475.000 empleos y 25.800 millones de euros: lo que se perdería sin el sector porcino de capa blanca
¿Qué pasaría con nuestros pueblos, nuestra economía y nuestra presencia en el mundo? Las cifras dibujan un escenario que invita a reflexionar.
Siete de la mañana en un pequeño pueblo de la España rural. Hay un silencio atronador. Ningún camión circula por las carretas. Las granjas están vacías. La fábrica de piensos ha cerrado. Las persianas de algunos negocios están bajadas.
Podría parecer el comienzo de una novela distópica, pero es un ejercicio de imaginación que nos invita a plantearnos una pregunta: ¿qué pasaría si mañana desapareciera el sector porcino de España?
El empleo como primer afectado
Si el sector porcino desapareciera de la noche a la mañana, una de las primeras consecuencias se materializaría en el empleo. Personas que trabajan en las granjas, transportistas, veterinarios, agricultores, personal de la industria alimentaria y profesionales de numerosas actividades que dependen directa o indirectamente de este sector, se verían afectados.
Para entender la magnitud de lo que estamos imaginando, basta con mirar las cifras. Según los datos publicados por la Interprofesional Agroalimentaria del Porcino de Capa Blanca (INTERPORC), el sector genera más de 475.000 empleos directos, indirectos e inducidos. INTERPORC es la Organización Interprofesional Agroalimentaria del Porcino de Capa Blanca en España, que trabaja con el objetivo de acercar al consumidor información clara sobre los procesos de producción, los controles existentes y la contribución del sector a la alimentación, la economía y el medio rural.
Un sector clave para la economía
Sin el sector porcino, la economía española se resentiría. ¿Qué ocurriría si, de repente, las granjas dejaran de comprar alimento para los animales, los camiones de transportar mercancías y las industrias de recibir materia prima? Las consecuencias se extenderían a numerosas actividades económicas.
El porcino de capa blanca genera una facturación industrial anual superior a los 25.800 millones de euros, representa el 9,5% del PIB industrial español y aporta 2.245 millones de euros anuales a las arcas públicas en impuestos y cotizaciones. (Fuente: INTERPORC). Y es que detrás de cada granja existe toda una cadena de actividad que comienza mucho antes de que el producto llegue al supermercado.
Combatir la despoblación
El sector porcino es una oportunidad para la España rural. La producción porcina de capa blanca genera empleo directo en granjas e industrias y activa otras profesiones vinculadas al transporte, la veterinaria, el mantenimiento, la alimentación animal, el comercio y los servicios. Esta actividad ayuda a que muchas personas puedan quedarse en su pueblo. Algo totalmente necesario si tenemos en cuenta que entre el año 2000 y 2020, más de 2,3 millones de personas abandonaron las áreas rurales. Además, según el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, el 24,8% de sus habitantes supera los 65 años: uno de cada cuatro.
A estos desafíos se suman los efectos del cambio climático, con episodios extremos que pueden afectar a los recursos agrícolas y ganaderos. Proteger el entorno y fortalecer actividades económicas capaces de generar empleo estable es esencial. De hecho, el 39% de los municipios de menos de 5.000 habitantes cuenta con alguna granja porcina y entre el 43% y el 45% de las granjas e industrias del sector se encuentran en localidades de ese tamaño.
Marca España
Las consecuencias de esta desaparición imaginaria también cruzarían nuestras fronteras. El porcino español tiene una gran presencia internacional: países como Francia, China, Italia, o Corea del Sur forman parte de los destinos del porcino español, que ha conseguido hacerse un hueco en mercados especialmente exigentes gracias a sus controles sanitarios, sus estándares de calidad y la regularidad del suministro.
España es la segunda potencia exportadora mundial de carne de cerdo, con presencia en más de 130 mercados internacionales y alrededor de 2,75 millones de toneladas exportadas, según INTERPORC.
Sin el sector porcino, nos veríamos obligados a renunciar a una parte de la presencia de España en el mundo, a las relaciones construidas con compradores internacionales y al prestigio de un producto que contribuye a proyectar la imagen de nuestro país más allá de sus fronteras. Y es que proteger la competitividad del porcino español es defender un sector estratégico, y al mismo tiempo, preservar empleo, actividad industrial, exportaciones y oportunidades de desarrollo para el medio rural.