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Estos son los peligros de la sobreexposición de la juventud en internet

Los jóvenes comparten online el 61% de sus datos personales, pero ¿conocen ellos y sus padres los riesgos que supone airear su imagen y sus rutinas en la red?

Ana López-Varela

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Las nuevas generaciones están creciendo en las redes sociales. Literalmente. En muchos casos, su relación con internet se establece incluso antes de su nacimiento, con la divulgación de una primera ecografía que granjea a sus padres más likes de los habituales. La mayoría de progenitores registran cada pequeño avance de su bebé y lo comparten orgullosos en las redes. Unas veces como una simple muestra de su felicidad, otras compartiendo sus reflexiones y dudas sobre salud, alimentación o educación infantil, la mayor parte de ellas… por diversión y costumbre. Y no dejan de hacerlo por mucho que sus retoños vayan cumpliendo años. ¿Quién no ha publicado en Instagram fotos de sus hijos en su primer día de colegio o presumido de sus logros deportivos en Facebook? ¿Quién no ha recibido por Whatsapp un audio del villancico de sus sobrinos o compartido un vídeo con la ocurrencia de un pequeño desconocido al que alguien grabó y hoy es viral y hace reír a miles de usuarios en Twitter?

Los adolescentes y jóvenes de hoy arrastran una identidad digital que en gran medida no han labrado por sí mismos. Son fruto de años de sobreexposición de su vida por parte de su entorno familiar. Allá por 2013, una encuesta de la empresa de seguridad informática AVG realizada en 10 países, entre ellos España, revelaba que el 81% de los bebés tenían algún tipo de presencia en internet al cumplir los seis meses. El estudio arrojaba datos como que el 7% de los menores de dos años tenía una cuenta de correo electrónico creada por sus padres y que el 5% disponía de su propio perfil en alguna comunidad virtual. Unas realidades que en los últimos siete años no han hecho más que fortalecerse.

Un 61% de los jóvenes comparte vídeos privados y confidenciales y fotos de terceros

El oversharing, término que la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) define como la “tendencia a compartir excesiva información personal online”, es algo cotidiano. Según un estudio de la compañía Nominet, en Reino Unido, los padres postean en redes sociales alrededor de 200 fotografías anuales de sus hijos menores de 5 años. Esto significa que al cumplir un lustro, circularán 1.000 imágenes de cada uno de esos niños por internet. Así, los menores, que han crecido expuestos en la red se abrazan a esta práctica con normalidad. Cada vez tienen su propio móvil a una edad más temprana y, como los adultos, van dejando constancia de cada una de sus rutinas en sus perfiles. Y la actividad se incrementa conforme se hacen mayores. Según el informe My Precious Data: Stranger Danger de Kaspersky Lab, los jóvenes comparten online el 61% de sus datos personales. La investigación muestra que la mayoría (93%) de las personas comparte su información de forma digital, de ellos, un 61% comparte vídeos privados y confidenciales así como fotos de otros en las redes sociales.

Lo que muchas familias no se paran a pensar es que, pese a los filtros de privacidad –que generalmente no tenemos bien ajustados–, el control sobre el uso de cualquier contenido compartido en internet se pierde una vez publicado. El 11 de febrero se celebró el Día Internacional de la Internet Segura y plataformas como Por un uso Love de la Tecnología, de Orange, quieren seguir concienciando a padres e hijos sobre la importancia de hacer un uso seguro y responsable de la tecnología para que todos consigamos evitar, por ejemplo, los riesgos que puede conllevar airear nuestras rutinas en redes sociales, especialmente para los más pequeños de la familia. ¿Somos conscientes de los riesgos que asumimos con esta práctica? Esas imágenes que muchos piensan que quedarán limitadas a su círculo más íntimo podrían tener un radio de alcance mucho mayor. Y no se trata sólo de la imagen sino de todos los datos que aportan a perfectos desconocidos. El nombre de su centro escolar, sus aficiones, los sitios que visitan, detalles sobre el interior de sus viviendas, selfies en posturas precozmente sensuales… Información y contenidos que pueden ser aprovechados con fines delictivos.

La usurpación de identidad y el uso de fotografías de menores como material pornográfico son sólo dos de los peligros posibles. Los daños a su reputación digital es otro habitual. El estudio Not at the dinner table: parents and children’s perspectives on family technology rules, elaborado por las universidades de San Francisco y Michigan, asegura que el 56% de los padres comparte información potencialmente vergonzosa de sus hijos y un 27% cuelga fotos inapropiadas de ellos”.

El 81% de los bebés tenían algún tipo de presencia en Internet al cumplir los seis meses

Cinco razones para no compartir fotos y vídeos online

Los expertos de la plataforma is4K (Internet Segura For Kids), enumeran algunos de los riesgos derivados del uso de las tecnologías y la sobreexposición en redes. El primero es que gracias al afán desmedido de compartir nuestras vivencias en las redes sociales alguien podría acabar suplantando nuestra identidad o la de nuestros hijos. “La suma de todas esas publicaciones pueden ayudar a crear un perfil sobre quiénes somos, dónde vivimos, qué nivel de vida llevamos, cuáles son nuestra aficiones, qué sitios frecuentamos, etc”, explican.

Los adolescentes de hoy arrastran una identidad digital que no han labrado por sí mismos. Son fruto de años de sobreexposición de su vida por parte de su entorno

De igual modo, lo que hoy es un recuerdo preciado para los padres –un momento bonito e incluso gracioso– puede que el día de mañana no se lo parezca a nuestro hijo, resultándole embarazoso. Además, partiendo del material comprometido que se haya podido compartir, los menores podrían acabar siendo “víctimas de memes y montajes fotográficos que los ridiculizan derivando en situaciones de bullying ciberbullying”.

Además, hay que tener especial cuidado con los desnudos de menores en internet. Lo que para uno es una tierna instantánea de un niño en la bañera para otros es material pornográfico. Un pedófilo podría utilizarlas para sus propósitos. Esas imágenes inicialmente inocentes de adolescentes y jóvenes también pueden ser el detonante de situaciones peligrosas. “En ocasiones, los adultos se hacen pasar por menores en internet e intentan establecer un contacto que dé pie a una relación de confianza, pasando después al control emocional y, finalmente al chantaje con fines sexuales”.

Para evitar estas situaciones, en 2018, la AEPD presentó la Guía de Protección de Datos y Prevención de Delitos. Un manual que recopila consejos y recomendaciones con el fin de concienciar a los ciudadanos sobre cómo pueden protegerse y qué acciones pueden constituir un delito por vulnerar la protección de datos y la privacidad de otras personas, especialmente en Internet.

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Este contenido ha sido desarrollado por Content Factory, la unidad de contenidos de marca de Vocento, con Love Orange. En su elaboración no ha intervenido la redacción de este medio.