El miedo y la «moda jalogüín»

POR E. RODRÍGUEZ MARCHANTEAquí, la costumbre siempre fue la de celebrar el Día de Todos los Santos, pero, tal y como está el patio, y tras una semana terrorífica, lo más sensato era dejarse llevar

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POR E. RODRÍGUEZ MARCHANTE

Aquí, la costumbre siempre fue la de celebrar el Día de Todos los Santos, pero, tal y como está el patio, y tras una semana terrorífica, lo más sensato era dejarse llevar por la «moda jalogüín». Francamente, ahora no sé si el terror, terror comenzó en Alcorcón o en Santa Coloma de Gramanet, pero fue el pasado martes cuando uno tuvo la sensación de que el ambiente siniestro volvería a situar en la actualidad esa foto nunca vista de las hijas de Zapatero en la Casa Blanca. Y si el miedo se pudiera contar, como los millones o como los desastres, se necesitaría un gran contable para calcular dónde ha habido más estos días (me refiero al miedo, pero también vale para los millones y los desastres) si en el Real Madrid o en la política catalana.

En fin, para quien tiene miedo todo son ruidos, y tanto el flemático club social de la política catalana como el excitado club blanco eran estos últimos días una carraca, el pasillo de «El resplandor», y el juez Garzón y Florentino Pérez con la dentadura apretada de Jack Nicholson.

Hoy ya sabemos que todas estas cosas son, en el fondo, una bendición y que contribuyen a mejorar la vida de todos. Sobre los beneficios sociales y educativos del desastre madrileño en Alcorcón nos advertía en un artículo prodigioso Enric González, en el que tras hacer un elogio del trabajo, la dignidad, la autoestima y la honradez, venía a considerar que el Real Madrid colaboró con su rotunda derrota en una buena causa, porque es bueno que los poderosos pierdan alguna vez, y es muy bueno que los débiles disfruten también «de un éxito redondo, sonoro, merecido». Y no se le pasa por alto al perspicaz columnista que, al haberse televisado el partido, el Real Madrid contribuía también a hacer de la televisión algo educativo, aunque, por desgracia, dice, el programa se emitió fuera del horario infantil.

Y del mismo modo podrían buscarse los beneficios que nos proporcionará a todos el hallazgo de esa trama de corrupción en Cataluña, sólo una de la multitud de tramas que nos rodean, que hay más, y más retorcidas, que en una de esas telenovelas transoceánicas.

Pero no es fácil encontrar en ese agujero de Santa Coloma el modo de que encajen ahí virtudes como el trabajo, la honradez, la dignidad y otras posibles lecciones de ética; entre otras cosas porque no se sabe, si quiera, quién es el que ha ganado el partido. Todos esos personajes implicados, y otros que irán saliendo al hilo de las cerezas, los consideraremos perdedores, y al ciudadano contribuyente, ganador... ¿Perdedores y ganadores de qué? Ni los unos perderán una vergüenza que no tenían ni devolverán más que unos retales de lo robado. Ni los otros ganarán en seguridad ni en limpieza, pues ya comienza otro partido con otros jugadores, otros bríos y con mucha hambre de triunfo. ¡Calabazas!