De vender proteínas en un gimnasio a facturar millones: el viaje inspirador de Kike Gil
Hay biografías empresariales que se entienden mejor desde su origen modesto que desde la fotografía del presente. La de Kike Gil pertenece a esa categoría.
A los dieciséis años, en el gimnasio del centro de Barcelona al que iba a entrenar, vendía suplementación deportiva a sus compañeros. Compraba en webs especializadas a precios mejores que los de las tiendas físicas y revendía con un margen pequeño pero consistente. Era el negocio típico de un adolescente con olfato comercial, sin pretensiones de futuro. Pero ahí, en aquel pasillo, ya estaba el patrón que iba a definir su trayectoria: detectar una ineficiencia entre el precio al que algo se puede conseguir y lo que la gente está dispuesta a pagar por ello, y meterse en medio.
Casi dos décadas después, ese mismo Kike Gil, conocido en redes como KikeGTR, preside CursosEcom, una empresa con sede en Andorra, plantilla de treinta empleados, almacén operativo de más de 1.300 metros cuadrados en Valencia y más de 10.000 alumnos formados en el mundo de habla hispana.
Es la historia de cómo se construye, paso a paso, un negocio de formación con infraestructura real en un sector donde la mayoría se contenta con vender PDF y vídeos.
El adolescente que vendía proteínas
La cronología la ha contado él mismo en distintas entrevistas. Con dieciséis o diecisiete años vendía suplementación deportiva a sus compañeros de entrenamiento, aprovechando que los precios online ya eran más bajos que los de las tiendas físicas y que contaba con una cuenta VIP con descuentos. Aquel pasillo del gimnasio fue la primera escuela. Una práctica casi artesanal, comprar barato online y vender un poco más caro a quien lo tenía delante, que en realidad encierra toda la lógica del comercio electrónico moderno: arbitraje, gestión de stock mínimo y atención cercana al cliente.
En 2012, con veinte años, abrió su primera cuenta de Instagram, vinculada al mundo del fitness. Le sirvió para empezar a entender el lenguaje de las redes y la mecánica de la audiencia, además de para comenzar a generar ingresos ya más relevantes. Probó otras iniciativas en los años siguientes que no cuajaron demasiado bien. La paciencia del emprendedor temprano se mide en intentos fallidos.
Diciembre de 2017: nace Kike GTR
El siguiente hito en la cronología tiene fecha precisa. Tras varios años con su primera tienda online activa, el 1 de diciembre de 2017 creó su perfil público en Instagram bajo el nombre de @kike_gtr, con la intención inicial de compartir su pasión por el mundo del motor. Tenía entonces veinticinco años y ya conducía coches potentes. Su devoción declarada por los Nissan GT-R le daría el apodo que arrastraría toda su carrera pública. Lo que empezó como un canal de afición sobre coches japoneses iba a convertirse, sin que él lo planeara, en una palanca de notoriedad que más tarde apalancaría todo lo demás.
Julio de 2019: nace CursosEcom
Faltaba el socio adecuado y apareció. Pablo Segon, licenciado en Marketing y Relaciones Públicas, llevaba varios años dedicándose a la creación y gestión de comercios electrónicos y agencias de marketing. Juntaron fuerzas y el 10 de julio de 2019 lanzaron su primera formación de Ecommerce. Esa fecha es el verdadero punto de partida del proyecto que hoy se llama CursosEcom.
Los primeros años fueron de academia online clásica: módulos grabados, llamadas grupales, soporte por correo. La diferencia con el resto del sector vino más tarde, cuando entró un tercer socio: Héctor Blat se incorporó como partner para la integración logística, con un encargo concreto: construir el almacén físico que permitiera a los alumnos vender sin necesidad de adelantar capital en inventario. El proyecto pasaba de academia a infraestructura: en 2022 la academia se rehace, muestra negocios propios y cuenta con la estructura añadida del almacén.
Pablo Segon y Kike Gil
El almacén de Valencia: la apuesta que cambió la categoría
Es difícil exagerar la importancia de aquel movimiento. La mayoría de academias de comercio electrónico viven exclusivamente de la venta de formación. CursosEcom decidió, en cambio, invertir en una nave. Hoy operan desde unas oficinas de más de 200 metros cuadrados en Andorra y un almacén en Valencia, ambas instalaciones visibles en sus redes sociales. El almacén supera los 1.300 metros cuadrados con más de 750.000 euros en stock de más de 150 productos en tendencia, previamente testados, que los alumnos pueden vincular a su tienda Shopify mediante un software desarrollado internamente con una inversión superior a los 200.000 euros. Vender sin haber comprado.
Esa decisión convirtió a la empresa en algo híbrido: en parte academia, en parte proveedor logístico, en parte desarrolladora de software. Tres patas que la diferencian de cualquier academia convencional.
Vendecursos y cifras verificables
En los últimos años, el sector de la formación digital se ha llenado de figuras que prometen libertad financiera con un anuncio de Lamborghini y un PDF descargable. El fenómeno, popularmente bautizado como vendecursos, ha minado la credibilidad de un ecosistema donde sí existen profesionales serios. La crítica más común es la opacidad: promesas grandes, datos pequeños.
CursosEcom intenta diferenciarse en lo contrario. Treinta empleados en plantilla entre las oficinas de Andorra y la nave de Valencia, contando socios fundadores, mentores (mayoritariamente alumnos promovidos), equipo de la academia y operarios del almacén. Más de 10.000 alumnos formados desde 2019 y una valoración de 4,6 sobre 5 en Trustpilot sobre más de 400 opiniones verificadas, infrecuente en una categoría históricamente castigada por valoraciones bajas. A esto se suma un indicador menos publicitado pero relevante: el 70 por ciento de los alumnos llega a montar un proyecto online antes incluso de terminar el curso. La trazabilidad es, en este caso, el argumento.
Conviene matizar que la empresa no está libre de críticas. Existen reseñas negativas y reclamaciones puntuales, como en cualquier compañía con miles de clientes. Pero la masa crítica de valoraciones positivas, la respuesta pública a las negativas y la verificabilidad de los datos materiales sitúan a la firma en otro plano respecto a la oferta de academias de su sector.
Las voces de los alumnos
lo que consiguen sus alumnos. CursosEcom publica los casos con nombre y apellidos en su web y los entrevista en su canal de YouTube.
Tres ilustran bien el rango del fenómeno:
Pedro Crespo llegó desde un sector radicalmente distinto: la mecánica. Partió de cero, tuvo que comprarse un ordenador portátil para poder seguir el curso, dejó su empleo, vendió su coche y se mudó de ciudad con su pareja. Lleva facturados más de 500.000 euros acumulados desde que entró a la formación. Hoy es uno de los mentores activos de la academia.
Ricardo Bellod, de Marbella, tenía veintiún años y ninguna experiencia previa cuando entró. En su segundo mes alcanzó una facturación de 39.721,47 euros con un beneficio neto superior a los 9.135 euros. La historia de su entrada es la del lector típico de este reportaje: vio los vídeos, dudó, investigó la infraestructura y dio el paso.
Carla Nogales, madre primeriza, montó el negocio durante los primeros meses de vida de su hijo. Llegó a facturar más de 20.000 euros mensuales desde el almacén compaginando horas de trabajo con el cuidado familiar. Su caso no es el más rentable de la cartera, pero es probablemente el más demostrativo: si funciona compaginándolo con un recién nacido en casa, funciona.
Los tres comparten un patrón que conviene subrayar: ninguno cuenta su historia como un atajo. Pedro vendió su coche. Carla sacrifica horas de sueño. Ricardo perdió dinero en sus primeros productos antes de encontrar el que triunfó. Lo que hicieron, en común, fue aplicar el sistema con disciplina en lugar de inventarse uno propio.
Por qué el modelo sobrevivirá
La pregunta inevitable, en un sector con tantas caídas como éste, es qué hace que CursosEcom siga creciendo cuando muchos competidores han desaparecido. La respuesta tiene varios componentes.
Primero, la integración vertical. No venden únicamente formación. Venden formación, producto, software y logística. Esa suma de servicios crea valor durante mucho más tiempo que un curso de seis semanas. Un alumno puede seguir usando el almacén dos años después de haber terminado la formación y seguir pagando por ese servicio.
Segundo, el factor humano. Mentorías individuales con personas que viven de lo que enseñan, llamadas grupales mensuales desde Andorra, soporte continuo. No es un producto digital frío sino una academia con servicio.
Tercero, los incentivos alineados. Como los mentores son exalumnos que cobran por acompañar a los nuevos, su credibilidad y la de la academia están vinculadas. Si un mentor fracasa enseñando, pierde su puesto. Si la academia produce malos alumnos, no tiene de dónde sacar mentores. Es un sistema que se autorregula.
Cuarto, y quizá lo más decisivo, la infraestructura física es un activo difícil de copiar. Levantar un almacén de 1.300 metros cuadrados con 750.000 euros en stock requiere capital, tiempo y aprendizaje operativo. El competidor que quiera replicarlo necesita años, no semanas. Esa barrera de entrada protege el modelo.
CursosEcom no es, por tanto, un producto digital aislado: es una empresa con plantilla, oficinas en Andorra, almacén en Valencia, software propio y más de 10.000 alumnos formados. En un sector saturado de promesas y de figuras públicas que duran tres veranos, la diferencia está en lo que se puede ver, visitar y verificar. Kike Gil empezó vendiendo proteínas a sus compañeros de gimnasio, sin saber que esa operación de pasillo encerraba la lógica completa del comercio electrónico moderno. Quince años después, sigue haciendo lo mismo: vender. Solo que ahora también enseña a otros a hacerlo. Y a una escala que ya no cabe en un vestuario de gimnasio.