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Acuicultura española: la “suerte” que garantiza pescado fresco frente al reto demográfico

Ante el aumento de la población, obtener recursos para alimentarnos a todos se torna una necesidad acuciante. Del mismo modo que necesitamos la ganadería y la agricultura, la acuicultura se erige como imprescindible para el aseguramiento alimentario global.

Alicia Rivera

La sociedad se enfrenta a un reto demográfico en las próximas décadas que tensionará en gran medida los recursos del planeta. Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Tierra alcanzará una población de 9.700 millones de personas en 2050. Y esto supone un problema en clave alimenticia, económica y medioambiental, y ya diferentes organismos han advertido acerca de la escasez de recursos naturales para alimentar a la población mundial.

Ante este paradigma, actividades como la acuicultura se erigen no como una opción, sino como una necesidad para el aseguramiento alimentario global. Desde la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) no dejan lugar a dudas: la acuicultura es la alimentación del presente y también del futuro.

¿Hay suficiente pescado para todos?

El pescado es un alimento estrella en la dieta mediterránea, amén de su excelente valor nutricional. Es fuente de minerales como el calcio, el zinc o el selenio; de vitaminas A, D, E y grupo B; de ácidos grasos poliinsaturados como el Omega-3 y destaca como fuente de proteínas de alto valor biológico. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda un consumo anual de 12 kilogramos de pescado, lo que equivaldría a un kilo al mes, que se traduce en al menos una o dos porciones a la semana. Ahora bien, ¿qué pasaría si cada vez hubiera menos pescado?

Lo que parece una pregunta catastrofista es en realidad una situación que merece atención: la pesca extractiva convencional no puede darnos de comer a todos. Desde hace décadas, los mares y ríos carecen de pescado silvestre suficiente para abastecer a toda la población sin poner en riesgo la biodiversidad. De modo que aquí entra en juego la acuicultura, que nos proporciona ya más del 50% del pescado que ingerimos en todo el mundo. Es decir, si queremos seguir comiendo pescado, necesitamos la acuicultura y las piscifactorías tanto como la pesca.

Si lo pensamos detenidamente, esta situación tiene bastante sentido. Ya sabemos que los recursos naturales de la Tierra son finitos, pero la sociedad ha avanzado lo suficiente para dar respuesta a esta necesidad. Del mismo modo que necesitamos la agricultura para seguir comiendo frutas y verduras, y la ganadería para disponer de otras fuentes de proteína de origen animal como carne y leche, la acuicultura es la respuesta frente a la necesidad actual de contar con un sistema planificado, ordenado, eficiente y sostenible de obtención de pescado. Ya lo adelantó el explorador y oceanógrafo Jaques Cousteau en los años setenta, al defender que “tenemos que dejar de ser cazadores en el mar para pasar a ser agricultores y granjeros, porque eso es la civilización”.

La alimentación del presente y el futuro

Llegados a este punto, quizá resulte conveniente ahondar en qué es la acuicultura. Se trata del cultivo de pescados y algas en mares y ríos, un sistema imprescindible para que podamos continuar comiendo pescado sin forzar los ecosistemas naturales, como complemento a la pesca extractiva.

No se trata de una práctica reciente: la acuicultura existe desde hace más de 4.000 años y, en España, hay constancia de su desarrollo desde hace más de 2.000. De hecho, en nuestro país se conservan vestigios de antiguas piscifactorías romanas en localidades como Calpe, Jávea o El Campello.

Ante el crecimiento acelerado de la población, la acuicultura española se perfila como una solución clave para garantizar la alimentación, al tiempo que se preservan los recursos naturales del planeta. Como en otros sectores alimentarios, España destaca como referente en este ámbito, gracias a la combinación de entornos privilegiados como los más de 8 mil kilómetros de costa y las 9 grandes cuencas fluviales que riegan y llenan de vida toda la península.

A nuestra privilegiada orografía se suman virtudes tales como la tradición y el conocimiento de siglos, dando forma a nuestra rica cultura gastronómica y nuestra célebre dieta mediterránea y atlántica, en la que el alimento no es solo nutrición, sino toda una ceremonia social a la que rendir culto. La ecuación se completa con los excelentes profesionales comprometidos con su trabajo en la acuicultura española, entre ellos biólogos, marineros y acuicultores, quienes cultivan y cosechan los productos marinos y fluviales que consumimos, garantizando que las generaciones futuras puedan seguir disfrutándolos mañana.

Una propuesta de valor alimenticia, económica y medioambiental

Doradas, lubinas, corvinas, rodaballo, trucha arcoíris, lenguado, seriola, esturión (el exquisito caviar), atún rojo, anguila y algas protagonizan la producción de la acuicultura española. Esta suculenta variedad se debe también a la diversidad de los mares y ríos de la geografía española, pues en cada zona se cultivan distintas especies. Pero más allá de los beneficios nutricionales y la sobresaliente calidad y sabor de los pescados derivados de la acuicultura en España, esta entraña también otros puntos fuertes que radican en lo económico y lo medioambiental.

La cosecha de acuicultura en España en 2024 fue de 269.564 toneladas, con un valor de 856,5 millones de euros. Asimismo, la actividad dio empleo directo a 8.209 personas en 2023. España lidera la acuicultura en la Unión Europea, con un peso económico y social tan relevante como el de la pesca extractiva, especialmente en determinadas comunidades autónomas. Con todo, la acuicultura tiene un papel destacado en la generación de empleo, la dinamización de la economía y el mantenimiento de las comunidades costeras y fluviales (con mención especial a las zonas rurales), así como de sus tradiciones culturales cuyo valor es incalculable.

Por último, aunque por supuesto no menos importante, el valor medioambiental de la acuicultura es fundamental. La FAO la defiende como uno de los métodos del futuro para la alimentación del planeta y la lucha contra el hambre, puesto que permite obtener más recursos de nuestros mares, ríos y océanos de manera sostenible. No en vano, se trata de la fuente de proteína animal con menos consumo de recursos y una de las de menor emisión de CO2.

Todo esto señala a la acuicultura como una actividad medioambientalmente sostenible e imprescindible para el presente y futuro de nuestro sistema alimentario. La suerte, además, es contar con una acuicultura como la española, líder y referente europeo en innovación y prácticas responsables, que nos puede garantizar disponibilidad de pescado fresco, seguro y accesible a todos los españoles, sin tensionar los ecosistemas naturales. Así que no, no tendrás que renunciar a comer pescado, ni hoy ni mañana, porque el abastecimiento de este alimento tan sabroso como saludable, por suerte, está asegurado.

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Este contenido ha sido desarrollado por Content Factory, la unidad de contenidos de marca de Vocento, con Apromar. En su elaboración no ha intervenido la redacción de este medio.