Córdoba

Córdoba / Crimen de Rute

Una testigo subraya la sangre fría del asesino tras disparar a la niña

«Se quedó mirándola» tras tirotearla, aseguran quienes presenciaron los hechos

Día 07/04/2011 - 09.33h

La joven Carmen Romero, tiroteada por su ex novio en septiembre de 2006 en Rute, sufrió un auténtico calvario antes de morir tres años después. Así lo pusieron ayer de manifiesto los padres de la chica en la tercera sesión de la vista oral contra M.G.R., quien, supuestamente, apretó el gatillo, y M. R.C., su presunto cómplice en el crimen.

Así, la madre de la chica declaró que, después del suceso, la niña, que contaba con 16 años, fue atendida en un centro de Toledo y, después, pasó un tiempo en el centro para discapacitados de Fepamic en Córdoba.

No obstante, en mayo de 2008 se la llevó a su casa porque Carmen así lo quiso, donde estuvo hasta que falleció en agosto de 2009. «Tenía heridas en la espalda, escaras, que se le solían infectar. En ocasiones, hasta se le llegaba a ver el hueso. Fuimos muchas veces al hospital, al menos una vez cada mes», dijo la progenitora.

Las úlceras fueron de mal en peor al igual que el ánimo de la joven, que nada tenía que ver con el de la niña que fue, dijo la madre. «No quería ni salir. Estaba muy mal».

Por su parte, el padre de la víctima se pronunció en la misma línea que la madre, y añadió que Carmen «sufrió dolores irresistibles» antes de expirar.

En la jornada de ayer también declararon varios testigos del crimen. Así, una vecina que se dirigía a su casa la noche de autos apuntó que «vi a los dos acusados y escuché después la voz de la víctima que le decía a uno de ellos que la dejara en paz. Entonces, la niña y su amiga empezaron a correr hacia donde yo estaba, a la vez que gritaban ¡no, no no!. Después, escuché tres disparos y fue cuando presencié cómo M.G.R. se quedaba parado, quieto, con la escopeta y mirando a la joven», que ya estaba en el suelo.

Tras la comparecencia de esta mujer, se dio lectura a la declaración de un compañero de Carmen, que estaba con ella en el centro de acogida de la Junta.

Violento

Según sus palabras, «M.G.R. dijo a una educadora que iba a matar a su novia. Era muy celoso y en el centro lo sabían. Carmen le tenía mucho miedo porque era un tipo agresivo que saltaba a la mínima».

Por su parte, otro amigo de la chica, con el que ella había estado minutos antes del fatal suceso, señaló que «M.G.R. siempre ha tenido fama de loco en el pueblo, de que podía hacer cualquier cosa rara porque es violento».

Finalmente, una tía de la niña declaró que fue testigo de una agresión del acusado a su sobrina días antes de que le disparase. «Le dio un guantazo y casi le revienta el tímpano. Llamamos a la Policía, pero Carmen no quiso denunciarlo».

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