El presidente de EE.UU., Barack Obama, y su homólogo ruso Dmitri Medvedev, hoy en el castillo de Praga / AFP
Actualizado Viernes , 09-04-10 a las 11 : 38
"Un mundo sin armas nucleares". Eso es lo que Barack Obama prometió la pasada primavera en Praga. Una promesa que, obviamente, está muy lejos de cumplirse. Un año después el presidente de EE.UU. ha vuelto a la ciudad para firmar un nuevo tratado de desarme que seguirá sosteniendo un mundo con miles de armas nucleares.
Bajo el nuevo Start ambas potencias limitarán las cabezas nucleares a 1.550 cada uno, aunque seguirán teniendo otras miles que el pacto no contempla. Así las cosas, la pregunta que se hacen medios estadounidenses como "The New York Times" es: "Casi dos décadas después del final de la guerra fría, con el terrorismo islámico como la gran amenaza en sustitución del régimen soviético... ¿por qué sigue necesitando el mundo tantas armas nucleares?".
Para quienes abogan por el control del armamento la respuesta es clara: el mundo actual no las necesita. Por eso están decepcionados con el "modesto paso" dado por el presidente Barack Obama. En el polo opuesto se sitúan los halcones de la seguridad nacional, convencidos de que EE.UU. todavía necesita una fuerza nuclear robusta que nadie se atreva a desafiar.
Obama reconoció esta semana sus dudas de ver eliminadas las armas nucleares mientras viva. Y desde luego siempre habrá líderes políticos en Washington que se opongan mientras Rusia no lo haga al menos al mismo tiempo. "El presidente es realista y sabe muy bien que puede dar 10 discursos más en Praga, pero no logrará nada si no consigue que el Senado lo ratifique", recuerda George Perkovich, experto en control de armas del Carnegie Endowment for International Peace (la ratificación del Senado requiere 67 votos, y eso incluye a los republicanos).
El "histórico" tratado firmado hoy por Obama y Medvedev limita su arsenal nuclear al nivel más bajo del último medio siglo, además de iniciar una nueva relación entre Moscú y Washington tras la tensión vivida en agosto de 2008 durante la guerra de Georgia.
Y aunque ambos mandatarios han firmado el tratado, no se han puesto de acuerdo en los planes americanos de levantar un escudo antimisiles en Europa para contener la amenaza iraní. Obama de hecho se ha negado a incluir las limitaciones en este sentido que pedía Rusia, un punto que ha amenazado la firma hasta el último momento.
El resumen del tratado es que limita las cabezas nucleares a 1.550 cada uno, respecto a las 2.200 que permitía el Tratado de Moscú firmado en 2002 por George W. Bush. También limita a 800 lanzaderas, respecto a las 1.600 bajo el Start de 1991.
Críticas en Rusia y en EE.UU.
Pero el pacto deja fuera algunas categorías de armas como las miles de cabezas estratégicas y tácticas, algunas de ellas todavía instaladas en Europa. Lo que sí restablecerá son las inspecciones que se detuvieron en diciembre, al expirar el anterior tratado.
Obama debe ahora regresar a Washington y convencer a los senadores para que ratifiquen el nuevo Start. La Casa Blanca cuenta para ello con el apoyo de Richard G. Lugar, senador republicano por Indiana del Comité de Relaciones Exteriores. Otros, como Jon Kyl de Arizona, ya han expresado su preocupación por limitar la defensa del país. Eso y la polarización en el Congreso pueden aplazar la votación hasta después de las elecciones legislativas de noviembre en EE.UU.
En Europa, Obama intentará contentar a todos en la cena preparada hoy en Praga con 11 líderes de Europa del Este (los mandatarios de Bulgaria, Croacia, República Checa, Estonia, Hungría, Latvia, Lituania, Polonia, Rumanía, Eslovaquia y Eslovenia). Además, antes de viajar llamó al presidente de Georgia, Mikheil Saakashvili, para asegurarle de que podía seguir contando con el apoyo de EE.UU.
La otra firma en el tratado, la del ruso Dimitri Medvedev, también se enfrenta a las críticas en su país. En Moscú creen que Rusia ha hecho demasiadas concesiones y ha fallado en imponer límites a los planes de EE.UU. para levantar un escudo antimisiles en Europa. Tampoco ha gustado a los rusos ese cambio que hará más fácil para el Pentágono almacenar sus cabezas nucleares y volver a montar su arsenal cuando sea necesario. Otros van más allá, preguntándose si todo el desarme posterior a la guerra fría, incluyendo el ahora caducado Start de 1991, ha servido a los intereses rusos.

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