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Un ventilador de techo reparte el aire por toda la habitación, gasta poco y no te roba el metro cuadrado que ocupa una torre de pie. Y aun así, casi nadie lo pone en el dormitorio.
El motivo es viejo: un armatoste de más de un metro colgando sobre la cama, y encima adiós a la lámpara que ya tienes ahí. Este se salta las dos cosas. Con el ventilador parado, las aspas se recogen dentro del cuerpo y lo que queda en el techo es un plafón redondo de 50 cm. Luz, y punto.
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De lámpara a 107 cm de aspa
En marcha, las aspas se despliegan hasta los 107 cm de diámetro. Esa es la medida de un ventilador de techo de los de toda la vida, el que remueve el aire de la habitación entera en vez de apuntarte a la cara desde una esquina.
De todos los que me he cruzado este año, este es de los pocos que no te obliga a elegir entre tener lámpara o tener aire.
El motor es DC, no el AC de siempre. Declara entre 30 y 60 W y reparte 6 velocidades en lugar de las tres de salto brusco de toda la vida. En un dormitorio acabas usando la primera y la segunda, las que suenan a ruido de fondo y nada más.
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La etiqueta energética, eso sí, se queda en una E
La luz va por su cuenta, con 3 temperaturas de color: la cálida para la noche, la fría para cuando toca buscar un calcetín debajo de la cama.
Mando a distancia y temporizador, que es lo que evita levantarse a las tres de la mañana a apagarlo. La memoria guarda el último ajuste, así que la segunda noche ya no hay que tocar nada.
Y ahora la parte que decide si un ventilador de techo acaba montado o criando polvo en el trastero: el receptor va dentro del motor. En los baratos viene en una caja suelta que hay que embutir en el hueco del plafón. Cuando no cabe, se queda colgando a la vista.
Aquí no hay caja que esconder. Aprovechas el punto de luz que ya tienes y la carcasa del motor se traga la electrónica.
Un sábado, una escalera y un destornillador
Motor DC, receptor integrado y unas aspas que se esconden solas no es lo que uno espera encontrar en la parte baja del catálogo de ventiladores de techo. El cuerpo, encima, es de metal y no el plástico fino que uno se teme a esa altura del listado.
Después está el montaje, que es donde estos ventiladores se ganan o se pierden. Mismo cable, mismo agujero: cambiar la lámpara del dormitorio por esto es una escalera, un destornillador y un sábado por la mañana.
Y desde ese sábado, la lámpara del techo también mueve aire.
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