Isla Hashima, Nagasaki (Japón)
Isla Hashima, Nagasaki (Japón)

Diez increíbles ciudades abandonadas que puedes visitar

En la mayoría el turismo se ha convertido en su principal actividad. En otras, sin embargo, la entrada está limitada

Actualizado:

Guerras, desastres naturales o proyectos económicos fracasados son algunas de las razones que llevaron a los habitantes de ciudades como Kayakoy, Varosha o Epecuén a dejar atrás sus vidas, sus casas y en muchos casos, sus sueños en busca de otro lugar donde empezar una nueva vida. Estas son diez ciudades por el mundo en las que el turismo se ha convertido -en algunos casos- en su principal actividad. En otras, sin embargo, la entrada está completamente prohibida.

12345678910
  1. Isla Hashima, Nagasaki (Japón)

    Isla Hashima
    Isla Hashima - Flickr/kntrty

    Hashima, también llamada Gunkanjima, es una pequeña isla de Japón y una de las 505 islas deshabitadas de la prefectura de Nagasaki. Estuvo habitada entre 1887 y 1974 por los trabajadores de la mina de carbón y sus familias. En 1890 Mitsubishi compró la isla y la habilitó para explotarla, lo que en efecto hizo durante casi cien años, hasta 1974, año en que fue cerrada debido a la disminución de consumo de carbón en beneficio del petróleo.

    En 1959, la isla, de un poco más de un kilómetro cuadrado, llegó a alcanzar una de las mayores densidades de población registradas en el mundo.

    Tras quedar abandonada, sus edificios han sido expuestos al embate del clima y la salinidad del mar y se han deteriorado con rapidez. Actualmente se monitorizan los efectos del deterioro de los edificios de hormigón. Desde el 22 de abril de 2009 una pequeña parte de la isla está abierta al público para realizar visitas turísticas.

  2. Kayakoy, Fethiye, Turquía

    KayaKoy
    KayaKoy - W McKelvie

    Kayakoy, también conocido como Livissi, es un pueblo fantasma ubicado a 8 kilómetros de Fethiye en el suroeste de Turquía, hoy en día reconvertido como pueblo-museo. Aglutina cientos de ruinas de casas e iglesias con arquitectura griega. Su población pasó de 2.000 personas en 1900 a casi 6.000 antes de ser abandonado durante la guerra Greco-Turca entre 1919 y 1922.

    La ciudad se conserva como un museo con cientos de casas abandonadas de estilo griego e iglesias que cubren una pequeña montaña y sirven como un lugar de paso para los turistas. En los últimos años, debido al aumento del turismo y de los vendedores ambulantes que ofrecen sus productos hechos a mano, algunas casas han sido restauradas.

  3. Tyneham, en Inglaterra

    La historia de la localidad inglesa de Tyneham se remonta a antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando era un humilde pueblo dedicado a la agricultura y a la pesca.

    En 1943 los habitantes se vieron forzados a abandonar sus hogares por orden del Gabinete de Guerra de Winston Churchill para utilizar las tierras como campo de entrenamiento. Los habitantes de Tyneham nunca más volvieron a sus casas.

    Hoy en día forma parte del Ministerio de Defensa y sus edificios, algunos de ellos restaurados, están abiertos al público para ser visitados con información en cada uno de ellos sobre los residentes que vivían antes de la evacuación en diciembre de 1943.

    La zona está perfectamente acondicionada con aparcamiento y a cinco minutos a pie, un poco más allá del aparcamiento, está Tyneham Granja con un área de picnic y aseos.

  4. Prípiat, la ciudad «radioactiva»

    Wikipedia/ Jason Minshull

    La triste historia de la ciudad de Prípiat está vinculada a la Central Nuclear de Chernóbil. Fundada el 4 de febrero de 1970 para dar hogar a los trabajadores de la Central y a sus familias pronto se convertiría en una urbe con gran número de población y en una de las zonas más agradables para vivir de la antigua URSS.

    En sólo 16 años la población creció hasta alcanzar más de 40.000 personas que llegaron traídas por su estratégica posición geográfica en un clima relativamente templado y un suelo muy fértil, cerca de una estación de tren, una autopista y, por supuesto, el río que daba nombre a la ciudad. Sus amplias avenidas, sus edificios, museos, colegios, parques, cines o restaurantes daban vida a una ciudad que no imaginaba su trágico final.

    Un 26 de abril de 1986 la localidad sufrió los efectos del peor accidente de la historia de la energía nuclear cuando explotó un reactor de la Central Nuclear de Chernóbil. La mayoría de los habitantes fueron evacuados de sus casas para protegerlos de la enorme radiación, los animales domésticos y el ganado debieron ser dejados atrás y sacrificados para evitar alteraciones genéticas y muerte en sus descendientes.

    Hoy, la ciudad «radioactiva» es una urbe fantasma donde los científicos y pequeños grupos de turistas acompañados por un guía, acceden a unas calles donde la vegetación se abre camino entre muros de hormigón que ven pasar los días sin esperanza de volver a escuchar los gritos, cantos o risas de sus antiguos habitantes.

  5. Oradour-sur-Glane, símbolo de una guerra

    TwoWings

    La apacible localidad rural francesa de Oradour-sur-Glane en la región de Lemosín, quedó marcada para siempre un 10 de junio de 1944 convirtiéndose en un símbolo de los crímenes de guerra cometidos en Francia durante la ocupación nazi y el régimen colaboracionista de Vichy, en la Segunda Guerra Mundial.

    Tal día de 1944 las SS alemanas atacaban a una población civil indefensa mientras tenía lugar la Batalla de Normandía en la Segunda Guerra Mundial. Aquel día fueron asesinadas 642 personas. La población que consiguió huir vio destruida la mayor parte de sus edificios e infraestructuras tras su pillaje e incendio, quedando la ciudad completamente en ruinas.

    Al final de la guerra, las ruinas de la población fueron mantenidas en su estado por orden del gobierno francés de Charles de Gaulle, como recuerdo de este crimen y símbolo de los sufrimientos causados por la ocupación nazi.

  6. Epecuén, Argentina

    Wikipedia/ Horacio Fernandez

    Hace algo más de 30 años el pueblo argentino de Epecuén quedó sumergido bajo las aguas saladas del lago del mismo nombre obligando a sus habitantes a abandonar sus hogares. Con el paso de los años el agua comenzó a retirarse dejando un blanco paisaje teñido por la sal de un agua similar a la del Mar Muerto. Lo que era una próspera ciudad turística desapareció, y de las casas, hoteles, bares y comercios hoy solo quedan sus ruinas.

    Situada a siete kilómetros de Carhué, la Villa de Epecuén fue fundada en 1921 para albergar el primer balneario sobre la laguna cuyas aguas tenían un alto nivel de salinidad lo cual generó un creciente interés medicinal y turístico.

    Con los años, el lugar denominado «Mar de Epecuén» creció hasta convertirse en un próspero pueblo con cerca de 1.200 habitantes y unos 25.000 turistas durante el verano. En los años 1970 disponía de más de 6.000 plazas hoteleras y 250 establecimientos comerciales.

    Un periodo de sequía en los años ochenta provocó un descenso de las aguas de la laguna. Este hecho preocupó a los dueños de balnearios, hoteles y comercios que veían peligrar sus negocios. La «solución» terminaría convirtiéndose en la causa del fin de la ciudad.

    En los años 80 comenzaron las obras hidráulicas para estabilizar el caudal de la laguna pero la llegada de la dictadura militar en Argentina dejó el canal recolector de agua sin finalizar, hecho que se vio agravado con un período de fuertes lluvias. A mediados de esta misma década se intentó solventar el problema levantando un terraplén defensivo de cuatro metros de altura sobre la costa que resistió los primeros años hasta la terrible crecida del 10 de noviembre de 1985. El agua entró en Epecuén inundándolo todo y obligando a la población a abandonar sus casas para siempre.

    Hacia mediados de 1993 Epecuén aún se encontraba a siete metros bajo el agua. Gracias a una obras, para impedir el ingreso de caudales externos a la laguna, la cota comenzó a descender lentamente.

    Aún hoy es visible el trazado de las calles, el dique de contención y las ruinas de las casas, hoteles y edificios jalonados por árboles que parecen petrificados por los efectos de la sal.

  7. Spinalonga, el tesoro de Creta

    En un punto entre el mar Mediterráneo y el Egeo se esconde una pequeña isla deshabitada donde sus empinadas calles, sus casas abandonadas y su fortaleza rezuman antiguas historias de batallas, sacrificios y enfermedad. Spinalonga, situada en el golfo de Mirambello, está considerada todo un símbolo para los habitantes de Creta. Unida originalmente a la mayor isla de Grecia formando una península sirvió desde el siglo VII de muro de contención de los piratas árabes que surcaban el Mediterráneo.

    No fue hasta el siglo XVI, durante la ocupación de la isla por Venecia, cuando este pedazo de tierra, árido y estéril con una superficie de 8,5 hectáreas, fue separada de la costa para mejorar su defensa. En las ruinas de la antigua acrópolis, los nuevo habitantes construyeron en 1579 una poderosa fortaleza blindada con 35 cañones. Era tal la capacidad defensiva de la ciudad que los venecianos mantuvieron el control de la isla incluso después de que el resto de Creta cayera ante los otomanos en 1669. Fueron 60 años de luchas hasta la rendición de la isla de Spinalonga en 1715.

    Pero la historia de este pequeña isla aún tenía un amargo capítulo por escribir. En 1904 y tras la expulsión del imperio otomano, las autoridades griegas no tuvieron más remedio que utilizar la fortaleza como una leprosería hasta el año 1958. Conocida como la isla de los marginados, es hoy en día el sitio arqueológico más popular de Creta -después de Knossos- y acoge cada día a los curiosos turistas que recorren las empinadas escalinatas de piedra hasta lo alto de las antiguas defensas venecianas; las casas abandonadas; el antiguo hospital, la escuela o el cementerio en busca de historias de amor, desilusión y muerte.

  8. «404», la ciudad secreta de China

    A finales de los años 50 del siglo XX, durante el régimen chino de Mao Zedong, se levantó en el profundo desierto de Gobi, en el oeste de China, la ciudad que se denominaría simplemente con el código «404», un lugar donde debían vivir los trabajadores - junto a sus familias- para la fabricación de la primera bomba nuclear china.

    El régimen chino, preocupado por los posibles ataques de EE.UU y de la antigua Unión Soviética, mandó hasta esta paraje desértico a sus mejores técnicos y trabajadores estatales, para levantar y construir una ciudad que llegaría a tener unas 100.000 personas pero que nunca figuró en ningún mapa.

    Fue el testimonio de Li Yang, un joven fotógrafo, quien puso en el mapa«404». Con aire de nostalgia, Yang, el tercero de una generación que vivió en la misteriosa urbe, -hoy abandonada-, volvió a sus calles para fotografiar lo que había sido su casa, escuela y lugares de ocio durante los primeros años de su vida.

    A lo largo de poco más de cuatro kilómetros cuadrados, 404 tenía administración, medios de comunicación, escuelas, hospital, tiendas, teatro, un pequeño parque de atracciones y otros lugares de ocio como un zoológico con cinco jaulas para osos, pájaros, monos, pavos reales y ciervos eso sin olvidar el refugio antiaéreo que en la década de 1980 fue abandonado y se convirtió en el escondite y lugar de juego de los más pequeños.

    Hoy en día, sólo algunos ancianos viven en la ciudad nuclear de China, de la que aseguran no saldrán nada más que para ser enterrados.

  9. Humberstone, Chile

    En el desierto de Atacama en Chile se encuentra uno de los lugares abandonados más interesantes: Humberstone. La oficina salitrera de Santiago Humberstone, junto con la de Santa Laura, están consideradas Patrimonio de la Humanidad.

    En Humberstone llegaron a vivir casi 4.500 habitantes, dedicados a la extracción de salitre. Con la Gran Depresión en 1929 la empresa llegó prácticamente a la quiebra, aunque fue rescatada por la Compañía Salitrera de Tarapacá y Antofagasta en 1934. La era dorada de Humberstone y del grupo de oficinas que componían el Grupo Nebraska se comienza a apagar llegando a una aguda crisis hasta su desaparición en 1958 y el abandono de ambas oficinas en 1960.

  10. Bodie, de las minas al abandono

    La historia de la ciudad californiana de Bodie está ligada a las minas de oro y a la madera. Esta típica población del oeste de EE.UU. bien pudiera ser una de las que tantas veces han sido retratadas en las películas de vaqueros. A finales del año 1870 el pueblo dedicado a explotar las minas de oro alcanzó su apogeo con una población de 10.000 habitantes. Junto al crecimiento de su población se instalaron hasta 65 «saloons» -el bar típico del oeste de los Estados Unidos en el siglo XIX-, restaurantes, iglesias, bancos y una escuela.

    El declive de Bodie empezó en 1882 con la bancarrota de las compañías mineras provocando que la población empezara a emigrar. Dos graves incendios unidos a la Gran Depresión terminaron con la historia de esta localidad. Bodie pasó a convertirse en una «ciudad fantasma».

    En los años 1960 fue considerada un Distrito Histórico de los Estados Unidos y hoy en día es una de las zonas turísticas más visitadas del oeste de EE.UU.