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La macabra historia ideológica de ETA

A lo más que han llegado los terroristas en su medio siglo de historia es a dilucidar si en su estrategia debe priorizarse el independentismo sobre el marxismo leninismo o al contrario

Día 20/10/2011 - 21.37h

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La macabra historia de ETA, a pesar de la férrea disciplina que imponen sus cabecillas, ha estado salpicada de pugnas, tensiones, depuraciones, escisiones e incluso venganzas. Todo ello se ha traducido en una serie de asambleas, en las que pocas veces se ha debatido sobre la conveniencia o no de abandonar las armas. A lo más que ha llegado ETA en su medio siglo de historia es a dilucidar si en su estrategia debe priorizarse el independentismo sobre el marxismo leninismo o al contrario.

I Asamblea: la constitución

En mayo de 1962, cuatro años después de su creación, ETA celebró su I Asamblea. Lo hizo en el monasterio benedictino de Belloc, en territorio francés. A ella acudieron catorce terroristas, que establecieron como objetivo estratégico de la banda la «liberación nacional» de «Euskalherria», es decir, las tres provincias vascas y Navarra («Hegoalde») y las tres del País Vasco francés («Iparralde»). Crearon, además, una publicación para distribuir entre la opinión pública («Zutik»), un boletín interno de la organización («Kemen») y un manifiesto en el que los miembros de la banda se definieron como «Movimiento Revolucionario Vasco de Liberación Nacional» («Principios»).

Plantearon también marcos de colaboración con otros grupos que estén en disposición de defender la autodeterminación del pueblo vasco y, por último, formaron un «comité ejecutivo» integrado por Benito del Valle, Julen Madariaga, Patxi Iturrioz, López Dorronsoro y José Luis Álvarez Emparanza, «Txillardegi», entre otros. Todo ello en un contexto en el que comenzaban a estallar pequeños artefactos y sin que ETA hubiera decidido iniciar una «lucha armada» abierta.

II Asamblea: lucha armada y organización

En marzo de 1963, ETA celebró su II Asamblea en la localidad vasco francesa de Capbreton, en Las Landas, a la que acudieron 17 militantes. En ella se discutió discutir acerca de cuestiones organizativas y se planteó la opción de pedir cuotas para la financiación. Respecto a la «lucha armada», se decidió realizar, a partir de ese momento, dos o tres atentados al año. Algunos defendieron importar al País Vasco los modelos que algunos «movimientos de liberación nacional» ya estaban aplicando en diversos países, sobre todo de Centroamérica y Sudamérica.

En esta Asamblea, además, surgió el debate acerca de si dar prioridad al frente obrerista, que impulsado por el comunista Patxi Iturrioz, o al frente nacionalista radical, defendido por «Txillardegi». Se creó también la figura del «liberado» con dedicación exclusiva. Tras esta Asamblea, ETA intensificó sus atentados con explosivos al tiempo el Régimen franquista aumentaba su represión.

III Asamblea: lucha armada y organización

La III Asambleas se celebró entre marzo y abril de 1964, en un local del centro de Bayona. La banda intentó reorganizarse tras haber recibido diversos golpes policiales, constituyendo células integradas por tres militantes, dentro de un esquema de compartimentos estancos. En un intento de atraerse a las juventudes del PNV, muy insatisfechas con el «aburguesamiento» de sus dirigentes, ETA multiplica sus iniciativas propagandísticas y convoca el «aberri eguna» por primera vez desde la Guerra Civil, celebrado en 1964 en las calles de Guernica, Bilbao y Deva.

ETA intentó celebrar la IV Asamblea en julio de 1965, en la Casa de Ejercicios Espirituales que los Jesuitas tenían en Loyola, en pleno corazón de Guipúzcoa, pero no pudieron porque las Fuerzas de Seguridad interceptaron a la representación que venía de Francia. Lo consiguieron un mes después, pero en una cabaña situada en el monte Urbía, cerca del Santuario de Nuestra Señora de Aránzazu. Acuden entonces 20 militantes, algunos de los cuales, influidos por las luchas obreras, piden un giro hacia el marxismo.

En el transcurso de la Asamblea se observaron tres corrientes: los «culturalistas» o «etnolingüistas», representados por «Txillardegi»; los «obreristas», encabezados por Patxi Iturrioz, y los «tercermundistas», que siguen a José Luis Zalbide.

IV Asamblea: en busca de modelo propio

Al mismo tiempo, sobre la mesa estuvo la ponencia denominada «Insurrección en Euskadi», que planteaba ya una confrontación abierta con el Estado. Los militantes, sin embargo, admitieron que la banda no estaba preparada para ello, y la sociedad vasca no estaría dispuesta a secundar semejante estrategia. Por lo tanto, renunciaron a la tentación de mirarse en el espejo de las «guerrillas» centroamericanas y consideraron que debían aplicar un modelo propio, uno que contemplara un endurecimiento progresivo del «conflicto vasco».

En ese contexto, ETA asume que el desencadenante de la «lucha armada» abierta lo va a ejercer una minoría que, eso sí, deberá disponer de unas estructuras fuertes. La banda traza su primera «hoja de ruta» dividida en tres etapas. La primera tiene como objetivo dar a conocer ampliamente la existencia de la organización criminal, que considera prácticamente cumplida. La segunda plantea la preparación de las condiciones para cometer atentados, ya con derramamiento de sangre. Y la tercera contempla disponer de los medios suficientes para desarrollar esa espiral de violencia y entrar en la dinámica de «acción-represión». En el diseño de esta estrategia, donde la banda entra en la dinámica de los atracos, tiene gran protagonismo José Luis Zalbide.

V Asamblea: crisis interna

ETA llegó a la V Asamblea con una grave crisis interna, después de haber sido expulsado el marxista Patxi Iturrioz, derrotado en su pugna con los otros dos sectores. La primera fase se celebró en diciembre de 1966, en la casa parroquial del municipio de Gaztelu, y la segunda en marzo de 1967, en la Casa de Ejercicios Espirituales de los Jesuítas (Guetaria), ya sin la presencia de los defensores de Iturrioz, protagonistas de la primera escisión de la banda. Emerge entonces la figura de Txabi Etxebarrieta, que había entrado en la organización de la mano de su hermano José Antonio, como nuevo impulsor de la línea más nacionalista. Fue en esta segunda fase de la Asamblea donde se vertieron las críticas a la línea marxista y se acusó a Iturrioz de haber querido «españolizar» ETA.

Surge allí una Oficina Política integrada por el citado Xabi Etxebarrieta, Eskubi, Elorriaga, Patxo Unzueta y Jesús María Bilbao. Iturrioz y sus seguidores interiorizan su derrota, pero reivindicaron su legitimidad de mantener las siglas ETA, por lo que se constituyeron en «ETA berri» (nueva), por un lado, y «ETA zarra» (vieja), por otro, con los «tercermundistas» y los «culturalistas».

Al final, los denominados «tercermundistas» se hicieron con el poder de la única ETA, ya que los «culturalistas» constituyeron el grupo Branka, a modo de «frente cultural», mientras que la «berri» desapareció para fundirse con el Movimiento Comunista de España. La banda acaba reestructurándose en cuatro frentes: cultural, político, militar y obrero. Además, propone la creación de un «Frente Nacional» al que invita a sectores del nacionalismo.

La banda aprueba también la dinámica «acción-represión», propuesta en la IV Asamblea, y se proclama abertzale e independentista, con vocación de utilizar ya abiertamente la «lucha armada» para conseguir sus objetivos. En la nueva ejecutiva están Eskubi, Bareño, Edur Arregi, Madariaga, Emilio López Adán, Juan José Etxabe, Tabi Etxebarrieta, Jokin Gorostidi y Krutwig.

Se incrementan los actos de sabotaje, lo que desencadena sucesivas operaciones policiales en la que la práctica totalidad de los dirigentes de ETA fueron sido detenidos e, incluso, muertos, como es el caso de Txabi Etxebarrieta, abatido en un dispositivo policial abierto después de que este asesinara al guardia civil José Pardines.

VI Asamblea: la escisión definitiva

Precisamente en medio de esta escisión el Gobierno anuncia su intención de que un tribunal militar presidiera un macrojuicio contra quienes habían sido dirigentes de ETA entre 1968 y 1969 y los que habían sido detenidos. El Proceso de Burgos estaba en marcha.

En este contexto, a principios de agosto de 1970, ETA afronta su VI Asamblea en Bayona. El «frente militar», que pretendía dar prioridad absoluta a los atentados terroristas en detrimento de la «lucha de masas», estaba muy debilitado por las detenciones de sus pistoleros. Ello desencadena una nueva lucha interna entre los más «militaristas» y los «obreristas» que, pese a la expulsión de Iturrioz, aún permanecían en la banda esperando su oportunidad. Los primeros no reconocen la legitimidad de la Asamblea y pasan a denominarse ETA V Asamblea. Los ganadores, que apostaban más por la movilización de la clase trabajadora, se constituyeron en torno a ETA VI Asamblea.

ETA V, que en definitiva tenía las armas, se hizo con el control de la organización y en 1972 se les unió el grupo denominado Aintxina, que procedía del ala más radical de las juventudes del PNV. Sin embargo, en agosto de 1973 se reproducen nuevas disputas internas entre los «militaristas» y otro sector más partidario de dejar en un lugar secundario la estrategia terrorista. Los primeros zanjan el debate con el asesinato del presidente del Gobierno, el almirante Carrero Blanco, un atentado que no consultaron al resto de la organización.

Tras el atentado indiscriminado de la cafetería Roland, en Madrid, se recrudecen las tensiones y de la pugna surgen dos facciones: «ETA pm» (político militar) y «ETA m» (militar). Y por medio los «Bereziak» de «Apala» y «Pakito», a quienes se les relaciona con el secuestro y asesinato, en julio de 1976, de «Pertur», que ya entonces planteaba que ETA abandonara las armas para constituirse en partido político.

«ETA pm», a su vez, se divide en «ETA pm VII Asamblea», que acabó autodisolviéndose después de varias treguas, en 1981, y «ETA pm VIII Asamblea», cuyos integrantes, los «milikis», tras quedarse con las armas, se incorporaron definitivamente en una ETA sin etiquetas, la ETA actual.

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