Pitar al himno: de la «barra libre» en España a la cárcel en otros países
Estalla el Camp Nou el pasado 30 de mayo - viñeta de nieto el 29 de mayo de 2015

Pitar al himno: de la «barra libre» en España a la cárcel en otros países

EE.UU. tiene un código de conducta que todos siguen cuando suena la tonada. China veta su melodía nacional en eventos lúdicos y sociales. Estos son los diversos castigos que se imponen a los ultrajes a este símbolo patrio

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EE.UU. tiene un código de conducta que todos siguen cuando suena la tonada. China veta su melodía nacional en eventos lúdicos y sociales. Estos son los diversos castigos que se imponen a los ultrajes a este símbolo patrio

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  1. España: amenaza de sanción y ánimo de endurecer la ley

    Estalla el Camp Nou el pasado 30 de mayo
    Estalla el Camp Nou el pasado 30 de mayo - viñeta de nieto el 29 de mayo de 2015

    Impertérrito Felipe VI. Con media sonrisa Artur Mas. Con semblante inexpresivo Iñigo Urkullu. La estampa ya es bien conocida por todos. Se produce un sábado por la noche, el pasado 30 de mayo en concreto, en medio de un escaparate que debía ser netamente deportivo: la final de la Copa del Rey que enfrenta, en términos futbolísticos, al Athletic de Bilbao y al Fútbol Club Barcelona. En la pitada al himno de España y la institución que representa el Rey, se unen aficionados de ambas hinchadas en el estruendoso reproche en el Camp Nou fabricado a base de falta de respeto y silbatos. El Gobierno, ya en el descanso del partido, anuncia que puede haber sanción. Reunida la Comisión pertinente contra la Violencia en el Deporte, se anuncia tal opción. Hasta el momento, la ley en España ha asistido incólume y consentido este tipo de demostraciones que algunos circunscriben a un mero acto de libertad de expresión y otros conciben como un comportamiento sonoramente maleducado. ¿Cómo se castiga en nuestro país una reprobación, pito en mano, contra los símbolos de la Nación?

    La Ley 39/1981, de 28 de octubre y publicada en el BOE número 271 de ese año, desarrolló el castigo contra el ultraje a la bandera nacional y otros símbolos, así como instituciones que representan a España. Por su parte, los Estatutos de Autonomía de todas las Comunidades y Ciudades Autónomas han consignado en sus respectivos títulos preliminares la regulación de sus símbolos propios. La bandera aparece definida en todos ellos y el escudo, el himno o la fiesta propias, en ocasiones aparecen mencionados expresamente y en otras se remiten a una ley del parlamento autónomo. En tercer lugar, la protección de los símbolos del Estado se lleva a cabo según lo dispuesto en el artículo 543 de la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal. Esto es lo que dice sobre los ataques a los símbolos patrios en dicho apartado: «Las ofensas o ultrajes de palabra, por escrito o de hecho a España, a sus Comunidades Autónomas o a sus símbolos o emblemas, efectuados con publicidad, se castigarán con la pena de multa de siete a doce meses» de prisión.

    Además, la reciente Ley de Seguridad Ciudadana del Ejecutivo vertebró ese articulado en un nuevo régimen sancionador y especificó que las infracciones graves de ofensa y ultrajes a España, sus símbolos e instituciones recibirán una sanción administrativa con multas de hasta 30.000 euros.

    La pitada contra el himno de Españano debería salir impune si nos atenemos a este desarrollo legislativo. De momento, la Comisión Antiviolencia recabó información de los clubes concernientes y no hay, siquiera, una propuesta de sanción.

    La conocida como Marcha Granadera o Marcha Real de España es una melodía que ha servido de himno nacional ininterrumpidamente desde el s. XVIII; con la excepción del periodo histórico de la II República (1931-1936) y es uno de los himnos nacionales más antiguos de Europa, como se recuerda desde el Gobierno central, además de los pocos que carece de letra oficial. Cierto es que durante el paréntesis republicano el oficial fue el himno de Riego y que Francisco Franco restableció su oficialidad durante la Guerra Civil en un Decreto que lleva por fecha el 27 de febrero de 1937, pero la identificación de la Corona Borbónica con la melodía armonizada por Bartolomé Pérez Casas y revisada por Francisco Grau, quien cedió gratuitamente sus derechos en la década de los noventa, parece como mínimo «manipulada» y tamizada por el cedazo nacionalista.

    En el caso que nos ocupa, en feudo azulgrana, la letra pequeña que recuerdan desde la Liga de Fútbol Profesional y el Consejo Superior de Deportes reza: «Es responsabilidad del promotor de la competición deportiva garantizar que los espectáculos que organice no sean utilizados para difundir o transmitir mensajes o simbología que pese a ser ajenas al deporte, puedan incidir, negativamente, en el dsearrollo de las competiciones».

    Si es España un país condescendiente con este tipo de amonestaciones cívicas al himno es un debate recurrente que ha surgido cada vez que el silbato se ha elevado en un estadio: ocurrió en 2012 en el Vicente Calderón en la misma competición que en 2015; y en Mestalla tres años antes, en 2009. El baloncesto y su final de la Copa del Rey también ha dado cobertura este año en Gran Canaria a los aires de los que chiflaban. Si la actual regulación es laxa o no, se comprueba en la comparativa del castigo que se recibe en otros países. Nos ayudan los corresponsales de ABC Pablo M. Díez, en China; Luis Ventoso, en Reino Unido; Ludmila Vinogradoff, en Venezuela; Rafael M. Mañueco, en Rusia; Andreu Jerez, en Alemania; Juan Pedro Quiñonero, en Francia; Carmen de Carlos, en Argentina; Javier Ansorena, en Estados Unidos; Ángel Gómez Fuentes, en Italia; Francisco Chacón, en la vecina Portugal;y Eduardo S. Molano, en Ghana.

  2. China: normas muy estrictas sobre el respeto al himno

    Sesión plenaria de la Asamblea Nacional Popular (ANP), en Pekín. El régimen ha vetado el himno de bodas, funerales y todo tipo de eventos lúdicos
    Sesión plenaria de la Asamblea Nacional Popular (ANP), en Pekín. El régimen ha vetado el himno de bodas, funerales y todo tipo de eventos lúdicos - EFE

    Pablo M. Díez, corresponsal en Pekín, informa de que en este país dirigido por el autoritario régimen del Partido Comunista son impensables las ofensas a los símbolos nacionales, como el himno o la bandera. Sacralizados por la propaganda, ambos constituyen los pilares básicos del ideario nacionalista propugnado por el régimen, que cada mañana obliga a izar la bandera en las escuelas acompañada del himno.

    Debido a la falta de independencia de la justicia, sometida a los intereses del régimen, no hacen falta leyes que castiguen expresamente las ofensas a los símbolos nacionales. Tan solo basta con aplicar las penas previstas para dos delitos tan arbitrarios como «alterar el orden público» o «buscar problemas», que contemplan hasta diez años de cárcel y están comúnmente extendidos entre los disidentes y los miembros de etnias tan levantiscas como la tibetana y la uigur, donde buena parte de su población aspira a la independencia.

    El himno está prohibido en actos que no sean reuniones políticas o deportivas

    En cambio, lo que sí existe son unas estrictas normas de respecto al himno nacional, que desde 1949, cuando se fundó la República Popular China, es la «Marcha de los Voluntarios», con letra del poeta Tian Han y música de Nie Er. Desde el pasado mes de diciembre, el régimen de Pekín ha prohibido el himno en actos que no sean reuniones políticas, diplomáticas o deportivas, vetándolo en bodas, funerales y otro tipo de eventos sociales y comerciales de entretenimiento.

    Además, según informó la agencia estatal de noticias Xinhua, «hay que vestir de forma apropiada mientras suena el himno y permanecer de pie y pleno de energía». Con el fin de estandarizar su interpretación, debe ser cantado entero a pleno pulmón y enunciar cada una de sus palabras siguiendo el ritmo, sin dejarlo a la mitad ni improvisar la letra. De igual modo, está prohibido susurrar, aplaudir o hablar por teléfono mientras suene. Para cumplir dichas normas, quienes las violen serán «criticados y corregidos», pero las autoridades no han especificado cómo.

  3. Galeses y escoceses abuchean el «God save the Queen»

    La antorcha olímpica, en el centro de Londres, en el teatro Shakespeare's Globe de la capital de Reino Unido
    La antorcha olímpica, en el centro de Londres, en el teatro Shakespeare's Globe de la capital de Reino Unido - efe / tal cohen

    País raro para todo, el himno del Reino Unido es «God save the Queen», obra anónima registrada por primera vez en Londres en 1745. Pero no está reconocido legalmente como tal, es solo una tradición asentada. En los partidos de fútbol, el «Dios Salve a la Reina» es abucheado por hinchas galeses y escoceses cuando sus selecciones se enfrentan a la de Inglaterra. Pero los pitos no suscitan gran polémica, porque se da la anomalía de que mientras Escocia y Gales tienen sus propios himnos que acompañan a sus selecciones deportivas, Inglaterra carece de uno específico y utiliza el «God Save de Queen», que es también el del conjunto de la Unión, informa Luis Ventoso, corresponsal en Londres.

    El «Dios salve a la Reina» tiene detractores, que aseguran que es una tonada a mayor gloria de la monarquía, que sin embargo apenas habla del país. También contenía una estrofa muy polémica (la Reina «aplastará a los rebeldes escoceses»), que con el paso del tiempo se ha ido guardando prudentemente en el cajón. En 2007, el ex fiscal general Lord Goldsmith lanzó un globo sonda para cambiar el «God save the Queen». Pero recibió un «no» tajante del escocés Gordon Brown, por entonces primer ministro, quien le recordó «que estamos orgullosos de ese himno y de la tradición que representa».

    Cuando compite en críquet, Inglaterra utiliza como himno el «Jerusalén», del poeta William Blake, al que puso música Hubert Parry en 1916. Es la solución que propone también David Cameron como himno para todas las selecciones deportivas inglesas. A día de hoy, algunas de ellas compiten también con el «Rule Britannia», o con «Land of hope and glory».

    La selección de Escocia utilizaba hasta los años 90 «Stcotland the brave». Pero ahora se suele emplear «Flowers of Scotland», que compuso el músico folk Roy Williason en el reciente 1967. Y es que la tradición también se fabrica.

    Gales cuenta con el himno de más solera, «Tierra de mis padres». Cuando Reino Unido compite como un todo, caso de los Juegos Olímpicos, se utiliza sin mayores problemas «God save the Queen», que hasta bien entrado el siglo XX se interpretaba en todos los cines del teatros del país al final de la función y era obligado escuchar de pie (aunque la mayoría de la gente se iba en los créditos de la película para ahorrarse el trámite).

  4. En Venezuela, 0,20 euros por cada ofensa al himno nacional

    Los venezolanos se despiertan y acuestan con los acordes del himno patrio. Maduro lo pone en su programa -«Contacto con Maduro»-, en cada edición, como la del pasado 3 de junio, en imagen
    Los venezolanos se despiertan y acuestan con los acordes del himno patrio. Maduro lo pone en su programa -«Contacto con Maduro»-, en cada edición, como la del pasado 3 de junio, en imagen - REUTERS

    Ludmila Vinogradoff es corresponsal en Caracas y relata cómo la ley venezolana sobre los símbolos patrios como la bandera, el escudo y el himno nacional castiga con una multa que va de cien a mil bolívares (0,20 euros) a quien ofenda o irrespete el símbolo y también contempla un arresto que impondrá la autoridad civil a los infractores. Pese a que el castigo es muy laxo eirrisorio, a muy poca gente se le ocurre en este país ofender el himno nacional con una pitada o quemar la bandera.

    Así lo establece su artículo 16: El que de alguna manera ultraje o menosprecie la Bandera, el Escudo y el Himno de la República ser castigado de conformidad con la Ley. En ningún caso se permitirá a los partidos ni organizaciones políticas el uso de los símbolos de la Patria en concentraciones públicas y en propaganda proselitista».

    En Venezuela no ha habido un solo caso penado de pitada al himno

    También se plasma en el artículo 17 lo siguiente: «El uso indebido de la bandera, del escudo o del himno nacionales ser penado con multa de cien a mil bolívares o arresto proporcional que impondrá la primera Autoridad Civil de la respectiva jurisdicción».

    No ha habido un caso en que se presente una pitada al himno en actos públicos. Los venezolanos se acuestan y se despiertan con el himno nacional. En las estaciones de radio el himno venezolano se toca a las 6 de la mañana y al cierre a la medianoche. Los niños se arrullan en los brazos de su madre con el «gloria al bravo pueblo», la misma tonada del himno nacional.

  5. Impensable que en Rusia alguien pueda pitar el himno

    Boris Yeltsin y Vladímir Putin, juntos en una foto del 7 de mayo de 2000
    Boris Yeltsin y Vladímir Putin, juntos en una foto del 7 de mayo de 2000 - reuters

    Rafael M. Mañueco, corresponsal en Moscú, informa de que a diferencia de lo que sucede con la bandera y el escudo, ultrajar el himno nacional no conlleva en Rusia pena de cárcel. Pero sí multas de hasta 200.000 rublos (cerca de 3.500 euros). El artículo 329 del Código Penal ruso establece castigos de entre tres meses y un año para quienes mancillen la bandera y el escudo. El himno no está incluido en el citado artículo, pero existe un proyecto de ley que pretende endurecer la legislación para impedir que en Rusia puedan llegar a darse casos como el sucedido en Barcelona en la final de la Copa del Rey.

    En cualquier caso, en la Rusia actual resulta impensable que nadie se atreva a pitar el himno durante un evento público. Algunos sucesos de ultraje a la bandera rusa se han dado en los últimos años, sobre todo por parte de extremistas o personas en estado de embriaguez. Contra el himno, sin embargo, no hay registrado ni un solo caso de ofensas dentro del país.

    El Parlamento ruso recuperó el himno soviético en diciembre del año 2000

    A petición del presidente Vladímir Putin, el Parlamento ruso restableció el himno soviético en diciembre de 2000. Putin explicó entonces a los diputados que la mayoría del país prefieren el himno instaurado por Stalin en 1944 y compuesto por Alexánder Alexándrov. Hasta ese momento y durante toda un década estuvo vigente el himno que impuso el presidente Borís Yeltsin en 1991, el llamado «Canto Patriótico» del compositor Mijaíl Glinka, en sustitución del estalinista.

    Pero Putin estimó que «renunciar al himno soviético fue tanto como admitir que nuestros padres vivieron inútilmente». «No hay que quemar puentes ni dividir a la sociedad (...) de la época soviética hay algo más que recordar que no sea sólo represión», añadió en su defensa de la necesidad de volver al himno de Stalin.

    Sin embargo, los diputados reformistas, que irían desapareciendo en los años siguientes de las dos Cámaras, protestaron. Grigori Yavlinski, el líder de la formación liberal Yábloko, afirmó entones que el restablecimiento del himno soviético «ha quitado las máscaras y mostrado hacia dónde se dirige el país». Yeltsin, que todavía estaba vivo, criticó la medida y señaló que «el himno soviético evoca una época caduca».

  6. Una estrofa protegida por el Código Penal alemán

    La canciller germana, Angela Merkel, canta el himno nacional durante la convención de la Unión Cristianodemócrata Alemana (CDU), en marzo de 2010
    La canciller germana, Angela Merkel, canta el himno nacional durante la convención de la Unión Cristianodemócrata Alemana (CDU), en marzo de 2010 - efe

    Desde Alemania y dada su historia moderna, que viene marcada por el ultranacionalismo belicista de régimen nazi erigido por Adolf Hitler, el corresponsal de ABC en Berlín Andreu Jerez cuenta cómo la relación de los alemanes con sus actuales símbolos nacionales no deja de tener un punto tormentoso. Esa vinculación de los germanos con sus actuales símbolos nacionales provocó que hasta hace relativamente poco (el Mundial de fútbol celebrado en Alemania en 2006) fuera poco habitual ver banderas alemanas colgadas en balcones o coches como expresión de orgullo patriótico durante, por ejemplo, celebraciones deportivas.

    El actual himno oficial de Alemania es «Lied der Deutschen» («La canción de los alemanes»), una melodía cuyo origen data de la época imperial del káiser Francisco II. Fue establecida como himno oficial por la República de Weimar en 1922. Con la llegada de Hitler al poder en 1933, los nacionalsocialistas instrumentalizaron la primera estrofa del himno, con referencias directas a los dominios geográficos imperiales, para justificar su expansionismo militarista en Europa. Por esa misma razón, actualmente sólo la tercera estrofa de la canción original forma parte del himno oficial y sólo esa tercera estrofa está protegida por el Código Penal.

    Cárcel y también sanción pecuniaria

    Más allá de la tormentosa relación de los alemanes con el simbolismo patrio, el artículo 90 del Código Penal alemán establece castigos de cárcel de hasta tres añosy también multas económicas (de monto no explícito) para aquellas personas que difamen o «desprecien malintencionadamente» en el espacio público o por escrito los símbolos nacionales (banderas, escudos e himnos) tanto del Estado alemán como de sus Estados federados. Las penas de cárcel pueden llegar hasta los cinco años si el ataque se produce contra banderas o símbolos nacionales expuestos en edificios o instalaciones públicas. El régimen penal germano no establece explícitamente si los pitidos contra el himno suponen una difamación del simbolismo patrio.

  7. Unánime el arco político francés: no cabe atacar al himno

    El equipo de fútbol galo de 2005 interpreta el himno con la mano en su pecho
    El equipo de fútbol galo de 2005 interpreta el himno con la mano en su pecho - afp

    Juan Pedro Quiñonero informa desde Francia de que en este país la cultura general, la cultura cívica, la cultura política y la cultura jurídica consideran sencillamente impensable y punible, judicialmente, cualquier insulto grave, cualquier injuria, cualquier ultraje de cualquier naturaleza contra los símbolos y figuras del Estado y quienes los encarnan, de manera permanente y/o transitoria. Se trata de una cultural nacional en la que coinciden todas las familias políticas y sindicales, de la extrema izquierda a la extrema derecha.

    Insultar al jefe del Estado -elegido cada cinco años a través del sufragio universal- es un comportamiento incívico para la inmensa mayoría de los ciudadanos franceses, de la más diversa sensibilidad. El insulto programado y orquestado colectivamente en público sencillamente impensable.

    Pitar, insultar o decir groserías contra la bandera o el himno nacional son igualmente impensables. Si algunas bandas de franceses mal integrados en el Estado -hijos o nietos de inmigrantes, en su inmensa mayoría- se dejan llevar por tales descarríos, muy excepcionalmente, ese comportamiento es percibido como una amenaza, punible judicialmente.

    En Francia, las injurias y/o ultraje a los símbolos del Estado, comenzando por la bandera y/o el himno de la nación, puede castigarse con penas que pueden ir de 7.500 a 45.000 euros. Se trata de penas disuasivas.

    Cinco años de moda hasta su parálisis

    A raíz de incidentes sucedidos en varios campos de fútbol, a finales del siglo XX, los legisladores franceses decidieron castigar las ofensas, injurias y ultraje al jefe del Estado y a los símbolos de la nación, el Estado. Se trató, en su día, de atacar en su raíz un problema de cierto calado: la mala integración de muchos hijos o nietos de inmigrantes, diseminados en unos 780 suburbios problemáticos, en toda Francia.

    Desde el 2003, pintar y/o injurias la bandera y el himno nacional, en un campo de fútbol, por ejemplo, puede castigarse con 7.500 euros de multa y hasta seis meses de cárcel. En el mismo marco jurídico, injuriar al jefe del Estado puede castigarse con hasta 45.000 euros de multa.

    Esa legislación «disuasiva» fue, en su día, la primera respuesta judicial contra una «ola» de incidentes sucedidos, entre el 2000 y el 2003, cuando jóvenes franceses de origen magrebí lanzaron la «moda» de pitar el himno nacional en repetidas ocasiones en distintos campos de fútbol. Esa legislación sigue en vigor, claro está. Y funciona con eficacia disuasiva. La legislación y las medidas policiales de los gestores de los grandes campos de fútbol permitió acabar con una «tendencia» que duró un quinquenio corto.

  8. El orgullo argentino por la identidad se vincula al himno

    En el vídeo, silbidos al himno argentino en la final de Italia'90. Foto de Maradona en el Mundial de 1982 - vídeo: Youtube

    Viajamos a Buenos Aires. Carmen de Carlos, corresponsal de ABC, informa de que en los colegios públicos y privados –salvo excepción- en Argentina se acostumbra a cantar el himno nacional. Lo hacen a diario o en las fechas patrias. Descubrir un argentino, de cualquier edad, que no se conozca al dedillo su himno es tan difícil como tropezarse con uno que aborrezca el dulce de leche y la carne. El ser argentino se considera algo más que una nacionalidad. El orgullo por la identidad propia está identificado con la Marcha Patriótica como se bautizó a principios del siglo XIX el «Himno Nacional Argentino» compuesto por Blas Parera en 1813, un año más tarde de que Vicente López y Planes escribiera su letra.

    Conocido popularmente por su primera estrofa, «Oíd, mortales, el grito sagrado» a ningún ciudadano se le pasaría por la cabeza abuchearlo, silbarlo o tratar de opacarlo a golpe de silbato. El momento en que suena y se canta es, para los argentinos, una experiencia cercana a lo sagrado y el pecado de la ofensa -no hay precedente entre ellos- puede salir muy caro. El artículo número 222 de los Delitos contra la Seguridad de la Nación advierte: «Será reprimido con prisión de uno a cuatro años el que públicamente ultrajare la bandera, el escudo o el himno de la Nación o los emblemas de una provincia argentina».

    En la final del Mundial de Italia 90, entre Argentina y Alemania, hicieron historia las imágenes de la selección y la de Maradona en particular, cuando el público comenzó a silbar su himno. “El Pelusa”, a gritos, se acordó de la madre de los que protagonizaban el boicot.

  9. Es inconceible en EE.UU. que haya (y se sancionen) pitidos

    Año 2007: en una reunión de altos mandos estadounidenses y españoles, los norteamericanos se ponen la mano en el pecho cuando suena su himno. Antonio Camacho, entonces secretario de Estado de Seguridad, y el ministro del ramo Alfredo Pérez Rubalcaba, no repiten el gesto cuando suena el nacional
    Año 2007: en una reunión de altos mandos estadounidenses y españoles, los norteamericanos se ponen la mano en el pecho cuando suena su himno. Antonio Camacho, entonces secretario de Estado de Seguridad, y el ministro del ramo Alfredo Pérez Rubalcaba, no repiten el gesto cuando suena el nacional - efe

    Javier Ansorena, corresponsal de ABC en Nueva York, revela que la Superbowl, la gran final de la liga de fútbol americano, es el evento televisivo más importante del año en EE.U. La última edición, celebrada el pasado 1 de febrero, batió el récord de audiencia con 11,4 millones de espectadores. Con todo un país pendiente de la pequeña pantalla, se escucharon silbidos y abucheos durante la interpretación del himno nacional, que corrió a cargo de Idina Menzel. No se trataba de una afrenta a este símbolo nacional, sino que iban dirigidos a Bill Belichick, el entrenador de los New England Patriots, centro de las iras de los aficionados del otro equpo finalista, los Seattle Seahawks.

    No es la primera vez que ocurre algo así. También los fanáticos de los 49ers de San Francisco abuchearon en la Superbowl de 2012 a los jugadores de los New York Giants mientras Steve Tyler, el longevo líder de Aerosmith, cantaba «The Star-Spangled Banner».

    Estos hechos han causado indignación y rechazo en EE.UU., pero poco más que eso. La cobertura legal que tiene la libertad de expresión -recogida en la primera enmienda a la Constitución del país- hace imposible cualquier sanción. Ni siquiera aunque se tratara de una afrenta similar a la producida en la final de la Copa del Rey en España entre el Athletic de Bilbao y el FC Barcelona, algo impensable en este país, se consideraría persiguir penalmente a los infractores.

    Estados Unidos adora y respeta sus símbolos. El himno suena en cada evento

    EE.UU. es un país que adora y respeta sus símbolos. La bandera está omnipresente en edificios públicos y privados. En muchos colegios los niños todavía declaran cada mañana su lealtad a las barras y las estrellas. El himno se escucha en cada encuentro deportivo, no solo en las grandes finales. Hay un código de conducta sobre cómo desplegar e izar la bandera y qué hacer cuando suena el himno -levantarse, quitarse el sombrero, llevar la mano derecha al corazón, mirar a la bandera-.

    A pesar de todo ello, todavía se valora y protege más la libertad que estos símbolos. Desde los años 60, ha habido diversos intentos del Congreso de legislar contra ofensas graves de los símbolos nacionales, como la quema de banderas. El Tribunal Supremo, máximo órgano judicial e intérprete definitivo de la constitución, los ha tumbado en todas las ocasiones.

  10. En Italia, multas de entre 1.000 y 10.000 euros

    Los jugadores del equipo italiano de la Juventus, en el aeropuerto antes de medirse al Barcelona en la final de la Champions League
    Los jugadores del equipo italiano de la Juventus, en el aeropuerto antes de medirse al Barcelona en la final de la Champions League - EFE

    El Código Penal italiano prevé, en su artículo 292, condenas para quien vilipendie, es decir, quien desprecie o denigre y muestre falta de estima, a la bandera o cualquier otro símbolo emblemático del Estado, como puede ser el himno nacional. El citado artículo establece multas de 1.000 a 5.000 euros. La pena aumenta desde 5.000 euros a 10.000, en el caso de que el vilipendio se cometa en ocasión de un acto público o ceremonia oficial, informa desde Roma Ángel Gómez Fuentes.

    En realidad son raros en Italia estos delitos contra el himno o la bandera, aunque a veces sí es más usual que se realicen en las redes sociales. Pero, por el momento, las leyes italianas, salvo algunos casos muy excepcionales y graves, no se hacen respetar cuando están por medio las redes sociales.

    Los casos más conocidos en Italia de ultraje a la bandera y al himno nacional los ha protagonizado el fundador de la Liga Norte, Umberto Bossi, que fue ministro en el gobierno de Silvio Berlusconi. Bossi llegó a decir que «la bandera la uso para limpiarme el c…», mientras en alguna ocasión realizó el gesto de levantar el dedo medio de forma muy ostensible, para hacerse notar desde un palco, mientras sonaba el himno nacional, conocido también como «Fratelli d’ Italia» o himno de Mamelli, porque fue escrito por Gofredo Mamelli. En el caso del vilipendio a la bandera, Bossi fue condenado a pagar 3.000 euros de multa. En el segundo caso, Bossi se defendió diciendo que había jurado el cargo de ministro sobre la Constitución y no sobre el himno.

    En realidad, no se han aplicado multas por vilipendio al himno. En general, cuando se ha pitado al himno nacional se ha hecho sobre todo como una forma de protesta contra la clase política. El caso más llamativo ocurrió el pasado año: La ejecución del himno nacional en la final de copa entre Fiorentina y Nápoles, en el estadio Olímpico de Roma, se vio acompañada todo el tiempo de una sonora pitada de las curvas que ocupaban los seguidores de ambos equipos. Mientras el primer ministro, Matteo Renzi, seguidor del Fiorentina, se limitó a cantar el himno, otras autoridades y espectadores mostraron gestos de evidente disgusto y desaprobación. En los medios de comunicación se calificó el gesto de los «tifosi» como vergonzoso y algunos pidieron que se impusieran penas ejemplares, con cierre de los estadios del Nápoles y Fiorentina durante algunos partidos. Nada se hizo y poco después todo quedó en el olvido. No existe en Italia un profundo sentido nacionalista. Pero, gracias a las campañas realizadas por las instituciones, en los últimos años ha crecido el respeto al himno y a la bandera.

  11. Hasta dos años de cárcel en Portugal por ofensas al himno

    Los jugadores de la selección portuguesa, como Cristiano Ronaldo, Fabio Coentrao, Tiago y Danny, entre otros, urante un entrenamiento
    Los jugadores de la selección portuguesa, como Cristiano Ronaldo, Fabio Coentrao, Tiago y Danny, entre otros, urante un entrenamiento - efe

    Desde Lisboa, Francisco Chacón informa de que los símbolos nacionales son bienes jurídicos de «tutela pública» en este país. El artículo 332 del Código Penal que rige en la actualidad prevé penas de hasta dos años de cárcel o multas que computen un valor de hasta 240 días para quien divulgue con palabras, gestos o por escrito ofensas al himno nacional o a la bandera.

    La ausencia de brotes nacionalistas en el país vecino elimina los intentos de hipotéticas protestas públicas contra la exteriorización musical que proclama la grandeza de la nación.

    «A Portuguesa», con música compuesta por Alfredo Keil y letra de Henrique Lopes de Mendonça, está vigente desde 1911, aunque ya antes había una marcha patriótica en vigor. De hecho, está documentado que, en una corrida celebrada en la Plaza de Toros de Sintra (cerca de Lisboa) en abril de 1890, la gente pidió que sonara en presencia del Rey Don Carlos. Todo el mundo escuchaba atento, de pie y sin sombreros en la cabeza. Imitaban así al estamento militar, pues los oficiales estaban obligados a descubrirse hasta el final de la interpretación.

    En la mañana del 5 de octubre de 1910, las fuerzas republicanas desfilaban por la céntrica Avenida da Liberdade al incesante son de «A Portuguesa». Y en la primera sesión de la Asamblea Nacional constituyente, el 19 de junio de 1911, la marcha se convirtió definitivamente en el himno nacional. Pero la aprobación de la versión oficial que se conoce hoy no se produjo hasta 1957. Una resolución del Consejo de Ministros publicada en el Diario del Gobierno el 4 de septiembre de ese año determinó la cuestión. Así, se concibió para una gran orquesta sinfónica, con Frederico de Freitas como autor, y a partir de ahí una adaptación para banda marcial, supervisada por el mayor Lourenço Alves Ribeiro.

    Los motivos de orgullo nacional luso convierten en rareras las pitadas

    El himno luso pretende ser «un canto que resuma la esencia de la patria herida, con su aspiración de libertad, y que pueda ser aprendido fácilmente por el pueblo con un matiz de reivindicación nacional», según dejó escrito el propio Lopes de Mendonça.

    Los motivos de orgullo nacional, como la consideración de Oporto como «ciudad invicta» (pues las tropas de Napoleón se mostraron incapaces de conquistarla, en vista de la fuerte resistencia que encontraron en el enclave del norte de Portugal), convierten en auténticas rarezas las pitadas que, desafortunadamente, se han registrado por parte de aficionados de Cataluña y País Vasco.

  12. África: interpretaciones diversas sobre el marco legal

    Jugadores de la selección ghanesa escuchan su himno antes del comienzo del partido que le enfrentó a Panamá en el Mundial Sub-20 celebrado en Auckland (Nueva Zelanda), este mes de junio
    Jugadores de la selección ghanesa escuchan su himno antes del comienzo del partido que le enfrentó a Panamá en el Mundial Sub-20 celebrado en Auckland (Nueva Zelanda), este mes de junio - efe

    54 países diferentes y 54 interpretaciones diversas sobre el marco legal de los himnos en el continente africano. Por ejemplo, la Constitución de Ghana apela «a salvaguardar al pueblo de Ghana contra la enseñanza o propagación de una doctrina que exhibe o aliente falta de respeto a la nación de Ghana, los símbolos y emblemas, o incite al odio contra otros miembros de la comunidad», informa Eduardo S. Molano, correponsal en Accra.

    Más claros, eso sí, parecen los deberes del ciudadano en la Carta Magna. En ellos, se encuentra «el promover el prestigio y el buen nombre de Ghana, (así como la) introducción consciente de las dimensiones culturales a los aspectos relevantes del respeto a los símbolos de la nación».

    Por su parte, en Kenia, el Código Penal dispone que «cualquier persona que muestre una falta de respeto, en el habla o por escrito, en relación con el himno nacional (...) será culpable de un delito que acarrea una multa que no exceda los cinco mil chelines (unos 50 euros) o reclusión por un término no mayor de seis meses (en este país resulta común, incluso, la aparición del himno en la previa de acontecimientos públicos como el visionado de una película en el cine)».

    Sin embargo, no todos los textos son tan específicos. Mientras que en Nigeria la Constitución establece que es el deber de todo ciudadano respetar los ideales y sus instituciones, la bandera nacional, el himno nacional (sin especificar sanción por lo contrario); en otros países como Sudán del Sur (independiente desde 2011 y Estado más joven de la tierra), los símbolos nacionales solo aparecen levemente nombrados en su marco legal. ¿La posible sanción ante su descrédito? Queda a interpretación de un juez.

  13. Prisión de hasta un año y multa en Grecia

    Tsipras, en el Parlameno griego
    Tsipras, en el Parlameno griego - efe

    Begoña Castiella, corresponsal en Atenas, informa de que en Grecia el himno nacional es utilizado en actos oficiales y formales y hasta ahora nunca se han registrado incidentes con pitadas. Pero dentro del Código Penal y en el apartado que versa sobre «delitos violentos en eventos deportivos» se castiga con prisión de hasta un año y una multa a los individuos o grupos que insultan la identidad nacional de otros equipos, al himno, a los símbolos olímpicos y, en general, a cualquier persona que utilice expresiones racistas.

    Se castiga con dos años de prisión y multas a quienes efectuan actividades vandálicas durante eventos deportivos, desde entrar en el campo sin permiso hasta tirar bengalas y objetos a los jugadores, etcétera.