Ballet de Cuba Orfeo en La Habana

El gran novelista cubano Alejo Carpentier sólo podía explicar los prodigiosos movimientos y elevaciones de la danzarina Alicia Alonso comparándola con la mítica música de Orfeo, capaz con sus acordes

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El gran novelista cubano Alejo Carpentier sólo podía explicar los prodigiosos movimientos y elevaciones de la danzarina Alicia Alonso comparándola con la mítica música de Orfeo, capaz con sus acordes de elevar murallas de ciudades. Vera, la bailarina que protagoniza su novela La consagración de la primavera -inspirada en la propia Alicia Alonso- siente así su enérgico combate de elevación sobre el suelo: «Tranco, salto, levitación, anhelada ingravidez sobre el suelo. La danza. La danza siempre, oficio de alción.» Justamente este año se conmemoran los sesenta y cinco años del debut de Alicia Alonso como protagonista en el Metropolitan Opera de Nueva York, y más trascendental aún, los sesenta años desde que Alicia Alonso fundase en 1948 el Ballet Nacional de Cuba, cimentando las bases de la Escuela cubana de ballet, dotada de un temperamento artístico propio cuyo poder expresivo ha situado al ballet cubano en la primera línea del ballet mundial.

Por ello el XXI Festival Internacional de Ballet de La Habana ha alcanzado una resonancia excepcional, congregando a representantes de diecinueve países, y ha desbordado los teatros de la capital para ocupar plazas públicas, museos y cines, así como teatros en Matanzas o Las Tunas. Cuando visitamos este verano la isla, la actividad era frenética, especialmente en el bellísimo edificio del Teatro Auditorio, cuyas dependencias, salas, pasillos, incluso patios y jardines, eran un hervidero de clases, entrenamientos, ejercicios coreográficos y conversaciones apasionadas sobre danza bajo un calor sofocante que no mermaba su agitada vitalidad. De vuelta de los talleres, conseguimos que el escenógrafo Ricardo Reymena haga un alto y nos comente su diseño para un acontecimiento cumbre del Festival: el rescate de La bella durmiente del bosque. Estrenada en París en 1974 con coreografía de Alicia Alonso, se incorporó de inmediato al repertorio del Ballet de la Ópera de París y al de la Scala de Milán, pero un incendio que destruyó su costosísima escenografía impidió desde hace más de veinte años al Ballet Nacional de Cuba ofrecer una de sus creaciones fundamentales. Reymena se entusiasma explicando su reinvención escenográfica de este título clave. Los dos elementos esenciales serán el diseño del bosque y los efectos de luz: «Pretendo hacer funcionar la escenografía como si fuera el marco del cuento de Perrault, como si se fueran pasando las páginas de un libro infantil. Al final del Primer Acto, cuando la Corte se duerme, debe bajar una enredadera a contraluz, donde unos elementos de brillo se iluminarán como estrellas cuando el Príncipe esté allí. Tras ese efecto mágico, la enredadera desaparece.»

Paso del tiempo

El paso del tiempo lo fía al vestuario de Philippe Binot y se centra en algo fundamental: «El bosque de las ninfas se transfigurará en el bosque del hada mala a la vista del público. El primero, pintado sobre telones trasparentes, se ocultará con unos árboles, lo que permitirá plegarlo y transfigurarlo en el siguiente bosque.» En agosto, ya diseñado todo, su obsesión eran los problemas materiales de realización: «Ahora estoy en un proceso muy angustioso, más que el de la creación, porque ahora no depende de mí. Todo depende de los demás y eso me corroe.» En el estreno en octubre sus telones fantásticos y maravillosos diseños de luz hicieron revivir a La bella durmiente en La Habana.

Ese grandioso espacio mágico era el auténticamente adecuado para acoger esa poderosa lucha contra el suelo de Alicia Alonso como bailarina y coreógrafa, no sólo en La bella durmiente, sino en El lago de los cisnes, representado en la Plaza de la Catedral, y Giselle, repuesta en la Sala García Lorca, las otras dos joyas de este Festival.

Con Giselle, en 1942, Alicia Alonso se dio a conocer internacionalmente y sentó las bases de la escuela de ballet cubana. El gran dramaturgo Francisco Nieva describía así cómo le había conmovido la forma de bailar Giselle: «¡Ya está!, me dije. Lo que me ha sorprendido de la sorprendente Alicia Alonso es que imprime un sutil ralentizado ilusorio a todos sus movimientos, cosa que permite leer con mayor facilidad que en otros artistas el diseño coreográfico. Es una forma de supremo fraseo, que todo lo enfatiza. Y lo enfatiza así, dándonos la ilusión de que un cuerpo pesa menos que un cuerpo real y que el aire es mucho más espeso y colabora imprevistamente con tales movimientos.» Cuando vemos a los discípulos de Alicia Alonso bailar sus coreografías reencontramos esa técnica depurada cuyo dominio absoluto les permite jugar creativamente con ella, borrando las huellas del esfuerzo del bailarín en extensiones elevadas que le dan una perenne sensación de ingravidez y crecimiento.

La celebración fue este año sumamente polifacética, con muestras de pintura como Esta noche baila aquí Alicia Alonso, en el Museo Nacional de Bellas Artes o la de óleos de Gólgota en La Acacia, galas sobre danza cubana y literatura, exposiciones fotográficas como Alicia, una mujer, un sueño, en el convento San Francisco de Asís, o las abundantes proyecciones fílmicas en el Cinematógrafo Lumiére. Sin duda un salto creativo, una levitación artística, la ingravidez de la imaginación y la belleza soñadas por la Vera de Carpentier en La consagración de la primavera, frente al suelo duro, difícil, abrasado de la Isla donde la vida cotidiana a ras de tierra puede llegar a ser un infierno.

Este retorno a los orígenes ha tenido poco de nostálgico y mucho de enérgico impulso esperanzado hacia el futuro. Así lo ha entendido la presencia española, mayoritaria con cuatro compañías, y que a través de Cristina Hoyos en representación de la SGAE entregó el premio del VI Concurso Iberoamericano de Coreografía a la cubana Tania Vergara, un premio que a partir de ahora se entregará a las nuevas generaciones con el nombre de «Concurso Iberoamericano de Coreografía Alicia Alonso».

POR RAFAEL FUENTES