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No es cuestión de litros sino de metros: cinco deshumidificadores para cinco casas distintas

El error no es comprar poca máquina: es comprar la máquina de otra casa

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Alejandra Santisteban Guiu

Una casa al 65% de humedad no se ve. Se nota en el armario que huele a cerrado, en el espejo que tarda media hora en despejarse y en la esquina del dormitorio donde la pintura empieza a levantarse

Bajar ese número al 50% arregla las tres cosas sin tocar una pared. Lo difícil es acertar con la máquina: entre un 7MAGIC de casa entera, un Shinco de piso y un compacto de rincón hay diferencias que no se leen en el anuncio.

Litros al día, metros cuadrados y una manguera de por medio

Los litros al día son capacidad máxima en laboratorio, no rendimiento en tu pasillo. Lo que decide es el volumen de aire que la máquina tiene que mover y el tipo de humedad: no es lo mismo un sótano que rezuma todo el año que un baño que se empaña veinte minutos al día.

Por eso estos cinco no compiten entre sí. Cubren cinco casas distintas, y elegir el de la casa del vecino es el error caro de esta categoría.

El otro detalle que casi nadie mira es la salida de manguera. Un depósito lleno significa que el aparato se para, y si se para mientras estás en la oficina, ha trabajado media mañana.

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7MAGIC: 16 litros al día para casa entera

Es la máquina grande del grupo, con 16 L/día y un ventilador de tres velocidades que se queda por debajo de los 500 W. El fabricante la sitúa en superficies a partir de unos 60 m², y ahí es donde tiene sentido: casa completa, sótano, planta baja con humedad de terreno.

Quien la tiene trabajando a fondo cuenta que llena el depósito en cinco horas. Con un depósito de 2,6 a 4 L, eso significa vaciarla dos veces en una jornada si no le pones manguera. Por eso viene con 1,2 m de tubo para dejarla drenando sola.

Trae descongelación automática, filtro lavable y control de humedad objetivo. También modo secado de ropa, que hay quien enchufa de noche para dejar la colada tendida en el sótano.

Lo que no trae es control por móvil, así que la programación se hace en la pantalla táctil y punto.

Shinco SDL5-10D: del 65% al 50% en un piso

Aquí está el aparato de piso normal, el de 10 L en 24 horas y unos 45 m³ de aire, que en superficie se traduce en una habitación grande o un salón pequeño. Lleva humidistato: le marcas el porcentaje objetivo entre 30% y 80% y arranca y para solo, sin que tengas que estar pendiente.

Ese detalle es el que se nota en un piso de 47 m². No seca la casa de golpe; la mantiene estable, que es justo lo que evita el moho de las juntas del baño.

Con 200 W y dos velocidades, se pasa rodando del dormitorio al baño gracias a las ruedas y el asa. Y si salta la luz, vuelve solo a la configuración anterior.

HOMEFISH y el olor a cerrado

Cambiamos de escala. Este es un portátil de 25 W para un dormitorio, un despacho o esa habitación de invitados que se abre dos veces al mes y huele a armario cuando entras.

Su argumento propio no es el caudal, es la función de desodorización, pensada para el olor que deja la humedad antes de que aparezca la mancha.

Y tiene modo nocturno, por debajo de los 55 dB. Eso sí, conviene tomarse en serio el matiz de quien lo tiene en casa: en el modo bajo es muy silencioso, y en el modo alto es un poco ruidoso.

Para una habitación cerrada va sobrado; para una planta entera, se queda corto y se nota.

DWiusty: el espejo del baño, despejado

El baño es un caso aparte. No tiene humedad permanente, tiene picos de veinte minutos después de la ducha, y para eso no hace falta una máquina de casa entera sino una que arranque rápido y no moleste al lado del lavabo.

Este 2 en 1 lo resuelve con 200 W, mando a distancia, temporizador de apagado y un modo reposo por debajo de los 50 dB, que es lo que permite dejarlo funcionando de madrugada.

En la pantalla ves la temperatura y la humedad reales del baño sin adivinarlas, y el tubo de drenaje continuo te ahorra el vaciado del depósito extraíble.

H2102: el armario, la alacena, la autocaravana

Cierra la lista el más pequeño, un compacto de refrigeración termoeléctrica de unos 25 cm de alto que cabe en una balda. Es la respuesta al rincón que ningún aparato grande atiende bien: el altillo, el trastero del patio, la caravana cerrada todo el invierno.

Su terreno lo marca el fabricante en 30 °C y 80% de humedad relativa, es decir, ambiente templado y cargado. Metido en una alacena de patio, hay quien cuenta que en dos días y medio ya tenía agua recogida en el depósito.

Y hay quien va por el segundo, uno en cada armario, para la ropa guardada en invierno.

Septiembre trae la humedad de vuelta

La humedad de interior no llega con el frío, llega con el cambio: las primeras lluvias sobre una casa que lleva tres meses ventilada de par en par. Colocar el aparato en agosto significa tenerlo trabajando antes del primer fin de semana en que no se pueda abrir la ventana.

El precio es el peor criterio posible aquí: la máquina equivocada sale cara aunque cueste poco. Un compacto de balda no salva un sótano, y 16 litros al día en un dormitorio son dinero y ruido de más.

Por eso la pregunta útil no es cuántos litros, sino cuántos metros y qué tipo de humedad tienes delante.

Porque la humedad, cuando gana la carrera, no se queda en incomodidad. Se come la pintura de la esquina, deja la mancha negra en la junta del plato de ducha y estropea la ropa del altillo.

Eso se arregla con brocha y con dinero. El 50% estable, con un enchufe.

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