Wintour La Madonna del mundo de la moda

POR ROSA BELMONTELa primera vez que vi de cerca a Anna Wintour, en el primer desfile de Olivier Theyskens para Nina Ricci, tenía delante dos cámaras enfocándola. R.J. Cutler ya estaba rodando el

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POR ROSA BELMONTE

La primera vez que vi de cerca a Anna Wintour, en el primer desfile de Olivier Theyskens para Nina Ricci, tenía delante dos cámaras enfocándola. R.J. Cutler ya estaba rodando el documental sobre cómo se hacía el número de septiembre de «Vogue» (el de 2007, época de vacas gordísimas). Un número que tenía 840 páginas (727, de publicidad), pesaba casi dos kilos y vendió 13 millones de ejemplares. El movimiento de Wintour iba a servir de respuesta a la imagen de bruja del Oeste que daba su parodia en «El diablo viste de Prada», basada en la novela de una ex asistente. Aunque las razones de Wintour para exponerse no están claras (y dejarse hacer esos primeros planos...).

«The september issue», recién estrenada, hace un poco cálida a Wintour, de 59 años, aunque sólo sea por cómo mira a su hija o por la cara que pone cuando describe el sentimiento que su trabajo provoca en sus hermanos (creen que es diversión). Pero no hay lugar a engaño. Asusta a sus asistentes. Vamos, no es sólo que Anna Wintour vista a veces de Prada, es que casi ordena a Miuccia Prada qué es lo que tiene que hacer. Durante una reunión con ejecutivos de tiendas (nerviosos por lo que han visto en las pasarelas) los tranquiliza diciéndoles que ha hablado con la señora Prada y que está de acuerdo en hacer mucho más ponibles algunas de las prendas del desfile.

El documental demuestra el poder de Wintour más allá de los límites de «Vogue», como cuando se ve que los diseños que el joven Thakoon Panichgul hace para Gap no los supervisa Gap sino Anna Wintour. Precisamente, es Thakoon quien la compara con Madonna. Hay una escena al principio en la que la editora de la web, Candy Pratts Price, dice que trabajar en «Vogue» es como pertenecer a una iglesia. Entonces, el director del documental le pregunta si la Wintour es la suma sacerdotisa. «Yo diría más que es como el Papa», suelta Candy.

El gran Ian McKellan, tras recibir el premio Donostia del no menos grande José María Pou, decía que a los actores se les presta demasiada atención. Pero eso es hasta que llega Anna Wintour y todo el mundo se olvida de los actores. El otro día en la inauguración de la tienda de Tommy Hilfiger en la Quinta Avenida de Nueva York había muchos actores. Bueno, actrices (y Elsa Pataki). Mary Louise Parker, January Jones, Mena Suvari, Emily Blunt (la asistente de Meryl Streep en «El diario viste de Prada»), Naomi Watts, Penn Badgley (el pobre de «Gossip Girl»), la cantante Alicia Keys y al final hasta apareció la oronda Sarah Ferguson. Pues nadie levantó la expectación y el revuelo que Anna Wintour al acercarse a la zona donde estaba Tommy Hilfiger (y todas las demás celebrities, que quedaron empequeñecidas a su lado).

La única que no se empequeñece a su lado es Grace Coddington, antigua modelo y directora creativa de «Vogue» (ambas entraron a trabajar en la revista americana el mismo día). En el fondo, el entorno de Wintour está lleno de loros, nada de chicas monas y delgadísimas. La pelirroja y despeluchada Grace roba la película a Anna Wintour. El documental acabó convirtiéndose en un retrato de dos personalidades opuestas (el enorme André Leon Talley, otro peso pesado de la revista, es un secundario que pone la nota más cómica cuando se va a jugar al tenis, porque Anna Wintour le ordena hacer ejercicio, ataviado con un absurdo look total de Vuitton; lleva hasta una nevera, o un cofre que le hace de nevera). Anna, a quien no le gusta la gente gorda (recomendó adelgazar a Oprah Winfrey) se permite decirle al cámara que tiene que ir al gimnasio, lo que indigna a Grace.

La última vez que vi a la Wintour, en el desfile de Tommy, tenía delante a un tío todo el rato que la protegía. Quizá de Carine Roitfeld, del «Vogue» fránces, que estaba justo enfrente (ni un hola) y que siempre está en las quinielas para sustituir a Wintour. No hay color.