Cuenta de empresa, cuenta de autónomo o tarjetas de gasto: qué resuelve cada una
No es el mismo producto con distinto cartel: cambian los requisitos, cambia lo que cuesta mantenerla y cambia hasta quién puede abrirla
Bankinter, Abanca y Wallester caben en la misma búsqueda de domingo por la noche, la de cuenta para mi negocio, y ninguna de las tres resuelve lo que resuelven las otras dos. Una cuenta de empresa y una cuenta de autónomo no son el mismo producto: cambian los requisitos, cambia lo que cuesta mantenerla y cambia hasta quién puede abrirla. Con las tarjetas de gasto la distancia es todavía mayor. Vamos por partes.
Más autónomos que nunca, y no todos necesitan lo mismo
España cerró junio con 3.472.460 autónomos afiliados al RETA, según los datos de ATA publicados el 2 de julio: 12.017 más en un solo mes, la mayor subida en un mes de junio de los últimos cinco años, y 46.693 en lo que va de 2026.
Detrás de ese número hay realidades que no se parecen. Está la sociedad que mueve cobros de clientes todos los días, está el profesional que factura a su nombre y quiere que la cuota no se le vaya en comisiones, y está el negocio con equipo al que el dinero se le escapa en gastos pequeños repartidos entre varias personas. Bankinter, Abanca y Wallester responden a una de esas tres, cada uno a la suya, y por eso no se eligen comparándolas entre sí.
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Bankinter — Cuenta Empresa
Esta cuenta se entiende mirando sus umbrales. Bankinter la comercializa dentro del Plan Empresas 0, y para quedarse en ese plan hay que cumplir cada trimestre una de varias vías: 100.000 euros en cobros más tres operativas de pago; 50.000 euros en cobros con tres operativas de pago y un seguro; o mantener saldo, ya sean 50.000 euros en fondos o 100.000 euros en cuentas. Un negocio que factura eso cada tres meses existe y es bastante común. Un profesional que acaba de darse de alta, rara vez. Es una cuenta de empresa y conviene leerla como tal.
Mientras el Plan 0 se sostiene, el mantenimiento y la administración salen a cero, entran 100 transferencias SEPA gratis al mes (a partir de ahí, 1 euro cada una), los recibos domiciliados se pagan a 0,40 euros y el cobro con tarjeta se queda en el 0,45%.
Ese 0,45% es, para un comercio que pasa tarjeta a diario, el número que de verdad decide, bastante más que la comisión de mantenimiento. Los tres primeros meses son gratis y está reservada a clientes nuevos. Si un trimestre no se cumple ninguna de las vías, la cuenta pasa a Plan 10 o a Plan 20: 10 o 20 euros al mes según el caso.
Abanca — Cuenta Autónomos
Aquí el destinatario es el otro: el autónomo o el profesional que factura a su nombre, sin sociedad detrás. No lleva comisión de mantenimiento ni de administración, las transferencias SEPA en euros no urgentes se hacen sin coste desde la app y la tarjeta de crédito no paga comisión de emisión durante el primer año.
No está remunerada, así que el saldo que se quede ahí no rinde nada: es una cuenta para operar, no para aparcar el ahorro. Un apunte por si la buscas y no aparece: Abanca la comercializa con dos nombres, Cuenta Autónomos y Cuenta Clara para autónomos, y son el mismo producto (no la confundas con la Cuenta Clara de particulares, que es otra cosa).
La promoción es lo que la ha puesto en circulación: 500 euros brutos, que se quedan en 405 euros netos una vez pasa por la retención, por domiciliar la cuota de autónomo con un mínimo de 50 euros al mes. Está vigente hasta el 31 de diciembre de 2026. La línea que hay que leer antes de firmar es la permanencia: 24 meses, con reintegro proporcional si se cancela antes de tiempo, de manera que el incentivo se cobra por adelantado pero se gana mes a mes.
Para abrirla hay que ser cliente nuevo, sin domiciliación previa en Abanca en los últimos 12 meses, ser mayor de edad, residir en España y presentar el DNI o el NIE junto a un documento que acredite la actividad.
Wallester — Tarjetas Business
Wallester juega a otra cosa que Bankinter y Abanca, y por eso está en esta selección. No es una cuenta donde domicilias la cuota ni cobras a tus clientes: son tarjetas Visa de gasto, físicas y virtuales, montadas sobre cuentas IBAN multidivisa que prefinancia el propio negocio.
No hay línea de crédito, y por tanto tampoco hay TIN ni TAE que mirar, porque no aplican: se gasta el dinero que se ha cargado antes. Ese es a la vez su límite y su gracia, porque nadie del equipo puede gastar lo que no está provisionado. El plan Free llega hasta 300 tarjetas virtuales sin coste, y por encima están Premium, Platinum y Enterprise, ya de pago. Su web comercial habla siempre de empresas, aunque el contrato admite también, en su cláusula 2.1.3, al autónomo que opera como empresario individual.
Antes de cargar el primer euro conviene tener claro quién hay al otro lado. Wallester AS es una entidad de pago autorizada por Finantsinspektsioon, el supervisor estonio, y no un banco. El dinero que se carga no está cubierto por un fondo de garantía de depósitos: se salvaguarda en cuentas segregadas, separado del patrimonio de la propia entidad.
Es el modelo con el que operan las entidades de pago y está regulado, sencillamente no es lo mismo que tener el saldo en una cuenta bancaria española y merece saberse de antemano. Opera en el Espacio Económico Europeo, España incluida, y también en Reino Unido, Emiratos Árabes Unidos, Singapur, Estados Unidos y Canadá. El alta se resuelve en torno a 24 horas: registro, verificación de la empresa y una transferencia para provisionar los fondos.
Los meses gratis no son el precio de la cuenta
Las condiciones de bienvenida son las que se ven en el escaparate y casi nunca son las que se acaban pagando. En un producto de negocio, el número que decide es el del régimen normal: lo que cuesta el mes trece, el trimestre en el que no se llega al umbral, el plan al que hay que subir cuando el equipo crece y las tarjetas virtuales se quedan cortas.
Los tres primeros meses de Bankinter, los 500 euros brutos de Abanca o el plan Free de Wallester son la puerta de entrada, no la tarifa. La cuenta hay que echarla con el negocio que se espera tener dentro de un año, no con el de esta semana. Y la pregunta útil no es cuál de las tres elegir, sino cuál de los tres problemas se tiene ahora mismo encima de la mesa.
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