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Lozano Sidro y Priego de Córdoba
SE cumplen en este 2010 setenta y cinco años de la muerte de Adolfo Lozano Sidro, pintor nacido y fallecido en Priego de Córdoba, cuyo prestigio alcanzó nivel nacional, gracias, principalmente, a su capacidad como ilustrador: desde 1904 hasta su inesperada muerte en 1935, trabajó para la revista Blanco y Negro y el diario ABC, siendo considerado como uno de los cronistas más importantes de su época. Su localidad natal lo recuerda y mantiene viva su obra.
Es Priego uno de los pueblos más bellos e importantes de Córdoba. No sabría uno qué destacar primero, si la blancura y los vericuetos de su barrio de la Villa; el espléndido mirador del Adarve sobre el río Salado; el barroco por doquier, llevado al cénit en el Sagrario de la iglesia de la Asunción y en las portadas y rejas de la calle Río; su pequeño imperio de aldeas y sierras; la mole de la Tiñosa, el pico más alto de Córdoba; o su eterna alianza con el agua, mostrada en la incomparable Fuente del Rey con sus ciento treinta y nueve caños y en el paso de las Angosturas.
Priego tiene una rica historia. Por su privilegiado emplazamiento fue, primero, defensa del reino de Granada y, después, posición avanzada de la frontera frente al reino nazarí y cabecera del rico marquesado al que dio nombre. Luego, en el siglo XVIII, fue capital mercantil de la seda y sus tafetanes llegaron hasta Inglaterra, prolongándose hasta hoy la potencia de su industria textil. Notables prieguenses fueron el padre Andrés Cazorla, el virrey José Antonio Manso, el arzobispo Antonio Caballero y Góngora, el político Niceto Alcalá Zamora, el pintor Antonio Povedano y, por supuesto, Adolfo Lozano Sidro
Lozano Sidro nació en 1872, en una casa de la calle que actualmente lleva su nombre. Estudiará bachillerato en el Aguilar y Eslava de Cabra hasta 1885, cuando su padre, promotor fiscal, es trasladado a Málaga. Allí prosigue su formación básica, aunque ya se había despertado de un modo vocacional su pasión por la pintura. Con tan solo quince años consta inscrito en la Academia Provincial de Bellas Artes de Málaga, siendo su maestro Moreno Carbonero. En 1890 la familia marcha a Granada y obliga a Adolfo a matricularse en Derecho, pero éste logra integrarse en los círculos artísticos granadinos.
Su vocación le lleva en 1892 a Madrid. Con una escasa aportación económica por parte de la familia, prosigue sus estudios allí con Moreno Carbonero y Sorolla. Comienzan pronto a llegarle reconocimientos, el primero la mención de honor en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1897 con su cuadro «Santa Teresa de Jesús a los pies de Jesús» e inicia numerosas exposiciones.
Entre 1902 y 1904 concurre al concurso de portadas que convoca la empresa Prensa Española, editora de Blanco y Negro y ABC y logra la plaza en ese último año. Se calcula que el número de ilustraciones de Lozano Sidro en ambos medios es de seiscientos treinta y siete, en las que demuestra un gran dominio del color, ofreciendo una visión de la sociedad de la época captada de forma pura y objetiva. A petición de la nieta de Juan Valera, en 1924 ilustrará con veinte acuarelas la novela «Pepita Jiménez», consolidándose su fama de ilustrador.
Dentro de la estética modernista, se convirtió en cronista gráfico de su época. Capta maravillosamente y descubre el periodo brillante de las fiestas de la clase alta madrileña, la elegancia de interiores y vestidos, describiendo con sus pinceles cada detalle, cada lentejuela y satirizando aquella sociedad decadente. Y en los veranos regresaba a Priego y sus pinceles pasaban a describir con la misma maestría y lujo de detalles cortijeros, aldeanos, ferias, estaciones de ferrocarril o mendigos.
Desde 1994, Priego de Córdoba mantiene el Patronato Municipal Adolfo Lozano Sidro, con un Museo en la casa del pintor, una Escuela de Artes Plásticas y un Premio Nacional de Pintura.
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