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Gestionar la incertidumbre en el sector agroalimentario: cómo liderar cuando las reglas cambian cada día

En el sector agroalimentario, las decisiones suelen tomarse en escenarios volátiles. Los responsables de las empresas deben anticipar riesgos y mantener el equilibrio entre las necesidades inmediatas y los objetivos de largo plazo. En ese contexto, el liderazgo, la experiencia, la tecnología y la planificación se convierten en palancas clave para asegurar la continuidad y solidez del negocio.

Imagen cedida por Digitanimal

Laura Fortuño

Una sequía inesperada, una subida del precio de las materias primas o una tensión geopolítica pueden alterar los mercados internacionales. En el sector agroalimentario, la incertidumbre forma parte del día a día. Ganaderos, agricultores y empresas del sector deben tomar decisiones de forma constante en un entorno donde muchas variables escapan a su control.

La capacidad de anticiparse, planificar y adaptarse se ha convertido en una de las principales ventajas competitivas. Pocas organizaciones conocen mejor esta realidad que Campoastur. La cooperativa agroalimentaria asturiana agrupa a más de 7.500 socios y socias, principalmente ganaderos y agricultores, y trabaja cada día para acompañarlos en un contexto cada vez más volátil e incierto.

«La incertidumbre forma parte del sector agroalimentario, pero en los últimos años se ha intensificado de forma evidente. Hemos vivido cambios normativos, tensiones en los mercados de materias primas, subidas de costes, dificultades climáticas y una presión creciente sobre la rentabilidad de las explotaciones», señala Jesús López, director general de Campoastur. Y añade: «En ese contexto, el papel de una cooperativa como Campoastur es aportar estabilidad, confianza y capacidad de respuesta. Lo hacemos estando cerca del socio, escuchando sus necesidades y adaptando nuestros servicios a realidades muy diferentes. No todas las explotaciones son iguales, ni tienen los mismos problemas, ni requieren las mismas soluciones». 

Para la cooperativa, gestionar la incertidumbre no consiste en eliminar los riesgos, sino en prepararse para ellos. También exige tomar decisiones estratégicas en un entorno donde la información nunca es completa y donde el corto plazo no puede hacer perder de vista el futuro: «El entorno cambia constantemente, pero eso no significa que las decisiones deban tomarse de forma improvisada. Al contrario, exige más análisis, más planificación y más prudencia», sostiene Jesús.

Sede central de Campoastur en Valdés, Asturias.

Esa visión resulta especialmente importante en una organización formada por miles de socios con realidades muy diferentes. Por eso, la toma de decisiones debe combinar cercanía, conocimiento del territorio y una estrategia capaz de mirar más allá de las urgencias del día a día. «Intentamos actuar con una idea muy clara: responder al corto plazo sin comprometer el largo plazo. Hay que solucionar problemas inmediatos, pero también construir una cooperativa más sólida, más eficiente y preparada para el futuro», concluye.

Las personas como factor decisivo para que todo funcione

Sin embargo, Jesús sabe de primera mano que la gestión no consiste únicamente en analizar mercados o prever escenarios. Hay otra variable que nunca puede quedar fuera de la ecuación: las personas. Así lo expresa el director general de Campoastur: «Para mí, otra cuestión esencial es tener siempre a las personas en el centro. Una cooperativa no es solo una estructura empresarial; es una organización formada por socios, trabajadores, familias y territorio. Por eso las decisiones deben tomarse con rigor, transparencia y prudencia, pensando en el interés colectivo y en la continuidad del proyecto».

Una idea que comparte con Grupo Hermi, especializado en la producción y comercialización de carne de conejo, y que lleva años apostando por la innovación y la mejora continua para reducir incertidumbres y mejorar la toma de decisiones. Para Santiago Miguel Casado, consejero delegado de la compañía, la tecnología es una aliada imprescindible en este proceso: «Lo que no se mide no se controla y lo que no se controla no se puede gestionar».

La empresa monitoriza de forma constante indicadores productivos, ambientales y de bienestar animal que permiten actuar con mayor rapidez y precisión. La tecnología también ayuda a minimizar el impacto de factores externos difíciles de prever, como la climatología. Para ello, las granjas cuentan con sistemas automatizados capaces de mantener condiciones estables durante todo el año: «Para combatir los cambios climáticos, nuestras granjas están dotadas de los medios más modernos que permiten que esas variaciones afecten lo menos posible a nuestros animales. Las granjas están prácticamente domotizadas, de forma que, si la temperatura baja, entra en funcionamiento un sistema para calentar el aire, y, si en el exterior la temperatura es alta, contamos con un sistema de refrigeración que reduce la sensación térmica en el interior de una forma considerable. Y estos sistemas están controlados por ordenador, de forma que trabajan de manera autónoma, y consiguen que los animales no estén expuestos a temperaturas extremas y mucho menos a cambios bruscos. Buscamos que nuestros conejos vivan en una primavera constante», explica Santiago. 

Imagen cedida por Grupo Hermi

Sin embargo, en Grupo Hermi tienen claro que los datos, por sí solos, no toman decisiones. En un entorno donde influyen factores tan diversos como los costes de alimentación, la productividad, la evolución de los mercados o los cambios regulatorios, el verdadero reto consiste en coordinar todas las piezas para que funcionen de forma armónica. Y ahí vuelve a entrar en juego el factor humano. «Es importantísimo tener al mejor equipo posible. Las personas son fundamentales en cualquier organización. En Hermi tenemos la gran suerte de contar con un equipo capaz y comprometido. Y no hablo solo de implicación —que también—, hablo de compromiso en mayúsculas. Un compromiso que va más allá de las personas que trabajan directamente en la empresa: incluye también a todos los cunicultores profesionales que, tanto de forma integrada como independiente, hacen posible la materia prima que luego transformamos en nuestros mataderos y salas de despiece. La clave está en tener la capacidad de orquestar todos los factores que influyen en el proceso para que “la música suene como en la mejor orquesta sinfónica que uno se pueda imaginar”», asegura. 

De reaccionar a anticiparse

Si la experiencia ayuda a interpretar el entorno y los datos permiten comprender mejor lo que ocurre, el siguiente paso consiste en anticiparse. En un sector donde cada decisión puede afectar a la rentabilidad de una explotación, disponer de información útil en el momento adecuado se ha convertido en una ventaja competitiva.

Esa es precisamente la misión de Digitanimal, una compañía tecnológica nacida en el propio sector ganadero que desarrolla soluciones digitales para ayudar a los profesionales a gestionar mejor sus explotaciones. Su propuesta parte de una idea sencilla: transformar los datos que generan los animales y el territorio en información útil para tomar decisiones con mayor criterio: «La tecnología es hoy una herramienta al servicio del ganadero para aportar criterio y facilitar la gestión de la explotación. Gracias a la visibilidad que aportan estas herramientas, ganamos criterio y reducimos incertidumbre. La diferencia no está solo en disponer de más datos, sino en poder visualizarlos, analizarlos y convertirlos en información útil. Indicadores, comparativas, alertas o recomendaciones permiten al ganadero detectar tendencias, identificar oportunidades de mejora y tomar decisiones con mayor criterio», sostiene Rubén Blanco Carrera, director comercial de Digitanimal.

Imagen cedida por Digitanimal

La monitorización del ganado permite optimizar el aprovechamiento de los recursos, detectar incidencias de forma temprana o identificar oportunidades de mejora productiva que antes pasaban desapercibidas. «Hoy podemos saber dónde están los animales y cómo utilizan el territorio, pero también analizar su evolución productiva o detectar comportamientos anómalos», señala.

Y es que gestionar mejor también puede significar adelantarse a los problemas: «Tenemos miles de casos reales. Hay casos muy visibles, como animales localizados tras sufrir accidentes, incidencias sanitarias detectadas a tiempo o partos en los que una intervención temprana evitó pérdidas importantes. Pero muchas veces el verdadero valor está en las decisiones que se toman cada día. Por ejemplo, identificar qué animales están creciendo por debajo de lo esperado, detectar diferencias de rendimiento entre proveedores, optimizar el uso de los pastos o determinar el momento óptimo para la venta», cuenta Rubén. 

En definitiva, la capacidad de generar información objetiva sobre los animales, los recursos y el territorio está permitiendo a los profesionales del sector tomar decisiones más eficientes, sostenibles y resilientes. Un cambio de paradigma que va mucho más allá de la productividad. Como concluye Rubén: «Innovar no es producir más, sino decidir mejor: contar con herramientas que impulsen simultáneamente la rentabilidad, la sostenibilidad y la resiliencia de las explotaciones».

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Este contenido ha sido desarrollado por Content Factory, la unidad de contenidos de marca de Vocento, con Banco Sabadell. En su elaboración no ha intervenido la redacción de este medio.