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Destinos / LA CAPITAL DE ZIMBABUE DEAMBULA ENTRE JACARANDAS EN FLOR Y UN DOWNTOWN VIBRANTE Y CON NERVIO

Harare y el cazador blanco

Harare, la antigua Salisbury, constituye una sorpresa. Las calles de la capital de Zimbabue lucen muchas de ellas adornadas con jacarandas que explotan en tonos rosados cuando florecen. Nada que ver con la imagen de ciudad inhóspita que circula por algunos medios de comunicación. El millón y medio largo de habitantes que la ocupan dibujan una población de enorme extensión debido a sus zonas de suburbios, constituidas por imponentes casas independientes con parcelas que se prolongan a través de enormes avenidas. El centro es otra cosa; aquí casi todo el mundo va vestido de traje de chaqueta y anda con prisas. En realidad parece una ciudad norteamericana, pero sin blancos.

Día 08/10/2012 - 10.14h

Para adentrarse en el espíritu de Harare hay que pasear por la Africa Unity Square (antiguamente Cecil Square, por Cecil Rhodes), en pleno corazón del 'downtown'. Allí se ubica el mítico Meikles Hotel, el lugar donde se oficializó el primer parlamento de la entonces Rhodesia del sur allá por 1924. Tristemente en 1974 se demolió el antiguo edificio del que sólo quedan dos leones en la fachada principal. Con todo y con eso, en el interior sigue palpitando la historia de Zimbabue.

Allí mismo se encuentra el Explorer's Bar, un local dedicado a honrar la memoria de Henry M. Stanley, el mítico periodista y descubridor. Todo son fotos y grabados suyos e incluso hay un par de colmillos de un elefante que cayó abatido por él mismo, cazador blanco apodado 'Bula Matari' (rompedor de roca) por los indígenas de la época que andaban sorprendidos por sus ansias por demoler para implantar la línea férrea en el Congo.

—¿Todo el bar está dedicado a Stanley?—Sí señor, es un local dedicado a los exploradores y él fue el primer blanco que estuvo por aquí.—¿Pero estuvo precisamente en este lugar, aquí mismo pasó algo importante?—No sé, señor. Yo no estaba vivo entonces.

El camarero me la ha dado mortal. Salgo del hotel para enfilar la Second Street, dejo a mi izquierda la catedral anglicana con su pila bautismal;—donde un adulto puede sumergirse sin problemas—, atravieso la Samora Michel Avenue (donde se ubican las principales oficinas) y desemboco en los Harare Gardens, inspirados al gusto británico. Están decentemente cuidados, la gente pasea y lee periódicos y es el lugar propio donde se toman las fotos de los recién casados. Un cartel indica que tomar esas fotos es motivo de pago a la municipalidad o de multa...

En una esquina de los jardines se encuentra la National Gallery. Nada que ver con la de Londres. Conté 25 cuadros y la mayoría de poco interés. Algunas esculturas resultaban más interesantes, pero puestos a ver calidad artística me fui a la zona de Greendale, un suburbio al que se accede con un 'commuter bus', una furgoneta que hace rutas. Todas salen de la Copacabana Bus Station y conectan toda la geografía. Funcionan de maravilla y son mucho más baratas que los taxis.

En Greendale todo son inmensas avenidas bellamente arboladas y algunas casas venden huevos o verduras. Las distancias son grandes. Un paseo de una hora me valió para acceder al 24 de Athlone Road, la casa taller de Dominic Benhura, el mejor escultor de arte shona en Zimbabue, de talla internacional. Su domicilio es un jardín plagado de increíbles estatuas donde sus muchos discípulos se afanan en el trabajo. Una maravilla. Dominic estaba en casa y nos atendió amabilísimamente. No le gustan que los desconocidos saquen fotos de sus obras porque luego en el mercado negro salen muchas copias de baja calidad. Esto sí es una exposición como Dios manda. Qué finura en las formas, detalles en la talla e imponencia en los tamaños. Grande.

De regreso al centro, toca parada en el decrépito Hotel Selous, ubicado en la avenida homónima. En su última planta se ubica un restaurante decadente y modernista. Deliciosamente cutre, atendido por ancianos con pajarita. Además, resulta de lo más seguro puesto que está frecuentado por muchos agentes de policía. Se puede uno tomar muchas cervezas Lion Lager sin problema ninguno.

Un último detalle: no se extrañen si se produce algún que otro corte del fluido eléctrico o del agua corriente.

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