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La acuicultura española en la dieta mediterránea: un pilar nutricional imprescindible

Un recorrido por el valor nutricional del pescado de acuicultura y su papel en la dieta tradicional española

Juanjo Villalba

Sabías que más del 50% del pescado que comemos a nivel mundial proviene ya de la acuicultura, es decir, de su cultivo? ¿Y que, en 2030, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), este porcentaje aumentará a más de un 65%?

Aunque estas cifras nos puedan sorprender, hay una realidad incontestable: sin el cultivo de pescado sería imposible mantener el consumo habitual recomendado de este alimento para una dieta equilibrada y saludable, como nuestra dieta mediterránea.

Gracias al cultivo controlado de especies como la dorada, la lubina, la trucha arcoíris, el rodaballo, el atún rojo o la corvina, hoy en día todos podemos acceder a pescado fresco, seguro, asequible y con un alto valor nutritivo durante todo el año. En este sentido, la acuicultura española es ya una herramienta fundamental para garantizar este tipo de alimentación saludable, accesible y respetuosa con el planeta.

Proteínas de alta calidad: un motor para el cuerpo

El pescado de acuicultura española tiene tantos (o incluso, a veces, más) nutrientes esenciales que el pescado silvestre proveniente de la  pesca convencional. 

Al igual que este, es una fuente excelente de proteínas de alto valor biológico, es decir, aquellas que contienen todos los aminoácidos esenciales que nuestro cuerpo no puede producir por sí solo. Este tipo de proteínas favorecen el desarrollo muscular, la reparación de tejidos y el correcto funcionamiento del sistema inmunitario de nuestro organismo.

Además, al tratarse de proteínas magras, tienen un contenido graso muy bajo, lo que las convierte en una opción ideal tanto para personas activas como para quienes quieren cuidar su salud cardiovascular, o su peso, sin renunciar al sabor ni a una digestión ligera. 

Esto está contrastado también por la evidencia científica. Según datos de la Fundación Dieta Mediterránea, el pescado de acuicultura es una de las mejores fuentes de proteína animal disponibles hoy en día.

Omega-3: mucho más que “grasa buena”

Uno de los mayores tesoros del pescado de la acuicultura española es su elevado contenido en ácidos grasos omega-3, especialmente el EPA (ácido eicosapentaenoico) y el DHA (ácido docosahexaenoico). Estos dos compuestos tienen beneficios científicamente probados en la prevención de enfermedades cardiovasculares, la reducción de la inflamación y el buen funcionamiento del cerebro.

El DHA, por ejemplo, es clave para el desarrollo neurológico en la infancia y para mantener una buena memoria en la edad adulta. Por eso, el consumo habitual de pescado rico en omega-3 está recomendado en todas las etapas de la vida.

Las especies cultivadas en España —como la lubina o la dorada— contienen niveles estables y adecuados de estos ácidos grasos, gracias a una alimentación cuidadosamente formulada para mantener el perfil nutricional óptimo del pescado, sin alterar su sabor ni su textura.

La tradición también se cultiva: platos con pescado de acuicultura

Pero más allá del análisis o del perfil nutricional, que el pescado sea accesible para todo el mundo gracias a la acuicultura española es importante porque constituye un pilar fundamental de la cocina española y, por extensión, de la dieta mediterránea. 

Las especies más habituales en las instalaciones de nuestro país, como la lubina, la dorada, la corvina, el lenguado, el rodaballo, el atún rojo o la trucha arcoíris, forman parte desde hace muchos años del recetario tradicional español.

Una dorada a la sal, por ejemplo, es un clásico de la cocina mediterránea que hoy podemos disfrutar en casa sin necesidad de esperar a la temporada de pesca, que tiene lugar entre septiembre y noviembre. 

La lubina al horno con patatas y cebolla, un plato de domingo por excelencia en muchos hogares españoles, llega a nuestros mercados a precios asequibles gracias al trabajo del sector acuícola. 

En el sur, no faltan versiones de corvina guisada con azafrán o a la marinera. Y en el norte, la trucha a la navarra o a la riojana, con jamón y frita entera, es una receta clásica que podrán seguir disfrutando nuestros nietos.

Incluso, si nos centramos en cocina más moderna e internacional, pero que cada vez está más integrada en nuestro día a día, el pescado de acuicultura española se presta perfectamente a preparaciones como el ceviche de lubina, el tataki de atún rojo o los tacos de corvina. 

Gracias a su frescura y a su regularidad en el mercado, este alimento es cada vez más valorado por restauradores y chefs de renombre en la alta gastronomía.

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