Actualizado Miércoles, 20-05-09 a las 14:38
La Ley del Aborto está levantando muchas ampollas en el Grupo Socialista . No son pocos los que han elevado su voz contra la futura ley que permitirá, entre otras cosas, a las adolescentes de 16 años abortar sin el consentimiento de sus padres.
El último en susmarse a las voces críticas ha sido el ministro de Educación, Angel Gabilondo.
Sobre la posibilidad de que las chicas de 16 y 17 años aborten sin consentimiento paterno, el ministro ha dicho que, aunque «ellas son las que han de tomar la decisión, y sobre esto hay unanimidad, es muy importante que tengan próximo a alguien que les pueda asesorar y ayudar». «Es lo que todos buscamos y deseamos que ocurra y de hecho se está trabajando en la dirección de que se propicie ese encuentro», ha señalado.
En esta línea se mostró el secretario general del grupo parlamentario socialista, y número dos en la candidatura del PSOE para las elecciones europeas, Ramón Jáuregui quien discrepa de la ley y pide conocimiento paterno en el caso de las adolescentes.

Uno de los más críticos ha sido el presidente castellano-manchego, José María Barreda, quién afirmó que «sin el consentimiento de sus padres». «No me parece bien».
Es cierto que Barreda piensa más como padre que como político y afirma que «porque soy padre y no concibo que si mi hija estuviera en ese supuesto no se comunicara con su madre y conmigo».

Pero en este tema, dentro de las filas socialistas, la paternidad se considera un grado y entre bambalinas no son pocos los que piensan en las titulares de Igualdad, Sanidad y en la Vicepresidenta Fernández de la Vega.
Otra de las grandes voces socialistas, el ex presidente extremeño Juan Carlos Rodríguez Ibarra, mostraba el pasado mes de febrero, su plena disconformidad con la reforma de la ley del aborto. Ibarra se preguntaba en por qué «si las menores pueden abortar, no pueden votar».En opinión del ex presidente extremeño, «no parece razonable que la ministra (de Igualdad) pretenda eliminar la responsabilidad tutora a los padres». «No creo que ningún padre o madre entienda que en ese proceso, traumático, doloroso e irreversible, su hijita, su pequeña niña de 16 años, se encuentre sola, aunque una ley la protegiese», añadía Ibarra.
El ex presidente de Extremadura dijo también que «la inestabilidad de esa etapa de la vida» podría desaconsejar la legalización del aborto sin el consentimiento paterno a tan temprana edad. También alegaba Ibarra que «los efectos que produzca la decisión de abortar son irreversibles, no tienen marcha atrás ni posibilidad de ser corregidos en años posteriores».

Un alto cargo no descartaba ayer a ABC que, en la tramitación parlamentaria, cuando se modifique el artículo 9 para eliminar el «consentimiento» paterno escrito, se incluya al tiempo algún tipo de «conocimiento» del padre y/o la madre. Ayer lo insinuó el ministro de Fomento, José Blanco, a pesar de que a él no le gustaría «que mi hija estuviera en unas circunstancias de tener que interrumpir el embarazo y no lo consultara conmigo».
Los dirigentes socialistas son conscientes de que no sólo los presidentes de Castilla-La Mancha y Extremadura, José María Barreda y Guillermo Fernández Vara, o el ex presidente extremeño Juan Carlos Rodríguez Ibarra se han mostrado en contra de eliminar cualquier tipo de intervención paterna. Ayer, el diputado por Granada y miembro de Izquierda Socialista José Antonio Pérez Tapias ratificó su oposición. En privado, otros parlamentarios corroboran la opinión de Tapias. El asunto es que quienes piden, al menos, algún tipo de información a los padres de una menor, chocan con la opinión de parte de la dirección socialista, empezando por Zapatero, informa G. SANZ.
«El problema -advertía un veterano diputado socialista-, es que en la mayoría de los casos las adolescentes de 16 años viven en casa con sus padres y estos siguen siendo sus responsables para multitud de aspectos de la vida ¿Qué pasa si, durante el aborto, surgen complicaciones quirúrgicas? ¿Tampoco va a llamar el médico a los padres?», se preguntaba esta fuente. En la dirección socialista se asiste con cierto asombro al debate y se cree que el Gobierno debe replantearlo porque «los estamos enfocando mal».

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