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Camino del Jiloca: del legado del Cid al aroma del Jamón de Teruel

Dentro de Caminos de Futuro, la iniciativa con la que Moeve pone en valor el patrimonio rural español, esta ruta atraviesa pueblos medievales y campos de nogales para unir el paso del Cid con el presente y el futuro del emprendimiento gourmet en la comarca del Jiloca.

Aránzazu Díaz Huerta

El camino del Jiloca une Calamocha con El Poyo del Cid, en la comarca turolense del Jiloca, a lo largo de 12 kilómetros que remontan el río Jiloca y siguen el trazado histórico del Camino del Cid. Calamocha, cuyo nombre tiene origen musulmán, ha visto pasar a romanos, árabes, conquistadores y mercaderes; hoy la recorren los mismos vientos que llevan más de ocho siglos curando uno de los mejores jamones de la Península, el Jamón de Teruel.

Esa mezcla de historia, paisaje y producto es la que impulsa Caminos de Futuro, el proyecto con el que Moeve conecta personas, territorio y patrimonio en distintas regiones de España para abrir nuevas oportunidades en el medio rural.

¿Qué vamos a encontrar?

- 12 kilómetros de sendero entre campos de cultivo, siguiendo el cauce del río

- Jiloca aguas arriba, nogales y humedales.

- Restos medievales y de origen romano.

- Antiguo martinete de cobre y lavadero de lanas.

- Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora, del siglo XVI.

- Vía verde sobre el trazado del antiguo ferrocarril.

- Laguna de Gallocanta.

- Camino del Cid, ruta de Gran Recorrido.

El trayecto entre Calamocha y El Poyo del Cid deja testigos de un pasado comercial ligado al bronce y a la lana, un paisaje que ya supo apreciar el Cid, y un presente agrícola y gastronómico que aspira a que los viajeros recorran también con el paladar este camino, a través de su Jamón de Teruel (D.O.) y su azafrán.

El recorrido, tramo a tramo

- Salida de Calamocha. El sendero arranca tras dejar atrás la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora, cruza el puente medieval de origen romano y pasa junto al antiguo martinete de cobre y el lavadero de lanas.

- La vía verde. La ruta continúa por el trazado del antiguo ferrocarril que unía Santander con el Mediterráneo, entre nogales, choperas y el canto de decenas de especies de aves.

- Llegada a El Poyo del Cid. A unos 5,7 kilómetros, el sendero alcanza la colina donde acampó el Cid Campeador junto a sus tropas, con vistas a toda la planicie.

- El regreso. Desde aquí se puede seguir hasta Monreal del Campo o volver a Calamocha por la vía verde, para cerrar la jornada con la gastronomía local.

Entre nogales y campos de cultivo

Calamocha ha sido siempre un cruce de caminos: por aquí pasaron romanos y árabes, mercaderes y conquistadores, atraídos tanto por su posición estratégica como por la riqueza de sus ríos y paisajes. El puente de origen romano por el que arranca la ruta data del siglo I y formaba parte de la vía Augusta, que unía Zaragoza con Jaén. El martinete de cobre, por su parte, lo puso en marcha un mercader francés en 1689, que vio en la fuerza del río el recurso para trabajar el cobre de las minas cercanas; el lavadero de lanas cumplía una función parecida, aligerando el peso de la lana que llegaba desde la Sierra de Albarracín antes de emprender las rutas comerciales hacia el resto de la Península.

Ese pasado se camina hoy entre nogales y campos de cultivo, bajo una luz de otoño que tiñe el paisaje de ocres durante las cerca de seis horas que dura el paseo completo.

En las huellas del Cid

A unos 5 kilómetros se llega a El Poyo del Cid, hasta donde también discurre la vía verde del antiguo ferrocarril que unía Santander con el Mediterráneo. Sobre una loma que sobresale en la planicie, Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, estableció su cuartel general junto a más de 7.000 hombres, un episodio recogido en el Cantar de Mio Cid. Hoy una figura de piedra recuerda su paso por la zona, y el propio pueblo se resguarda a los pies del cerro, quizá del mismo cierzo que sigue peinando la planicie.

El sendero forma parte del Camino del Cid, una de las rutas de mayor recorrido de la Península: 1.500 kilómetros y siete etapas entre Burgos y Alicante, a través de ocho provincias, que atraen cada año a numerosos aficionados al cicloturismo.

Tierra de jamón, azafrán… y grullas

El regreso hacia Calamocha, por la vía verde, es también el momento de recuperar con el paladar lo que se ha visto por el camino: el azafrán del Jiloca, el Jamón de Teruel y otros productos propios de Monreal, Caminreal, Calamocha y el resto de la comarca. Quien prefiera seguir en línea recta puede llegar hasta Monreal del Campo, con su iglesia de San Pedro, del siglo XVIII, y su museo del azafrán.

Al día siguiente, merece la pena acercarse a la Laguna de Gallocanta, el humedal salino mejor conservado de Europa y punto de referencia internacional para la observación de aves migratorias, en especial las grullas.

Imprescindibles en la agenda

- 16 de agosto, San Roque, en Calamocha: desde 1886, unas 200 parejas vestidas de blanco y faja azul acompañan bailando al santo desde Santa María la Mayor hasta la ermita; cuando alguien pide la palabra, alza el palitroque y se hace silencio. Declarada Fiesta de Interés Turístico de Aragón en 2012.

- Semana Santa: procesiones marcadas por el toque de trompetas, tambores y bombos.

- Fiestas de verano en los barrios de Santo Cristo, Santa Orosia, El Poyo del Cid y Calamocha.

- 6 de septiembre: día de la Patrona en Monreal del Campo.

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