Ocho formas en las que los jugadores habituales distorsionan la realidad
El cerebro de los jugadores tiene más activa una parte que provoca pensamientos sesgados - fotolia
Neurociencia

Ocho formas en las que los jugadores habituales distorsionan la realidad

Se fijan en lo positivo, creen que tienen la razón, usan objetos «mágicos»... Estas falacias les llevan a seguir gastando dinero persiguiendo el premio, y ahora investigadores han encontrado una parte del cerebro más activa en ellos

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Se fijan en lo positivo, creen que tienen la razón, usan objetos «mágicos»... Estas falacias les llevan a seguir gastando dinero persiguiendo el premio, y ahora investigadores han encontrado una parte del cerebro más activa en ellos

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  1. La «isla» de las ilusiones

    El cerebro de los jugadores tiene más activa una parte que provoca pensamientos sesgados
    El cerebro de los jugadores tiene más activa una parte que provoca pensamientos sesgados - fotolia

    Para muchas personas enganchadas al juegos, la realidad está distorsionada. Tienen tendencia a sobreestimar sus posibilidades de ganar, pensando que son capaces de “domesticar” el azar. Una distorsión cognitiva que se conoce como “falacia del jugador”.

    Aunque este y otros sesgos de pensamiento son conocidos desde hace tiempo por los psicólogos, sus bases neurobiológicas se desconocían. Ahora un equipo investigadores liderados por el prestigioso neurocientífico Antoine Bechara, de la Universidad del Sur de California, han encontrado una parte del cerebro hiperactiva en los adictos al juego que los hace más susceptibles a esas distorsiones.

    Se trata de la ínsula, una estructura “enterrada” entre el lóbulo temporal y la parte inferior del lóbulo parietal , que juega un papel importante en funciones relacionada con las emociones y la regulación de la homeostasis del organismo.

    La ínsula está también implicada en la representación en el cuerpo y Antonio Damasio, con quien ha trabajado Bechara, cree que tiene también un papel destacado en la formación de la consciencia.

    Para llegar a esta conclusión han los investigadores observaron las reacciones de personas con lesiones en tres zonas concretas del cerebro: la corteza prefrontal ventromedial (que tiene un rápido acceso a la información visual y es capaz de reaccionar casi de inmediato a los eventos visuales negativos), la amígdala (que juega un papel fundamental en las emociones), y la ínsula.

    El motivo de haber optado por personas con estas lesiones cerebrales lo explica Lucas Clark, de la Universidad de Cambridge, autor principal del trabajo: “Si bien los estudios de neuroimagen pueden decirnos mucho sobre la respuesta del cerebro a acontecimientos complejos [como el juego patológico], sólo mediante el estudio de pacientes con lesión cerebral podemos ver si una región del cerebro realmente es necesaria para realizar una tarea determinada”.

    Tragaperras y ruleta

    Los participantes fueron sometidos a dos tareas diferentes de juego. La primera, una máquina tragaperras en la que conseguían ganar y en otras ocasiones se quedaban al borde de lograrlo (por ejemplo, una cereza a punto de formar el trío necesario para obtener premio). La segunda, un juego de ruleta que en el que hay que hacer predicciones del tipo rojo/negro, que favorece la aparición de falacia del jugador. También conocida como de Montecarlo, por alusión al famoso casino, este pensamiento erróneo lleva a creer que la jugada ganadora está próxima después de varios fallos. Como controles, participaron pacientes con lesiones en otras partes del cerebro, así como personas sanas que realizaban las mismas tareas.

    Y la conclusión fue clara: Todos los grupos, con la excepción de los pacientes con daño en la ínsula, aumentaron su motivación para jugar después de estar a punto de obtener premio en la máquina tragaperras. Lo mismo ocurrió en el juego de la ruleta, donde después de varias tiradas sin obtener premio estaban convencidos de que éste ya no podría hacer esperar por lo que tomaban la “arriesgada” y poco sensata decisión de seguir jugando... y perdiendo.

    Por eso piensan que “la ínsula podría estar hiperactivada en los jugadores con problemas, haciéndolos más susceptibles a determinados errores de pensamiento”, explica Clark. ¿Cuáles son esos errores? Además de la falacia del jugador, tener una visión sesgada hacia lo que se quiere creer, pensamiento mágico, que lleva a la superstición o pensar que lo que uno siente es lo que va a ocurrir, entre otros.

  2. Falacia del jugador

    La probabilidad de ganar o perder no se altera con el tiempo, a diferencia de lo que creen los jugadores
    La probabilidad de ganar o perder no se altera con el tiempo, a diferencia de lo que creen los jugadores - fotolia

    Son varios los sesgos cognitivos de las personas que tienen dificultades con el juego. Entre ellos, la falacia del jugador se lleva la palma. Consiste en pensar que el "azar" que rige el juego (que por eso se llaman de azar) tiene reglas. Y les lleva a creer que después de varios intentos fallidos de obtener premio ya toca tener buena suerte. Sin embargo, como aprendimos en el colegio, la probabilidad de ganar o perder es en cada jugada la misma, y los sucesos pasados no alteran para nada las las probabilidades futuras. Esta creencia lleva a los jugadores habituales a perder grandes cantidades de dinero.

  3. Fijarse solo en lo «positivo»

    Los jugadores tienden a ovbiar las veces que han perdido
    Los jugadores tienden a ovbiar las veces que han perdido - fotolia

    A este sesgo se le llama filtraje o abstracción selectiva. Consiste en un visión en túnel, que sólo se fija en un aspecto de la situación, el que más interesa para nuestro razonamiento. En el caso del juego, se tiende a recordar solo las veces que se ha ganado, pero no las muchas que se ha perdido...

  4. En posesión de la razón

    El punto de vista de los demás es el equivocado. No tienen razón
    El punto de vista de los demás es el equivocado. No tienen razón - fotolia

    La falacia de tener razón consiste en la tendencia a probar, de manera frecuente, ante un desacuerdo con otra persona, que el punto de vista de uno es el correcto.

  5. Pensamiento mágico

    Los jugadores suelen aportar por un número o utilizan amuletos
    Los jugadores suelen aportar por un número o utilizan amuletos - fotolia

    El “pensamiento mágico” o "correlación ilusoria" es uno de los factores más relevantes en la conducta supersticiosa. "Utilizar el “lapicero de la suerte” para marcar los números del bingo, porque en una ocasión cantamos línea marcando con él; comprar en una determinada administración de lotería; hacer caso a algún adivino; realizar algunos rituales antes de jugar, que en alguna ocasión se relacionaron con la obtención de un premio y por lo tanto resultan difíciles de erradicar, además que favorecen la repetición de la conducta", explica el psicólogo Nelson Tobón Álvarez en un artículo publicado en la Revista Virtual de la Universidad Católica de Norte (Colombia).

  6. Lo siento, luego es verdad

    Nuestros sentimientos no predicen lo que va a ocurrir
    Nuestros sentimientos no predicen lo que va a ocurrir - Fotolia

    El razonamiento emocional consiste en creer que lo que se siente es real, es lo que va a ocurrir. Siento que voy a ganar... Estoy en racha... Esta ilusión puede reforzarse porque a veces efectivamente se acierta y se gana dinero, pero este pensamiento es totalmente ingenuo y la mayoría de las veces conduce a importantes pérdidas. El filtraje o abstracción selectiva, lleva a ignorar este último aspecto. "El que uno tenga el convencimiento de que lo que piensa es cierto, en absoluto dota de realidad a esa creencia", aclara Tobón Álvarez.

  7. Confundir el azar con la suerte

    ¿Encontrar un trebol de cuatro hojas es azar o suerte?
    ¿Encontrar un trebol de cuatro hojas es azar o suerte?

    En el juego no existe la suerte, sostiene Álvarez Tobón. Solo rigen las reglas del azar... que es impredecible...

  8. No buscar solución a los problemas

    Los cambios requieren esfuerzo
    Los cambios requieren esfuerzo - fotolia

    Existe cierta tendencia entre los jugadores habituales a no buscar solución a los problemas y dificultades en que se encuentran inmersos, pensando que la situación mejorá mágicamente en el futuro. Esta ilusión tiene un nombre en psicología: "falacia de recompensa divina"