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Abres la puerta a las nueve de la noche, el perro sale a recibirte y detrás de él rueda por el pasillo una bola de pelo del tamaño de un puño. La escoba está en el tendedero y la cena, sin hacer.
Para esa casa, la del perro y el horario largo, me he topado con el ILIFE A12 Pro. Es un robot que aspira y friega, se programa desde el móvil y descarga lo recogido en su propia base. Lo mejor es la hora a la que trabaja: justo cuando tú no estás.
ILIFE A12 Pro: limpia mientras estás fuera
En una casa con perro, el problema no es una mancha puntual. Es el pelo que vuelve cada día, y ese no se arregla con una buena pasada el sábado. El A12 Pro se programa desde la app o con el mando. Le marcas una hora, sales a trabajar y la ronda está hecha cuando vuelves.
Con el pelo, la pista la da quien ya lo usa. Es ideal para mascotas ya que no tiene rodillo y coge muy bien los pelos sin enredarse. Quien haya tenido que cortar con tijeras la madeja de un cepillo sabe lo que vale esa frase.
Y trae base de autovaciado, algo que no esperaba a este precio. Al terminar, el robot vuelve a ella y la estación pasa el polvo y el pelo a una bolsa. Traducido a tu semana: no abres el depósito cada noche, que con perro es la tarea que siempre se queda para mañana.
Para orientarse usa un sensor láser que dibuja el plano de la casa. En la app marcas zonas prohibidas, como el rincón del comedero, y así no acaba paseando pienso por el salón.
La batería da hasta 140 minutos y el fabricante calcula unos 120 metros cuadrados por carga, así que un piso normal lo recorre de una vez.
Aspira con hasta 3.000 Pa y lleva filtro HEPA, que retiene el polvo fino en vez de soltarlo otra vez al aire.
También friega. Es una pasada de mantenimiento, de las que borran las huellas de patas del recibidor. El día que el perro vuelve con barro hasta las orejas, la fregona sigue teniendo trabajo, pero el resto de la semana te la ahorras.
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Antes de que llegue la muda de otoño
El pelo de perro va por temporadas, y con el otoño llega una de las fuertes. Tiene sentido montar la rutina ahora, antes de que el pasillo se llene.
Una cosa antes de pedirlo: la base necesita un rincón fijo con enchufe cerca, y mejor que no sea donde duerme el perro.
Si se agota o sube, busca en el sustituto lo mismo que aquí hace el trabajo: una base que se vacía sola y un cepillo que no se enrede con el pelo.
Lo demás es costumbre. Llegas a las nueve, el perro sale a recibirte y lo único que rueda por el pasillo es él.
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