no lo dejes esperando en el cuenco.
El fresco que cabe en la maleta
El Shark ChillPill es el que se vino de vacaciones. Es un ventilador de mano, pero trae una placa fría que te pones en el cuello y notas el alivio de golpe, hasta 9°C menos en la piel.
Además echa una niebla finísima que refresca sin dejarte empapado, y es tan pequeño que entra en el equipaje de mano sin discusión. Para el andén a mediodía o la terraza a la que le da el sol de lleno, es una tontería que se agradece un montón.
Los que de verdad uso cuando aprieta el calor
Al final la prueba es sencilla: cuáles sigo cogiendo en agosto. La freidora resuelve las cenas cuando llego tarde y no apetece encender el horno; la CREAMi es el postre de después; y el ventilador va conmigo a donde haga falta.
Si tuviera que empezar por uno, la freidora: es la que más veces cojo a la semana y la que menos me hace fregar. Los otros dos son el verano bien llevado.
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Alejandra Santisteban Guiu
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