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Así opera el CERT de GMV que protege a empresas e instituciones 24x7

El aumento y la sofisticación de los ciberataques han convertido la ciberseguridad en una cuestión estratégica para empresas e instituciones. Para prevenir, detectar y responder a amenazas en tiempo real, centros especializados como el CERT de GMV operan de forma continua apoyándose en tecnología propia cuando las soluciones convencionales de la industria no son suficientes.

Óscar Riaño, ingeniero informático y responsable del GMV-CERT
Amparo Ferrer-Martin

Arancha Bustillo

03/07/2026 · Actualizado 08:59 h

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El ataque de ransomware WannaCry, en mayo de 2017, marcó un punto de inflexión en la historia de la ciberseguridad. En cuestión de horas, infectó a más de 200.000 equipos en 150 países, incluyendo instituciones críticas como el Servicio Nacional de Salud británico. “No era un ataque especialmente sofisticado, pero sí una señal de alarma”, explica Óscar Riaño, ingeniero informático y responsable del GMV-CERT. “A partir de ahí las organizaciones empezaron a entender que la ciberseguridad ya no era solo un problema técnico, sino un asunto estratégico” destaca el experto.

En sus más de 20 años de experiencia, Riaño ha visto cómo la ciberseguridad ha pasado de ser una cuestión meramente técnica a ocupar un lugar central en la estrategia empresarial. La aceleración tecnológica y la digitalización han convertido la ciberseguridad en un elemento estructural para economías, empresas, infraestructuras críticas y ciudadanos.

Según ENISA, los ciberataques en Europa han crecido de forma sostenida en los últimos años. En España, se gestionaron 122.223 incidentes de ciberseguridad en 2025, un 26 % más que el año anterior, según el último Balance de Ciberseguridad publicado por el INCIBE.

Este escenario ha reforzado notablemente el papel de centros especializados como el GMV-CERT, cuya misión es ayudar a las organizaciones a anticiparse, resistir y recuperarse ante posibles ciberataques. En la práctica, opera como un centro de vigilancia permanente que monitoriza, analiza y responde a incidentes en tiempo real para evitar que un problema de seguridad acabe paralizando el negocio ante la creciente sofisticación del cibercrimen.


La figura del hacker solitario hace tiempo que dejó de representar la realidad del cibercrimen. Hoy las amenazas proceden de organizaciones altamente profesionalizadas que funcionan como auténticas empresas. Como explica Óscar Riaño, “el ecosistema ha mutado hacia estructuras empresariales tan complejas que cuentan con sus propios departamentos de Recursos Humanos para reclutar talento, tablas salariales para sus programadores de malware e incluso centros de atención al cliente para gestionar el cobro de los rescates”, explica Riaño. Esta evolución ha dado lugar al denominado "Crime as a Service", un modelo basado en el alquiler de herramientas e infraestructura de malware para terceros. "Cualquiera con recursos económicos podría contratar estos servicios y lanzar un ataque", advierte.

Estos grupos profesionalizados están además a la vanguardia tecnológica. “Ya están utilizando, por ejemplo, la inteligencia artificial para acelerar, personalizar y hacer más precisos sus ataques”, explica el responsable del GMV-CERT. Gracias a estas herramientas, campañas de phishing lanzadas desde el otro lado del mundo pueden llegar en un castellano perfecto y con un conocimiento detallado de la actividad de la empresa objetivo, haciendo cada vez más difícil distinguir el engaño de una comunicación legítima.

Ante esta amenaza automatizada, la defensa tampoco puede quedarse atrás. Y centros de respuesta ante emergencias informáticas como el de GMV ya están utilizando la IA para “acelerar los procesos de validación de agujeros de seguridad y entender mucho más rápido el impacto de un ataque”, señala Riaño. Porque el trabajo del equipo que lidera no se limita únicamente a reaccionar cuando detecta una amenaza.

Del análisis a la intervención inmediata

Un CERT como el de GMV ofrece una protección integral que cubre todo el ciclo de la ciberseguridad, desde la prevención hasta el análisis forense.

Para las labores preventivas, el equipo liderado por Óscar Riaño simula ataques reales mediante técnicas como el pentesting o los ejercicios de red team. El objetivo es detectar vulnerabilidades, comprobar hasta dónde podría llegar un atacante y corregir esas debilidades antes de que puedan ser explotadas. Esta labor preventiva se complementa con una unidad de trabajo de Threat Intelligence que monitoriza espacios ocultos de Internet como la Dark Web y foros clandestinos para detectar tendencias del cibercrimen y posibles amenazas dirigidas contra las organizaciones con las que trabaja GMV. “El objetivo es anticiparnos y diseñar medidas de protección antes de que el ataque llegue a producirse”, explica Riaño.

Todo este trabajo exige una capacidad operativa permanente. El CERT de GMV funciona 24x7 monitorizando amenazas y respondiendo a incidentes en tiempo real. “Los atacantes aprovechan precisamente las noches y los festivos, cuando saben que se baja la guardia”, explica Riaño. Mantener ese nivel de vigilancia constante supone también un reto humano. “Trabajamos continuamente bajo presión y preservar la energía y el foco del equipo es fundamental”, reconoce.

Las organizaciones están expuestas a riesgos de forma permanente y necesitan sistemas capaces de detectar anomalías antes de que un incidente paralice su actividad. En ese sentido, el CERT actúa como un centro de vigilancia continua que monitoriza el estado de seguridad de una compañía y responde ante cualquier desviación crítica”. Cuando el ataque llega a producirse entra en acción el equipo forense del CERT, una de las áreas más especializadas dentro de la ciberseguridad. Su trabajo consiste en recopilar evidencias, reconstruir el origen del incidente y determinar cómo se produjo el acceso del atacante. “El objetivo es entender exactamente qué ha ocurrido para cerrar la brecha y evitar que vuelva a repetirse”, explica Riaño.

Las amenazas son cada vez más diversas: desde el robo de datos y el ciberespionaje industrial hasta el secuestro de sistemas mediante ransomware.

Factor diferencial

Frente a amenazas cada vez más sofisticadas, las herramientas convencionales no siempre son suficientes. Ahí es donde GMV sitúa uno de sus principales diferenciales: el desarrollo de tecnología propia. “Nuestra vocación siempre ha sido aplicar ingeniería avanzada a la ciberseguridad”, explica Riaño. Esta vocación por la innovación y la ingeniería es lo que diferencia al CERT de GMV de otros centros de seguridad, y lo que le ha permitido cubrir vacíos de seguridad que el mercado ignoraba, como por ejemplo con Checker ATM Security®, una solución nacida para proteger la red mundial de cajeros automáticos convertida hoy es una referencia internacional.

Pero si hay un ámbito en el que esta capacidad de creación y desarrollo es crítica es en el sector espacial, origen histórico de GMV.

Esta especialización es la que permite al equipo que dirige Óscar Riaño gestionar la ciberseguridad de infraestructuras críticas de las que depende la soberanía europea, como el programa Galileo. Una protección que, además, exige una logística excepcional. "El funcionamiento es diferente, porque no monitorizamos desde nuestras instalaciones, sino que desplazamos a nuestros expertos de ciberseguridad a sus centros de datos bunkerizados para que realicen allí las labores de vigilancia", detalla el responsable del CERT.

Este papel estratégico en Europa no se limita al espacio. Recientemente, la compañía ha sido seleccionada para formar parte de la ciberreserva europea, un mecanismo de élite diseñado por la Unión Europea para responder a grandes crisis cibernéticas. "Somos un grupo especializado de unas 40 empresas en toda Europa que nos coordinamos para responder a ataques que puedan comprometer a los países miembros o socios estratégicos", concluye Riaño. Es, en definitiva, el paso de la protección corporativa a la defensa de la soberanía digital europea.

Una soberanía que, en última instancia, depende de no bajar la guardia en ningún frente. Porque, como recuerda el responsable del GMV-CERT, “en un entorno donde las organizaciones criminales cuentan con recursos casi ilimitados, la seguridad absoluta no existe; lo que existe es la capacidad de respuesta ante una situación de compromiso”.

Y para Óscar, trabajar en este ámbito significa convivir a diario con la presión y la sensación permanente de alerta. “Es un entorno hostil y en ocasiones de tensión”, reconoce. Pero también asegura que hay una parte profundamente gratificante en esa responsabilidad compartida.

“Cuando conseguimos frenar un incidente o proteger una infraestructura crítica, lo celebramos como equipo”, explica. Porque, más allá de la tecnología y de los protocolos, en el CERT existe la convicción de que su trabajo tiene un impacto real en la sociedad. “Sientes que estás contribuyendo a algo importante, a un bien común” concluye.