Libros, cuadernos y carpetas con nombre impreso: así es la etiquetadora que te ahorra rotular todo
Cabe en una mano, se maneja desde el móvil y deja el material del curso etiquetado antes de la primera clase
¿Cuántos septiembres llevas escribiendo el mismo nombre a rotulador en la esquina de cada libro? El primer libro sale con buena letra, el tercero ya va regular y en el octavo cuaderno aparece un garabato que no lee ni quien lo ha escrito.
Yo lo he hecho en la mesa de la cocina, a las diez y media de la noche, con la lista del colegio al lado y la punta del rotulador ya seca. Por eso me fijé en la NiiMbot B1: una etiquetadora que cabe en una mano y pone el nombre por ti, tantas veces como haga falta.
La NiiMbot B1 imprime el nombre y tú solo pegas
Se empareja por Bluetooth con el móvil, con iOS y con Android. Escribes el nombre una vez en la aplicación de la marca, dices cuántas copias quieres y ya no vuelves a escribirlo. Al ordenador, en cambio, se conecta por cable USB: conviene saberlo antes de comprarla.
La aplicación deja elegir tipo de letra, poner un borde, meter un código QR o uno de barras y añadir una imagen. Para el material del curso basta con el nombre y el curso, pero el código de barras es lo que engancha luego a quien lleva un pequeño taller o vende por internet.
Imprime por calor sobre rollos autoadhesivos, sin tinta ni tóner, igual que el resto de etiquetadoras de bolsillo. El ancho llega hasta 50 mm, así que entra en el lomo de una carpeta, en la tapa de un cuaderno, en el estuche, en la fiambrera y en la botella de agua.
El detalle que más se agradece de noche es otro: la máquina reconoce sola dónde empieza cada etiqueta del rollo, así que no hay que ir colocando el papel una por una. Las tiradas largas salen del tirón y el material de dos hijos se resuelve en una sentada.
Pesa unos 290 gramos y lleva batería recargable, o sea que la llevas tú a la mesa donde están los libros en vez de acercar los libros a ella. Parte de las funciones avanzadas de la aplicación están en la versión de pago. Para poner nombres, la gratuita llega de sobra.
Y en cuanto la tienes en casa, el rollo se acaba fuera del colegio. Las cajas del trastero, los cables de detrás del televisor, los botes de la despensa.
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Por qué compensa, y qué cuesta mantenerla
El argumento no es que te ahorres una tarde de rotulador. Es que el nombre queda legible de verdad: se lee de un vistazo en el fondo de una mochila o desde el otro lado de la mesa, que es justo donde acaban apareciendo las carpetas sin dueño.
La pega está en el consumible. La B1 come rollos de la propia NiiMbot, los compatibles con las B1, B21, B3S y K3, así que hay que contar con reponerlos y no vale cualquier papel adhesivo suelto.
Si prefieres no quedarte corto en octubre, la máquina también se vende en packs con dos o tres rollos, algunos con funda.
Escribes el nombre una vez, sacas las etiquetas que hagan falta y a las once la lista del colegio ya está tachada.
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