Un año sin Pedro Gómez, el visionario que equipó a generaciones de alpinistas y a la Familia Real
De una modesta buhardilla madrileña salieron algunos de los primeros sacos de dormir fabricados en España. Al cumplirse el primer aniversario de su pérdida, la firma que lleva su nombre recuerda al aventurero y empresario, pionero en fabricar material técnico que fue todo un referente en la montaña
Pedro Gómez, en el centro, acompañado de Carlos Soria y Antonio Riaño, dos figuras históricas del montañismo español.
En la España de los años cincuenta, cuando el material de montaña apenas se encontraba y casi todo debía importarse a precios elevados, un joven aprendiz de corte y confección comenzó a fabricar sacos de dormir de manera casera. El boca a boca hizo correr pronto la voz sobre la calidad de aquellas piezas artesanales, que protegían muy bien de las bajas temperaturas de las cumbre y eran más asequibles que las que llegaban del extranjero.
Aquel pionero se llamaba Pedro Gómez (Madrid, 1927-2025), un apasionado de la escalada y del esquí de fondo que acabaría equipando a generaciones de montañeros, expediciones españolas y miembros de la Familia Real.
Un año después de su fallecimiento, la firma que fundó bajo su propio nombre, recuerda a uno de los grandes precursores del material técnico alpino en España y reivindica una trayectoria marcada por el esfuerzo, la innovación y el conocimiento directo de la montaña.
De aprendiz de sastre a fabricante de material alpino
Pedro Gómez trabajaba como aprendiz de corte y confección durante la semana y se escapaba a La Pedriza cada fin de semana para escalar, esquiar y mantenerse en contacto con la naturaleza.
De origen humilde y huérfano de padre desde muy joven, tuvo que asumir pronto parte del peso de la economía familiar. También tuvo que ingeniárselas para protegerse de las bajas temperaturas, ya que no podía permitirse el material técnico que se vendía en el extranjero.
La solución fue fabricarlo él mismo. En la modesta buhardilla donde vivía con su madre y su hermana comenzaron a tomar forma algunos de los primeros sacos de dormir elaborados en España. En sus inicios utilizaba como relleno las plumas que conseguía en una pollería del barrio, propiedad de los padres de un amigo de la infancia, apodado «El Huevines». Con el tiempo, aquella solución doméstica dio paso a materiales cada vez más especializados y tuvo acceso a exclusivos proveedores de plumón de pato de Aquitania de Francia, que la marca conserva en la actualidad.
El boca a boca entre los montañeros
La calidad de sus confecciones se impuso pronto entre los aficionados a la montaña y al esquí. Pedro Gómez compaginó durante años su trabajo como cortador de camisas con una intensa actividad deportiva que había iniciado en 1945.
Escaló en La Pedriza, los Alpes y Nepal, y obtuvo reconocimientos nacionales e internacionales en esquí de travesía. Esa experiencia sobre el terreno resultó decisiva para su trabajo: conocía de primera mano las necesidades de quienes se enfrentaban al frío, la nieve y las condiciones extremas.
El éxito de sus productos le llevó a abrir El Igloo, una de las primeras tiendas españolas especializadas en montaña y esquí. Sus plumíferos, morrales, mochilas y sacos de dormir alcanzaron una notable popularidad.
Entre sus piezas más conocidas destacó el saco Caucasiano, utilizado por la expedición española al Cáucaso de 1968 y convertido en una referencia del material de montaña disponible en aquella época.
La reputación de la marca llegó también a la Familia Real española, que se encontraba entre los clientes de sus confecciones.
Luis Alfonso de Borbón, cliente y amigo de la firma, junto a Isabel Martínez Bordiú y José Luis Serrano, CEO de la empresa Pedro Gómez.
Un legado que se lleva por dentro
Con motivo del primer aniversario de la muerte de su fundador, la firma Pedro Gómez ha lanzado una edición especial de chalecos que incorpora en su interior dos imágenes del fotógrafo Jaime Marín, especializado en astrografía y captación del eclipse total.
Las imágenes seleccionadas para este diseño representan el sol y la luna y muestran, en primer término, a un escalador con el característico sombrero que acompañó a Pedro Gómez durante buena parte de su vida.
«Estas dos fotografías no ocupan el exterior de la prenda, sino que permanecen en el interior del chaleco, junto al corazón de quien lo viste», explica Virginia Negral, directora de comunicación de la firma.
El diseño busca evocar el espíritu de las primeras expediciones y el origen del alpinismo, además de recordar la transición de una marca nacida para la alta montaña y convertida también con el tiempo en un referente de estilo urbano.
El característico sombrero que siempre lucía Pedro Gómez en sus aventuras alpinas.
El inseparable sombrero de Pedro Gómez le acompañó durante décadas en sus ascensiones, viajes y encuentros con montañeros de todo el mundo.
Las plumas y los distintivos que fue incorporando a lo largo de los años hablan de refugios, expediciones, clubes alpinos, países recorridos y amistades nacidas en la montaña. Cada insignia guarda una experiencia y una parte de su trayectoria.
La pieza formará parte de un espacio permanente en el Museo de la Montaña de Azpeitia, en el País Vasco. El centro, dedicado a la historia del alpinismo en España, contará con una zona expositiva para algunos de los objetos más destacados del aventurero y pionero del material técnico alpino. Más allá de sus logros profesionales y deportivos, quienes le conocieron recuerdan también su generosidad y su sentido del humor.
Pedro Gómez convirtió la escasez en ingenio, la afición en oficio y una necesidad personal en una firma capaz de acompañar a varias generaciones de montañeros. Su legado permanece ligado a una forma artesanal de entender la confección y a la voluntad de ayudar a otros a llegar más alto.



