Viernes, 15-08-08
Científicos de diversas universidades han colaborado para confeccionar el mayor mapa genético de Europa, según publica esta semana «Current Biology». El proyecto, en el que ha participado el biólogo David Comas, de la Universidad Pompeu Fabra, expone las diferencias y similitudes entre las 23 poblaciones estudiadas procedentes de todos los puntos del continente. Para trazar el mapa vectorial se han observado 500.000 marcadores genéticos de un total de 2.514 individuos por medio de un complejo análisis informatizado. El objetivo, según los expertos implicados, era conocer el origen de los ciudadanos europeos, así como comprobar la separación genética entre ellos.
Como se puede comprobar en el gráfico inferior, el plano genético detallado por naciones guarda gran similitud con el mapa político de Europa. De este modo, concluye el equipo de investigación, hay una relación, directa y comprobada, entre la proximidad genética y la geográfica. «La diferencia genética es escasa, pero existe una clara estructura geográfica, sobre todo al comparar el norte, más diverso, con el sur», indica Comas a ABC.
Este fenómeno se puede explicar echando mano de la Historia. Hace 40.000 años los primeros seres humanos modernos llegaron a Europa. Con el retorno de los glaciares, los colonos tuvieron que abandonar sus asentamientos en busca de zonas más cálidas que garantizasen su supervivencia. Una vez superado este convulso periodo, ya en el Mesolítico, diversos pueblos regresaron al norte del continente para repoblarlo, confluyendo en las zonas de mayor riqueza natural y favoreciendo, fruto del mestizaje, la diversidad genética.
Barreras genéticas
El mapa identifica también dos barreras dentro de las fronteras europeas. La primera, bien visible, la representa Finlandia. «Es un caso especial. Los individuos fineses tienen particularidades genéticas, seguramente por relacionarse con habitantes procedentes de Siberia. -precisa Comas- En cualquier caso son los europeos más distintos al resto». El estudio argumenta, además, que el pequeño número de finlandeses, así como su lejanía geográfica, propició una expansión local que les permitió conservar genes atípicos.
La segunda barrera, que a su vez sirve de punto de inflexión en el eje norte-sur, son los Alpes. La dificultad que suponía en el pasado vadear las escarpadas cimas alpinas segregó a los italianos de los demás europeos. La circunstancia influyó más en primera muestra (IT1, representada en amarillo en el gráfico) que en la segunda (IT2), obtenida de individuos más cercanos a Francia y Austria. Aunque el caso no es tan extremo como el finlandés, sí se puede observar cierta distancia genética entre una buena parte de los habitantes del sur de Italia y el resto.
El caso español
En nuestro país se han realizado 131 análisis de ADN, 83 procedentes de la zona centro (ES1) y 48 de la noroeste (ES2). Ambas muestras presentan una importante coincidencia genética entre sí, aunque los resultados resaltan gran afinidad con los portugueses en el sector ES1, mientras que el sector ES2 queda más relacionado genéticamente con Francia.

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