Los montañeros, con la barra direccional
Los montañeros, con la barra direccional - ONCE
Alpinismo

Reaprender las cumbres a ciegas

Cinco alpinistas ciegos forman parte de la primera expedición adaptada del mundo, con final en los Alpes Escandinavos

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Hay quien corona el Everest en 17 horas, otros alpinistas tratan de agarrar las cimas con paciencia, y otros quieren sentir las cumbres con el olfato, el gusto, el oído, el tacto, el corazón, la piel, aunque no puedan verlas. Es el desafío que se han propuesto cinco montañeros ciegos y que comenzarán su aventura este próximo 1 de junio. Forman parte de la primera expedición adaptada del mundo en la que 22 guías e invidentes han estado trabajando como parte del Curso Superior de Montañismo para ciegos y Adaptado de la Fundación UNED. Después de diversas asignaturas y exámenes, los alumnos han decidido que, como fin de curso, intentarán hollar el Galdhopiggen, en Noruega, el monte más alto de los Alpes Escandinavos, con 2.469 metros.

Una experiencia docente capitaneada por Francisco Javier Bueno, coordinador del Grupo de Montaña de la ONCE de Madrid y director de los cursos, de la que España es pionera y que significa descubrir un mundo para todos: guías y ciegos. «Falta el conocimiento de que se pueden realizar estas actividades. Que si todos nos preparamos podemos alcanzar cualquier cumbre. Este fin de semana nos veían practicar con la barra y la gente pensaba que estábamos haciendo una apuesta o una promesa. Hay que visibilizar estas prácticas, decirle a la gente, ciega y no ciega, que esto existe. Y a partir de ahí se podrá poner en marcha la formación para que todos podamos tener la oportunidad», explica María Teresa Minaya para ABC. Había hecho montañismo antes de que una enfermedad degenerativa la dejara sin visión. «Y vas renunciando a muchas cosas. Pero te das cuenta de que no hace falta, con ganas y gente preparada puedes hacerlo todo. Y es una sensación magnífica».

Se han preparado durante muchos meses, con la misma dedicación que los guías, porque esta expedición es también, y sobre todo, confianza. Se desplazarán en grupos de tres con una barra direccional de unos dos metros y medio, con un guía vidente delante, una persona ciega total y un deficiente visual cerrando el grupo. El guía da las instrucciones verbales y a través de la barra, que se irá moviendo para que los alpinistas sepan exactamente por qué lado de la montaña van, pues siempre se sitúa donde está la caída. «Yo no me subo a cualquier barco. Tiene que haber confianza. La barra nos convierte en una sola persona, y no somos una carga pasiva en absoluto. El último hace de timonel para no salirte del camino. Todos tenemos una gran preparación física y técnica, en todas las modalidades de montañismo. Nos hemos preparado todos a conciencia», continúa Minaya.

Además, serán los encargados de probar un nuevo dispositivo GPS para ciegos en montaña y en tiempo real. «Se introduce la ruta y con unos auriculares especiales se pueden manejar con pitidos. Un avance más para nosotros, para nuestra independencia entre comillas. Nos hace falta», explica Minaya.

La ascensión final circulará por un glaciar y han podido entrenarse en hielo y nieve en Madrid este invierno, pero será en el Galdhopiggen donde pasarán su examen final. «Es algo egoísta, cuanta más gente sepa que pueden formarse en este tipo de actividades, más opciones tendré yo de volver a sentir la montaña aunque no la vea. Es una subida de autoestima. Decir que esto se puede hacer. Poder comerte el mundo. Después de esto, lo que sea», finaliza Minaya.