De los ríos a la costa: la acuicultura como impulso al empleo en la España rural y litoral
Con una producción de casi 270.000 toneladas, la acuicultura española es referente en innovación, sostenibilidad y también un motor económico y de impulso al empleo. Esta actividad genera más de 8.000 puestos de trabajo directos y más de 20.000 indirectos en nuestro país.
La acuicultura es una actividad del sector primario moderna, tecnificada y esencial para la soberanía alimentaria. Sin ella, llegaría un momento en el que no habría pescado disponible para todos. Pero, además de asegurar el suministro de pescado sin tensionar los ecosistemas naturales, se trata de una actividad económica de gran valor a la hora de dinamizar e impulsar las zonas rurales y litorales.
Solo en 2023, la acuicultura española generó más de 8.000 puestos de trabajo directo y más de 20.000 empleos indirectos asociados al sector. Se trata de un recurso especialmente interesante en localidades pequeñas pues, en muchos de estos casos, la acuicultura es la mayor fuente de empleo y, en ocasiones, incluso la única. España atesora una rica tradición vinculada al agua que la acuicultura complementa hoy, aportando innovación y sostenibilidad ambiental para asegurar el suministro de pescado en el futuro.
Un eje vertebrador del empleo en zonas rurales y pequeñas localidades costeras
Con más de 5.000 establecimientos en mares y ríos, la acuicultura en España dio empleo directo a 8.209 personas en 2023, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA). Además, a los puestos de trabajo directos hay que añadir el empleo indirecto, una cifra que ascendió a 20.554 personas en 2023. En este sentido cabe destacar que, por cada empleo directo correspondiente a la acuicultura, se pueden generar hasta ocho puestos de trabajo indirecto en actividades auxiliares como logística, veterinaria o ingeniería.
A este respecto, conviene subrayar que la acuicultura española está considerada como una de las más avanzadas del mundo y lidera la cosecha en la Unión Europea. En 2024, la cosecha de la acuicultura en España fue de 269.564 toneladas, con un valor de 856,5 millones de euros. Más allá de su impacto económico y su notable volumen de producción, la acuicultura española es referente en innovación y desarrollo científico acuícola, así como por su actuación responsable en materia de sostenibilidad ambiental y bienestar de los peces.
El hecho de que nuestro país sea referente en acuicultura no es casualidad. Si bien es cierto que España tiene una orografía privilegiada, con 8.000 kilómetros de costa y nueve largos ríos, así como un clima diverso que permite el cultivo de diferentes especies, esta calidad de la acuicultura española se debe en gran medida a los profesionales que se dedican a ella, tanto en ríos como en mares y también en tierra firme.
Bautizados popularmente como ‘granjeros del agua’, son profesionales comprometidos con su trabajo y con el propósito de ofrecer alimentos saludables y sostenibles. Así, la acuicultura española se sustenta sobre perfiles especializados diversos a lo largo de toda la cadena de valor, entre los cuales hay biólogos, investigadores, marineros, buzos, ingenieros, veterinarios, técnicos de laboratorio, expertos en nutrición, especialistas en sostenibilidad y seguridad alimentaria. Todos ellos velan por el bienestar animal y la calidad final del pescado que llega al mercado fresco y delicioso.
Precisamente por este amplio abanico de profesionales que intervienen en la cadena de valor de la acuicultura, así como a tenor del creciente volumen de producción y la cada vez mayor relevancia de esta actividad del sector primario, en el ámbito formativo se observan cada vez más títulos, estudios y cursos enfocados ad hoc a este sector.
Se trata de titulaciones con una alta empleabilidad, ya que la demanda de profesionales en la acuicultura no deja de aumentar. Por citar algunos ejemplos, universidades como la de Cádiz, la de Vigo y la de Barcelona, entre otras, disponen de un Grado en Ciencias del Mar. Asimismo, son muchos los centros formativos que cuentan con el Grado Medio de Técnico en Cultivos Acuícolas, así como el Grado Superior en Acuicultura.
Por supuesto, los estudios de biología también entran en esta lista de profesionales implicados en la acuicultura, esenciales para asegurar el bienestar animal, la sostenibilidad de este sector y la constante innovación. A ellos se añaden otros estudios enfocados en la nutrición y la seguridad alimentaria.
En consecuencia, en un país en el que la acuicultura no deja de destacar por su capacidad productiva, su innovación y su impulso al empleo, especializarse en este sector se convierte en garantía de oportunidades laborales. Además, se prevé que esta generación de empleo vaya al alza, teniendo en cuenta que la acuicultura es cada vez más necesaria para asegurar que podamos seguir teniendo pescado disponible preservando los ecosistemas naturales. De hecho, el Banco Mundial estima que la acuicultura podría generar hasta 22 millones de nuevos empleos en todo el mundo de cara al año 2050.
Asimismo, el sector de la acuicultura en España está constantemente innovando e investigando para ser cada vez más eficientes y sostenibles, lo cual agranda la demanda de una larga lista de profesionales especializados, siendo por lo tanto un generador constante de oportunidades de empleo y crecimiento económico en los territorios donde se desarrolla.
Innovación y sostenibilidad en la ‘España vaciada’
La acuicultura genera empleo y constituye una fuente de sustento económico para miles de personas en España. Además, impulsa el desarrollo y la creación de riqueza en los territorios donde se implantan proyectos acuícolas, especialmente en zonas rurales y pequeños municipios costeros, muchas veces afectados por la despoblación.
Pero es importante matizar que la acuicultura no solo actúa como un freno para la despoblación, sino que también es un motor para la generación de nuevos negocios y contribuye al dinamismo de la economía local. No es solo la instalación acuícola en sí misma, sino también esa pescadería del barrio donde encontrar cada día el pescado más fresco, o ese restaurante especializado en el producto local que además es un llamamiento para un turismo ligado al paisaje, la tradición y la gastronomía.
En algunos municipios pequeños, la acuicultura es el motor económico principal (si no el único), demostrando que las zonas rurales –tanto del interior como de la costa– pueden presumir de su pulso productivo. Un ejemplo de ello reside en Carnota, un pequeño municipio costero de Galicia. A pesar de ser una localidad pequeña y con poco más de 3.000 habitantes, cuentan con dos instalaciones de acuicultura que dan empleo a 140 personas y cultivan 2.000 toneladas de rodaballos al año. Además, en esta localidad se encuentra la primera reserva marina declarada en España y recibieron esta declaración cuando la granja de rodaballos ya tenía más de 30 años de andadura, una clara muestra de que la sostenibilidad es un pilar ligado a la acuicultura, pues esta actividad contribuye a la biodiversidad.
Otro caso destacado es Campello (Alicante), un municipio que es referente por sus instalaciones de cría de lubina, dorada y corvina, siendo un apoyo notable para las cofradías de pescadores que son parte inherente de la historia de esta localidad.
No hay duda de que la acuicultura española es un eje vertebrador del empleo en la llamada ‘España vaciada’, dinamizando la economía en las zonas rurales de interior y litorales en riesgo de despoblación. Junto a su impacto en la economía y el mercado laboral, destaca como una actividad de baja huella ambiental, que contribuye al mantenimiento de la biodiversidad y la economía circular, al mismo tiempo que vela por el aseguramiento alimentario global. Todo ello en torno a un alimento y una tradición con mucho arraigo en España en particular y en la dieta mediterránea en general.