Veolia acelera la innovación para un acceso equitativo y sostenible al agua
Con motivo del Día Mundial del Agua, Veolia presenta sus avances en digitalización, regeneración hídrica y vigilancia epidemiológica para garantizar el acceso al agua a todas las personas.
Ecofactoría del Baix Llobregat, en Barcelona.
Hay países donde las mujeres dedican hasta seis horas diarias a buscar agua. España no es uno de ellos, pero lo fue. A mediados del siglo XIX, cuando las redes de distribución domiciliaria eran todavía una promesa, eran ellas quienes cargaban con los cántaros y organizaban la jornada entera en torno a una tarea que hoy resolvemos con abrir un grifo. La conquista del agua corriente fue, entre otras cosas, una revolución silenciosa en la vida de millones de mujeres. Este 22 de marzo, Día Mundial del Agua, Naciones Unidas lo recuerda bajo el lema "Donde fluye el agua, crece la igualdad".
España tiene hoy servicios urbanos de agua de calidad reconocida, pero también uno de los índices de estrés hídrico más altos de Europa. El cambio climático lo complica: sequías más largas, lluvias torrenciales más violentas y una presión creciente sobre las comunidades con menos recursos para adaptarse. La escasez no distribuye sus consecuencias de forma homogénea. Nunca lo hace.
Tarifas sociales antes de que la ley las exigiera
Frente a este escenario, Veolia –referente global en servicios de agua, energía y residuos, con décadas de operación en España– ha asumido que gestionar bien el agua incluye gestionar a todos los colectivos. Su posición en el sector combina capacidad operativa, conocimiento técnico y tecnología propia, pero también un compromiso que antecede a la obligación normativa: en 2012, cuando la legislación española aún no contemplaba medidas específicas de protección para los hogares con menos recursos, la compañía ya tenía en marcha fondos y tarifas sociales para garantizar el suministro a familias en situación de vulnerabilidad.
Sobre esa base, Veolia ha desarrollado un modelo de acción social articulado en torno a tres ejes: generación de oportunidades educativas, mejora de la empleabilidad y creación de comunidades sostenibles. Una de las herramientas centrales de este modelo son los pactos sociales, espacios de participación con agentes sociales, instituciones y entidades locales que permiten ajustar la respuesta a los problemas concretos de cada territorio. Municipios como Huelva, Palencia o Murcia llevan ya años trabajando con este esquema.
En esa misma línea, desde 2020, la compañía impulsa junto a Cruz Roja el programa OLA, que ofrece itinerarios personalizados de inserción laboral a personas beneficiarias del fondo social del agua. Su metodología se apoya en cinco pilares: cobertura de necesidades básicas familiares, acompañamiento psicosocial, servicios de empleabilidad, coordinación municipal y evaluación del impacto. En 2025, el 82% de sus participantes fueron mujeres.
Sesenta millones de datos al día
Garantizar el acceso al agua no depende solo de quién puede pagarla, sino también de que las redes que la distribuyen funcionen sin fallos. Para abordar esa dimensión, Veolia ha apostado por la digitalización como palanca de gestión. Su ecosistema tecnológico Hubgrade procesa más de 60 millones de datos de telelectura cada día, lo que permite detectar anomalías, anticipar averías y mejorar el servicio. Los gemelos digitales replican virtualmente las infraestructuras para simular escenarios con antelación. Los sensores hacen el mantenimiento predictivo, no reactivo.
En el marco de esa apuesta tecnológica, Veolia ha obtenido los mejores resultados del sector privado en los PERTEs de digitalización del agua, proyectos estratégicos cofinanciados por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) con fondos europeos NextGenerationEU. En total, 17 proyectos que alcanzarán a 6.208.918 habitantes en 209 municipios –desde Barcelona y Alicante hasta Ourense o Badajoz– y crearán 1.457 nuevos empleos.
Centro Hubgrade.
De residuo a recurso: la segunda vida del agua
Digitalizar las redes mejora su rendimiento, pero no resuelve el problema de fondo: en un país con estrés hídrico creciente, la pregunta no es solo cómo distribuir mejor el agua disponible, sino cómo ampliar esa disponibilidad. En esa dirección apunta la transformación de las antiguas depuradoras en ecofactorías: instalaciones que no solo tratan el agua residual, sino que la regeneran para reutilizarla, extraen valor de los residuos, producen energía renovable y protegen la biodiversidad del entorno. La Ecofactoría del Baix Llobregat, en Barcelona, y la Ecofactoría BioSur, en Granada, son dos ejemplos de este modelo en funcionamiento.
Junto a la regeneración, la desalinización sigue siendo indispensable para los territorios con mayor escasez estructural. En 25 años, Veolia ha logrado reducir el consumo energético de estos procesos en un 85% y abaratar el coste del agua desalinizada en un 90%, convirtiendo una tecnología antes considerada marginal en una herramienta central para diversificar el abastecimiento.
Ecofactoría BioSur, en Granada.
Vigilancia epidemiológica de aguas residuales
Más allá de la cantidad y la distribución, la calidad del agua es también una cuestión de salud pública. El análisis de aguas residuales permite detectar patógenos, virus o contaminantes emergentes antes de que aparezca el primer caso clínico. En 2025, la Agencia Ejecutiva Europea de Salud y Digital (HaDEA) seleccionó a Veolia para supervisar la monitorización de patógenos en el marco del programa EU4Health. Durante tres años, sus laboratorios en España analizarán hasta 500 muestras de ciudades europeas, con más de 500 análisis por muestra para detectar virus, bacterias, residuos farmacéuticos y contaminantes emergentes, estableciendo un sistema de alerta temprana ante futuras pandemias.
En conclusión, frente a la creciente presión sobre los recursos hídricos, la seguridad ecológica se ha vuelto inseparable de la equidad. Asegurar que el agua llegue a todos, en cantidad y calidad suficientes, requiere tecnología avanzada, pero también precisa que quienes más dependen de ese recurso tengan voz en cómo se gestiona. Cuando esas dos condiciones se cumplen, los servicios mejoran para todos.