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El cuerpo no aguanta bien 8 horas en la misma postura, y la zona lumbar es la primera que lo dice: se carga, se agarrota y al levantarte de la silla lo notas. Detrás vienen el cuello y las piernas.
No hace falta ninguna lesión previa: basta con teletrabajar sentado sin moverte para que la espalda acabe la semana pidiendo tregua.
La solución no es ponerse de pie todo el rato, que castiga por otro lado. Es ir alternando. Y para eso sirve un escritorio elevable como este: subes el tablero, trabajas de pie un rato y lo bajas cuando el cuerpo lo pide.
El motor y las memorias de altura son lo que hace que de verdad lo uses
La clave de un escritorio así no es que suba y baje, sino lo fácil que resulte hacerlo. Con manivela, a los tres días dejas de moverlo por pereza.
Aquí el motor eléctrico y el panel con varias memorias resuelven justo eso: guardas tu altura de sentado y la de pie, y pasas de una a otra con un botón. Cambiar de postura deja de ser una molestia y se convierte en un gesto, así que lo repites varias veces al día sin pensarlo. Ese detalle es el que sostiene el hábito a largo plazo.
Y hay un beneficio extra en poder afinar la altura: sentado, los codos deben quedar a la altura de la mesa, con la espalda recta; de pie, la pantalla a la altura de los ojos para no clavar el cuello hacia abajo. Con las memorias fijas esas dos posiciones buenas una vez y ya no las pierdes.
El tablero de madera viene preensamblado sobre una base metálica, y esa estructura importa más de lo que parece: trabajar de pie sobre una mesa que baila es incómodo desde el primer minuto. Aquí la base aguanta el apoyo sin bailar.
Viene en dos anchos, 120 y 140 cm, y en ocho acabados, así que hay margen para encajarlo en el hueco que tengas y con el resto de los muebles.
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Alternar la postura ayuda, pero no sustituye a levantarse a caminar
Conviene ser honesto con lo que hace y lo que no. Un escritorio elevable le quita horas de carga continua a la espalda, y para quien pasa la jornada entera sentado en casa eso se nota al final del día.
Pero no es una cura. Si ya arrastras una lumbalgia instalada o una hernia, esto no la arregla, y ahí toca pasar por el fisio antes que por la tienda.
Tampoco basta con estar de pie: el cuerpo agradece el movimiento, así que lo ideal es alternar y, además, levantarse a andar un poco cada tanto. El escritorio pone fácil la primera parte; la segunda la pones tú.
Ahora está rebajado, y a ese precio entra dentro de lo razonable para probar si el cambio de postura te sienta bien, sin gastarte lo que pide un modelo de marca. Si dudas con la medida, el de 120 cm cabe en casi cualquier rincón y el de 140 va mejor cuando trabajas con dos pantallas.
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Alejandra Santisteban Guiu
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