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El valor estratégico del criterio humano en la nueva industria

La tecnología, la automatización y la innovación son protagonistas de la nueva industria. Pero detrás de cada avance hay personas que toman decisiones complejas, gestionan riesgos, impulsan inversiones y convierten el conocimiento en proyectos capaces de transformar sectores enteros.

Colway Industrial

Laura Fortuño

Cuando pensamos en industria, es fácil imaginar máquinas, cadenas de producción o tecnología avanzada. Sin embargo, rara vez pensamos en lo más decisivo: las personas que hacen que todo funcione. Quienes toman decisiones críticas, anticipan riesgos y resuelven problemas cuando el margen de error es mínimo. Porque detrás de cada empresa que avanza hay algo menos visible, pero esencial: el criterio humano.

Esto lo sabe bien Miguel Colomer, socio fundador y CEO de Colway Industrial. Su compañía trabaja en ingeniería, tecnología y fabricación para infraestructuras críticas, como el transporte ferroviario, las telecomunicaciones o la energía.

En este tipo de entornos, la tecnología es solo una parte de la ecuación. Liderar una empresa industrial implica tomar decisiones constantes en contextos exigentes, donde no basta con tener una buena idea: hay que convertirla en una solución fiable, capaz de funcionar durante años.

«Liderar una empresa industrial exige combinar visión a largo plazo con una gestión muy cercana al detalle», afirma Colomer. «Competimos con compañías más grandes desde la especialización, la agilidad y el compromiso con el cliente».

Reducir la industria a procesos o a tecnología es quedarse a medias. La verdadera precisión proviene de las personas. «Detrás de cada sistema fiable hay equipos que diseñan, fabrican, prueban e instalan con un alto nivel de responsabilidad», subraya Colomer.

Colway Industrial

Innovar también es mejorar cada día

Esa misma filosofía se vive en Mecanizados PLA, empresa especializada en el mecanizado de precisión. Para ellos, no se trata solo de fabricar piezas, sino de aportar fiabilidad al cliente. «Nuestro objetivo es que el cliente sepa que puede contar con nosotros incluso en los proyectos más exigentes», explica José Ángel Blanco Hevia, responsable de Programación y Optimización de Procesos.

Su vínculo con la empresa va más allá de lo profesional: «Después de terminar mis estudios de Ingeniería Industrial me incorporé a la empresa de mi familia y aquí he crecido. En este tipo de empresas, la implicación es distinta; sientes una gran responsabilidad, pero también mucho orgullo por contribuir a la evolución de algo que empezó hace 40 años».

La evolución del sector ha llevado a la empresa a integrar herramientas avanzadas en el día a día: sistemas CAD/CAM, softwares de simulación o controles de calidad. También la inteligencia artificial empieza a abrirse paso: «La estamos aplicando en tareas documentales y administrativas. Creemos que ha venido para quedarse y que adaptarse a ella será clave para seguir evolucionando», señala José Ángel.

Pero, más allá de la tecnología, innovar tiene un significado más amplio: implica revisar constantemente la forma de trabajar para ser más eficientes y ofrecer un mejor servicio. «Innovar es preguntarse cada día cómo podemos hacerlo mejor», resume.

En una pyme industrial, esa actitud se traduce en una ventaja clara: la capacidad de adaptarse al cliente. «Creemos en el trato directo y en las relaciones a largo plazo. La fidelidad de nuestros clientes demuestra que valoran la confianza y la capacidad de respuesta», concluye.

Mecanizados Pla

De la fábrica al espacio

Aunque los contextos cambian, el reto es el mismo: tomar decisiones de forma constante. Lo vive de primera mano Miguel Ángel Carrera, fundador y CEO de AVS, una empresa dedicada al desarrollo de instrumentación para la llamada “Gran Ciencia”, que incluye ámbitos como la fusión, los aceleradores de partículas o el espacio. Sus desarrollos operan en condiciones extremas —criogenia, radiación o vacío—, pero su impacto es muy tangible.

«Estoy muy orgulloso de lo que hemos logrado en estos 20 años», afirma Carrera. «Hemos desarrollado instrumentos para estudiar galaxias y buscar vida en otros planetas; participamos en la misión del rover Perseverance que llegó a Marte en 2021; hemos puesto en órbita tres satélites; hemos trabajado en el reactor de fusión ITER y seguimos desarrollando tecnología tanto para la fusión como para el tratamiento del cáncer».

En un entorno así, la digitalización y la inteligencia artificial no son una opción, sino una palanca clave para avanzar. «La IA permite analizar datos en tiempo real, detectar fallos, optimizar recursos y mejorar la información que se envía a la Tierra», explica.

Sin embargo, incluso en proyectos de máxima complejidad, hay principios que no cambian: «No se trata solo de desarrollar tecnología, sino de acompañar al cliente durante todo el proceso, garantizando fiabilidad e innovación», señala.

Porque, ya sea en el ferrocarril, en el mecanizado de precisión o en la exploración espacial, todas estas empresas comparten una misma base: la industria no avanza solo gracias a la tecnología, sino gracias a las personas que toman decisiones, asumen riesgos y convierten el conocimiento en soluciones reales. Ese sigue siendo, hoy, su verdadero motor.

AVS

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