AFP  Very Large Array (VLA), uno de los mayores observatorios astronómicos del mundo, en las llanuras de San Agustín, Nuevo México
AFP Very Large Array (VLA), uno de los mayores observatorios astronómicos del mundo, en las llanuras de San Agustín, Nuevo México

Proyecto SETI Medio siglo llamando a ET, pero comunica

Hace 50 años un astrónomo llamado Frank Drake apuntó un radiotelescopio al cielo y desencadenó lo que andado el tiempo se conocería como el conjunto de programas SETI (por las siglas en inglés de

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Hace 50 años un astrónomo llamado Frank Drake apuntó un radiotelescopio al cielo y desencadenó lo que andado el tiempo se conocería como el conjunto de programas SETI (por las siglas en inglés de Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre). Básicamente estos programas consisten en la infatigable captación y análisis de señales electromagnéticas procedentes del espacio y en el lanzamiento de mensajes con la esperanza de que lleguen a alguna forma de vida capaz de interpretarlos. Llevamos medio siglo llamando a ET pero de momento no lo coge. O comunica.

¿Y si no existe? Esto ya lo insinuaba en 1995 el senador demócrata por Nevada Richard Bryan, verdugo político del programa SETI de la NASA. El Congreso se hartó de seguir soltando millones de dinero público «sin que hayamos pillado ni a un solo tipejo verde, sin que ni un solo marciano nos haya dicho, llevadme ante vuestro jefe, y sin que ni un solo platillo volante haya pedido autorización en la FAA (siglas en inglés de Administración de la Aviación Federal)».

Y sin embargo a día de hoy todo un Stephen Hawking le ha enmendado la plana al senador Bryan. Para Hawking no hay duda de que en tantísimos billones de cuerpos celestes tiene que haber alguno habitado por algo más que microbios. Con lo cual el programa SETI, ridículo no es. Otra cosa es que venga a cuento. Para Hawking quizás no es tan buena idea salir al paso de la inteligencia extraterrestre. «Pueden querer llevarse los recursos de este planeta, y tratarnos como Colón a los indios», advierte.

A pesar de este homenaje a «La guerra de los mundos» de Orson Welles, el morbo de los extraterrestres parece inextinguible. Y cada vez más inmune a las restricciones presupuestarias. Prueba de ello es el proyecto SETI@home: un radiotelescopio gigante en Arecibo (Puerto Rico) capta señales de radio del espacio que se procesan en la Universidad de Berkeley, en California, y se distribuyen en pequeños paquetes de 2 minutos de grabación a ordenadores personales de más de cinco millones de voluntarios en todo el mundo. Cada uno pone un cachito de la memoria que le sobra para poder leer la señal. El resultado es como disponer de una megacomputadora.

Y con todo esto y más que hay en marcha, ¿se ha conseguido algo? Pareció que sí el 15 de agosto de 1977, cuando el radiotelescopio Big Ear (Gran Oído) de la Universidad de Ohio captó una señal muy intensa y singular. Duró 72 segundos y fue bautizada como la Señal Wow porque esta interjección americana -que en español suena como «guau»- fue lo que apuntó junto a la transcripción de la señal el astrónomo que la descubrió, Jerry R. Ehman.

A día de hoy Ehman es el primero que duda de que aquello tuviera un origen extraterrestre. Volvieron a rastrear la señal más de 50 veces, y nunca reapareció. Ehman suscribe las teorías de que la señal tuvo un origen terrestre, voluntario o involuntario. ¿Un satélite que pasaba por ahí? ¿Los rusos?

Ni antes ni después se ha vuelto a captar nada demasiado concreto. Ni con la privatización ni con la masificación e «internetización» de la búsqueda se ha conseguido que ET deje de ser algo de película.

Hasta ahora.

POR ANNA GRAU CORRESPONSAL EN NUEVA YORK