Los eslovacos: «Estábamos orgullosos de ser de Checoslovaquia»
Eslovaquia, una secesión impuesta

Los eslovacos: «Estábamos orgullosos de ser de Checoslovaquia»

Actualizado:1234
  1. «Con la escisión los políticos quisieron hacerse ricos»

    El músico Maatej Danis nos habla sin complejos de sus orígenes en el desaparecido país que unía a checos y eslovacos: «Nací en una atmósfera checoslovaca. No había odio ni envidia. Mi familia estaba muy orgullosa de ser de Checoslovaquia. Tuve una banda musical de "blues" y ahora toco solo. Tengo un par de espectáculos en Chequia. Donde tengo más éxito es en Moravia, la región checa más cercana a Eslovaquia».

    Danis cree que la escisión fue solo un negocio para los políticos: «En 1992 sólo un 20 por ciento quería la separación de las dos repúblicas, pero los políticos querían ser ricos. Ya sabe el refrán de la época comunista: "Si no robas al Estado es porque estás robando a la familia". Aunque los checos han estado a lo largo de la historia más próximos a Austria, y los eslovacos más vinculados a Hungría».

    «¿Qué votaría hoy si hubiese un referéndum?». Silencio y cierta perplejidad. «Pienso que votaría "no" a la reunificación, por nuestra diferencia de mentalidad. Hoy es imposible. Nadie lo pide y las nuevas generaciones tienen miedo a que cambie algo de su idiosincrasia».

    ¿No crees que la reunificación sería mejor para afrontar el paro, especialmente duro entre los jóvenes de ambas repúblicas? «Sí, en teoría si nos uniéramos de nuevo seríamos más fuertes en la economía y en el mundo. Pero creo que el problema es emocional».

  2. «Juntos abordaríamos mejor los problemas económicos»

    Anna Mravcova, joven profesora del colegio de La Salle, pese a la escisión, siente la cercanía con sus vecinos checos: «Hemos vivido siempre juntos y nos sentimos como hermanos de ellos». Para ella el problema que ha tratado de saldarse con la división de la antigua Checoslovaquia en dos nuevos países «es superficial». «Nuestros auténticos problemas son los económicos, que tendrían mejor respuesta si estuviéramos juntos».

    La división tampoco resuelve los problemas sociales. Algunos, como la situación de las minorías, en particular la húngara, «han empeorado» afirma. Los húngaros representan alrededor del 10% de la población de Eslovaquia. Después de la independencia, las autoridades eslovacas tuvieron la vista de dividir el país en nueve distritos electorales, trazados de manera que en ninguno hubiese mayoría de población húngara. Lo último que desean los eslovacos es tener que digerir su propia medicina, y encontrarse un día con el problema de que una parte de su territorio pida -después de unos comicios locales- la anexión a Hungría.

    La minoría húngara trae consigo un problema social más peliagudo: una quinta parte es gitana. Los gitanos checoslovacos -la mayoría de nacionalidad eslovaca- vivían relativamente tranquilos bajo el régimen comunista, que les garantizaba cierto sostenimiento social. Hoy son los que padecen de modo más agudo la falta de vivienda, educación y empleo. El régimen de libertad ha provocado, además, la aparición de grupos xenófobos, minoritarios, pero muy vocingleros en sus ataques diarios a la población gitana.

  3. «Con dos estados hemos duplicado la corrupción»

    El guionista cinematográfico Sacha Seszak admite que checos y eslovacos tienen distintas formas de pensar y de enfrentarse a la vida, pero también reconoce las desventajas de la separación: «Nací en Sudáfrica, donde mi padre tuvo que emigrar desde Checoslovaquia por ser disidente en 1968. Soy eslovaco y mi novia checa. Tengo claro que los dos pueblos tienen mentalidades distintas; en Eslovaquia, por ejemplo, nunca tendríamos un partido comunista fuerte. Pero también tengo claras las desventajas de la separación. Con los dos Estados hemos duplicado el número de casos de corrupción, y somos menos los que podemos luchar contra ellos».

    Sacha trabaja en Bratislava como profesor de inglés y en proyectos de documentales para la televisión. La historia de su país, y en general de Europa central, le apasiona.

    «Después de la Segunda Guerra Mundial, Checoslovaquia fue para todos, y en particular para los eslovacos, como el Gran Hermano. Los grandes negocios se realizaban en Chequia. Eslovaquia y su capital, Bratislava, estaban marginadas. Ahora hay como un afán de revancha. Somos más pequeños, pero somos al menos como la cabeza del ratón», afirma Sacha Seszak.

    La Historia tiene no obstante «muchas paradojas, y una de ellas es que ahora Eslovaquia es independiente, ya no está marginada por Praga, pero ella margina a su vez a su región del este, hoy sumida en la pobreza y el desempleo». En aquella región, donde no llegan las ayudas de Bratislava o lo hacen con cuentagotas, el desempleo alcanza según cifras no oficiales hasta el 30 por ciento.

  4. «Mantenemos viva una federación emocional»

    El recuerdo de la negociación de la ruptura de Checoslovaquia en 1992, entre el primer ministro eslovaco, Vladimir Meciar, y el checo, Vaclav Klaus, sigue provocando irritación en muchos que, como la pedagoga Iveta Lavrincova, eran entonces solo unos niños. «La división fue muy buena para ellos, pero no preguntaron al pueblo qué opinaba», dice Iveta con voz enfadada.

    Fueron apenas tres años de federación de ambos países bajo un régimen de libertad, después de la caída del Telón de Acero, pero todos los eslovacos de aquella generación los recuerdan con nostalgia. «Mis padres -afirma Iveta- todavía hablan de aquellos tiempos y siguen sin entender por qué se produjo el divorcio; han pasado veinte años y nadie nos ha dado una explicación convincente, fuera de la ambición de los políticos de la época».

    Iveta es «eurooptimista», o cree serlo, y por eso no ve sentido en «volver hacia atrás y pensar en la reunificación cuando todos soñamos en una unión de toda Europa».

    Además, para ella lo que cuenta es que persiste «una federación emocional entre eslovacos y checos», basada no tanto en la unión política del pasado como en su historia y en su cultura comunes. «Nos une -nos asegura- la lengua, la música "folk" checa, que es muy popular en Eslovaquia... y los culebrones televisivos que seguimos en ambos países».