Carme Ruscalleda: la cocina femenina

Cerrar Sant Pau es una decisión valiente, honesta y que certifica el alto compromiso que siempre ha tenido Carme Ruscalleda con su cocina

Salvador Sostres
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Cerró Robuchon, cerró Ferran y hoy Carme Ruscalleda ha anunciado que en otoño cerrará Sant Pau, su restaurante con tres estrellas en la Guía Michelin.

En un mundo dominado por los hombres, y por la masculinidad, Carme Ruscalleda ha sido una de las poquísimas mujeres que se ha distinguido por su talento singular y por su cocina femenina. Aunque esté de moda negar las particularidades del género en todo lo que no sea violencia, el género existe y precisamente la feminidad ha sido el rasgo distintivo de esta maravillosa cocinera.

Como todos los que alguna vez han tenido algo que decir, Ruscalleda ha asumido con honradez y dignidad el fin de uno de sus trayectos. La última cena que ofrecerá Sant Pau será el 27 de octubre, coincidiendo con el primer aniversario de la fallida declaración de independencia de Cataluña, y conociendo a Ruscalleda es imposible que sea por casualidad.

No se trata de una jubilación: tampoco Ferran ni Robuchon se jubilaron. Se trata más bien de un viaje que ha llegado a su fin. Ha sido un viaje memorable y que ha dejado un listón altísimo, pero cualquier discurso creativo tiene un límite (¡si hasta el de Ferran lo tuvo!) y la verdad es que la mayoría de buenos cocineros del mundo han vivido a partir de una cierta edad de estirar demasiado el chicle. Por ello, si Ruscalleda, Ferran y Robuchon se marcharon cuando ya no tuvieron nada más que añadir, es porque son los que se tomaron más en serio lo que durante mucho tiempo dijeron.

Ruscalleda, como autora de la única cocina femenina del mundo, ha basado su discurso en la estilización y refinamiento de la cocina catalana, y ha hecho de la delicadeza una nueva y apasionante disciplina artística en sí misma. Cada sabor, cada cocción, cada textura, cada composición de cada plato han tenido en su cocina una tensión y un significado, huyendo siempre del exceso, de la contundencia y por supuesto de la grosería, para exigirle al comensal toda la atención y toda la sensibilidad para poder captar su belleza delicada, como a punto de romperse.

Carme -como Nobu, Ducasse y también Adrià y Robuchon- se ha ganado el derecho de abrir cadenas de restaurantes por todo el mundo inspirados en su genio, que sin ser el Sant Pau ni pretenderlo, pueden tener el encanto y la afición de un Nobu o de un Atelier, donde ningún nivel creativo se espera, pero donde se goza mucho y se come muy bien. Tras décadas de dejarse la vida en Sant Pau, ahora Carme podrá ganar dinero de verdad -si así lo desea- haciendo disfrutar de un modo distinto a sus clientes.

Cerrar Sant Pau es una decisión valiente, honesta y que certifica el alto compromiso que siempre ha tenido Carme Ruscalleda con su cocina. Haber estado en Sant Pau ha sido un honor.

Salvador SostresSalvador SostresArticulista de OpiniónSalvador Sostres