Diez planes tentadores para redescubrir Madrid
La esquina de la calle de Alcalá con Gran Vía. La foto, de Fernando Manso, forma parte de su libro sobre Madrid
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Diez planes tentadores para redescubrir Madrid

La festividad de su patrona, la Virgen de La Almudena, es el momento perfecto para reencontrarse con la capital y los alrededores

GUÍA REPSOL
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La festividad de su patrona, la Virgen de La Almudena, es el momento perfecto para reencontrarse con la capital y los alrededores

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  1. Madrid en 48 horas

    La esquina de la calle de Alcalá con Gran Vía. La foto, de Fernando Manso, forma parte de su libro sobre Madrid
    La esquina de la calle de Alcalá con Gran Vía. La foto, de Fernando Manso, forma parte de su libro sobre Madrid

    Cosmopolita, vital, monumental, divertida, tradicional, moderna; Madrid es todo eso y mucho más. Por eso sigue siendo y será un destino obligado para todo buen viajero. Cuarenta y ocho horas no serán suficientes para conocer a fondo la ciudad, pero sí para abrir boca y pensar en volver.

    Arte con mayúsculas: el Triángulo del Arte

    Hay una gran variedad, cantidad y calidad en el arte de Madrid, y aunque solo pasemos cuarenta y ocho horas en la ciudad, no podemos irnos sin haber pisado alguno de los mejores museos del mundo. Podríamos empezar nuestra escapada madrileña acercándonos al Triángulo del Arte y visitar el museo Reina Sofía, El Prado y el museo Thyssen.

    Por el Barrio de las Letras

    Tras estas visitas estaría bien perdernos por el Barrio de Las Letras y respirar el Madrid más intelectual y literario. En sus calles vivieron algunas de las figuras más relevantes del Siglo de Oro español, como Quevedo, Góngora o Lope de Vega.

    Cañas y tapeo

    Aprovechando que estamos en un barrio donde hay de todo, lo más sensato sería buscar un buen sitio y quedarnos a comer. Si queremos ir de tapeo, solo tenemos que dejarnos caer por la plaza Cánovas del Castillo y entrar en el Estado Puro, donde encontraremos tapas tradicionales de diseño y unas buenas cañas bien tiradas.

    Un «retiro» obligado

    Para afrontar lo que nos queda del día, nada mejor que tomárnoslo con calma y darnos un paseíto por el parque del Retiro, donde podremos ver una de las pocas estatuas dedicadas al diablo que hay en el mundo. Es la Fuente del ángel caído, obra del escultor Ricardo Bellver. En nuestro paseo por el parque será imposible no reparar en un edificio muy curioso, el Palacio de Cristal.

    La ruta más castiza

    Saliendo de El Retiro, cogemos la calle Antonio Maura, la Carrera de San Jerónimo y ponemos rumbo a la Plaza Mayor. De camino, disfrutaremos del sabor añejo y castizo de otros siglos, gracias a los tradicionales comercios que venden desde peinetas hasta violetas de caramelo. Una vez en la Plaza Mayor no podemos perdernos el Arco de los Cuchilleros. Quizás esta sea la más famosa de las nueve puertas de la plaza. Realizada por Juan de Villanueva, la puerta da acceso a numerosos bares y restaurantes.

    Antes de cenar, acerquémonos a la famosísima y televisiva Puerta del Sol. Allí encontraremos dos de los símbolos más fotografiados de la ciudad: la placa que marca el kilómetro cero de las carreteras radiales españolas y la estatua de El Oso y el Madroño (escudo de armas de la ciudad).

    Descanso en La Latina

    El día ha sido largo y provechoso, y sobre nosotros se cierne la imprescindible noche madrileña. Aprovechando que estamos en la parte vieja, quedémonos a cenar en La Latina. Esta zona, animada los siete días de la semana, reúne tal cantidad de sitios que el problema será elegir uno, pero por nombrar algunas opciones, anotemos los nombres de La Posada de la Villa (c/ Almendro, 13), El Viajero (plaza Cebada, 11) o especialmente el popular Casa Lucio, galardonado con un Sol de la Guía Repsol, para probar su especialidad, los Huevos e Lucio...

    Segunda mañana

    Empezamos nuestro segundo y último día en Madrid, haciendo algo típico entre los madrileños un domingo por la mañana o un día festivo: dar una vuelta por el Rastro, el mercado al aire libre más grande de España. En él podremos encontrar desde los típicos souvenirs hasta artesanía, ropa de segunda mano, discos, libros usados, cromos, sellos, muebles antiguos y, en general, casi todo lo que seamos capaces de imaginar.

    La Castellana

    Cambiemos de tercio y vayamos del "viejo y angosto" Madrid a lo moderno y monumental. Y es que una de las cosas que más sorprende al que llega a la capital es la monumentalidad de sus plazas, edificios y palacios. Quizá los madrileños ya estén habituados a ello, pero no los que visitan la ciudad por primera vez. La Biblioteca Nacional, con su imponente fachada, y la vecina plaza de Colón, con sus Jardines del Descubrimiento en la parte este, son dos buenos ejemplos.

    Templo futbolero

    El hambre aprieta y ya es hora de ir buscando un sitio para comer. Y ya que estamos en la Castellana, podríamos hacer algo poco habitual pero espectacular: acercarnos hasta el Estadio Santiago Bernabéu y probar un cochinillo de primera en alguno de los dos restaurante que hay en su interior: el Puerta 57 y el Real Café Bernabéu.

    Café ilustrado

    Iremos hasta el Paseo de Recoletos, donde buscaremos el número 21. Allí se encuentra el café literario por excelencia de la capital: el Café Gijón. Desde 1888, este lugar imprescindible, donde durante la posguerra se realizaban charlas, tertulias y debates culturales, reúne a la flor y nata de las letras y las artes madrileñas. Raro es ir a tomarse un café y no toparse con una cara conocida. Será un lugar perfecto para darnos un respiro leyendo el periódico y coger fuerzas para la última etapa de nuestro viaje.

    Corazón canalla

    Antes de sumergirnos en Chueca, el barrio canalla por excelencia, acerquémonos a pasear por el entorno de la plaza de Callao. Este lugar es uno de los centros neurálgicos de la ciudad y punto de encuentro de muchos madrileños. En sus calles encontraremos cines, podremos pasar una tarde de compras en grandes almacenes y tiendas, y descansar tomando un café en alguna de sus terrazas. A solo cinco minutos de allí, descubrimos el lugar donde finalizaremos nuestra ruta madrileña: Chueca. Este conocidísimo barrio madrileño, situado junto a la Gran Vía y entre las calles Fuencarral y Barquillo, es famoso por su espíritu de libertad, convivencia y diversión. Las plazas de Chueca, del Rey y Vázquez de Mella son el centro de la actividad.

    Fuente: Guía Repsol

  2. Madrid de fiesta

    El Madrid de la «movida» ya es historia. Reciente, pero historia. Sin embargo, la noche de la ciudad sigue siendo una de las más apetecibles y sofisticadas de la península. La oferta es muy diversa, pero aquí primará el ambiente sofisticado y con glamour.

    Desde los clásicos renovados de la Gran Vía o de las proximidades de la Plaza del Sol hasta la misma Castellana, la capital española tiene mucho que ofrecer: música en vivo, cócteles, buena música, locales de diseño, DJ de moda... Eso sí, sin olvidar las inevitables porras con chocolate cuando empieza a clarear.

    La primera copa, con música en vivo

    La primera copa, con música en vivo. La cena en buena compañía es solo el inicio de una noche que promete. Y para que todo esté en su sitio, al acabar la cena, nada mejor que elegir un concierto de jazz en un lugar con solera como el Café Central o el Berlín Jazz Café.

    El primero queda cerca de la plaza del Sol y es imprescindible para los amantes de este tipo de música. El segundo es famoso por sus jam sessions. También se puede optar por algo más alternativo y roquero en Malasaña, tal vez en el Siroco, un veterano que lleva diez años de historia a su espalda.

    Los mejores cócteles de la ciudad

    En cambio, si se prefiere empezar con algo de conversación y un trago elaborado, lo mejor será decantarse por la zona de Castellana Norte y Gran Vía. Allí, se pueden probar los mejores cócteles en Del Diego, por ejemplo. Fernando del Diego y sus hijos harán que, más que un trago, saboreemos una experiencia. En la misma lista cabría añadir el Chicote, que no por llevar tiempo en la plaza resulta menos apetecible.

    Glamour y ambiente selecto

    El nuevo día aún queda lejos, y llega el momento de ver dónde iniciar las mejores horas. El ambicioso proyecto del Palacio Fortuny, ubicado como el nombre indica en un palacete con jardín, combina un buen restaurante con la mejor música para después de la cena y altas horas de la madrugada. Si lo nuestro es la música house sin estridencias, el Bisú Lounge Club puede ser la opción. También podemos tener en cuenta el Castellana 8, uno de aquellos lugares a los que acudir para ver y dejarse ver.

    La recta final hacia el amanecer

    Al lado de la Puerta del Sol y en un edificio del siglo XIX nos sorprenderá el Palacio Gaviria, todo un desafío a la imaginación y a las ganas de divertirse con nivel. Y no demasiado lejos, en la calle Arenal, Joy Eslava sigue siendo una referencia para los que gustan del baile y la gente guapa. Y para cerrar este panorama de buenas discotecas hay que citar a Gabbana 1800 y su mítico dance floor.

    Un buen final para un mejor principio

    Terminada la noche, llega el momento de reponer fuerzas antes de buscar el merecido descanso. Y eso, en Madrid, se traduce en hacerse con unos churros recién hechos y un buen tazón de chocolate caliente. Una de las churrerías más típicas de Madrid es San Ginés, en el centro de la ciudad (calle del Arenal, 11, pasadizo de San Ginés), metro Sol.

    Cocina «in»

    La oferta gastronómica en Madrid es muy variada y de gran calidad. Si lo que buscamos es algo sofisticado donde predomine la creatividad, la profesionalidad y el gusto por la estética, un sitio adecuado puede ser Pandelujo (Recomendado por Guía Repsol) (Jorge Juan, 20, teléfono 91 436 11 00), una referencia entre los restaurantes vanguardistas y fashion de Madrid.

    Basada en la cocina tradicional con influencias asiáticas, italianas y norteamericanas, el Midnight Rose Lounge Bar (plaza de Santa Ana, 14, teléfono 91 701 60 20 o 91 523 07 89), es la versión madrileña del Grupo Gerber, propietario de algunos de los mejores lounge bar del mundo, como el de Nueva York.

    Fuente: Guía Repsol

  3. Revive la historia en el castillo de Manzanares el Real

    Arte mudéjar y gótico se combinan en este castillo, uno de los mejor conservados de España, perfecto para recrear la época de las Cruzadas y de los grandes caballeros. ¡Muy cerca de Madrid, te espera su paisaje de leyendas!

    Diego de Hurtado, primer duque del Infantado, inició las obras del castillo de Manzanares el Real en el siglo XV sobre los restos de una fortaleza anterior. Los restos del castillo viejo se pueden apreciar todavía en la ribera opuesta del Manzanares.

    El castillo de Manzanares es de planta cuadrada y sus torres de vigilancia son cilíndricas, con la salvedad de la más ancha. Ésta se puede considerar el equivalente a la Torre del Homenaje y es de planta octogonal en su parte superior. Adosada a los muros del castillo, rodeado por una barbacana, se encuentra una ermita del siglo XIII que, seguramente, funcionaba como capilla.

    En el castillo se aprecia una combinación de los estilos mudéjar y gótico, especialmente en las galerías superiores y en las arquerías del patio central. La influencia mozárabe es visible en las almenas.

    En el interior, el castillo de Manzanares el Real acoge tres exposiciones permanentes. Una está dedicada a la colección de tapices flamencos del siglo XVII. Otra, a las armaduras de época, que abundan en las dependencias. La tercera se centra en la figura de Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana.

    Fuente: Guía Repsol

  4. Conoce la sierra madrileña desde el aire

    El vuelo en globo aerostático es una de las opciones más fáciles y accesibles para poder sentirse, durante unas horas, libre como un pájaro. La posibilidad de contemplar la sierra madrileña del Guadarrama desde un punto de vista poco habitual es otro aliciente para la experiencia.

    El aeródromo privado de Villanueva del Pardillo es el punto de acogida de los vuelos que pone en marcha The Balloon Company. Desde la llegada al aeródromo, el cliente se implica en los preparativos del vuelo, gracias a las explicaciones del piloto sobre el funcionamiento del globo aerostático. Una vez aleccionados por los profesionales, algunos de ellos con más de 25 años de experiencia, se sube a los globos, con capacidad para 4 u 8 personas.

    Las salidas comienzan al amanecer

    El bautismo de vuelo en globo aerostático dura una media de tres horas, contando los preparativos, el vuelo en sí y el regreso al aeródromo en un vehículo todoterreno.

    Lógicamente, la experiencia más intensa es el vuelo, cuando los pasajeros pueden llegar a alcanzar alturas de hasta 1.000 metros. Los vuelos suelen iniciarse al amanecer para poder disfrutar de una buena vista, despejada y sin contaminación. Duran aproximadamente una hora, siempre dependiendo de las condiciones meteorológicas.

    El Guadarrama, un entorno lleno de atractivos

    Estos vuelos se organizan en el entorno natural del Parque Regional del Curso Medio del Río Guadarrama. Esto permite sobrevolar zonas protegidas de interés medioambiental, como el embalse de Valmayor, con especies de fauna y flora autóctonas. También se puede observar a vista de pájaro la villa monumental de San Lorenzo de El Escorial, con el impresionante monasterio que ordenó construir Felipe II.

    Fuente: Guía Repsol

  5. Comprar en la milla de oro

    La capital de España tiene en el barrio de Salamanca su particular Milla de Oro. Esta es la localización más afamada de nuestro país para las firmas de lujo y, también, para encontrarse con personajes famosos. Pasear por esta zona de Madrid equivale a ver cómo las revistas de moda, diseño y sociedad se hacen realidad ante los ojos de quien la visita. Será todo un espectáculo, aunque no se vaya con la idea de comprar, pero ¿se podrá resistir la tentación?

    El término Milla de Oro hace referencia a una amplia zona en el barrio de Salamanca, delimitada por la calle Juan Bravo al norte, Jorge Juan al sur, Príncipe de Vergara al este y Serrano al oeste. Dentro de este espacio (perfectamente factible caminando), se encuentran otras calles no menos importantes, como Ortega y Gasset, Velázquez, Castelló, Claudio Coello y Lagasca, todas con su peso específico.

    Entre ellas, logran equiparar Madrid a otras zonas comerciales exclusivas de las grandes capitales, como la Quinta Avenida de Nueva York, el Faubourg Saint-Honoré de París o Mayfair de Londres.

    La ruta por la Milla de Oro puede comenzar de muchas formas y desde varios puntos. Una opción es iniciar la jornada en la calle Ortega y Gasset. Allí, en poco espacio, se reúnen Versace (en el número 10), Hermès (núm. 12), Dolce & Gabbana (núm. 12) y Chanel (núm. 14). Casi hay que reponer fuerzas antes de seguir por Giorgio Armani y Valentino, que comparten inmueble en el número 16. Louis Vuitton ocupa el 17 y Hugo Boss se va a los números 22 y 24. A estas horas, ya se ha pasado por suficientes locales como para haber dilapidado una fortuna, pero aún falta llegar hasta la calle Serrano, donde están Dior (núm. 6) y las dos tiendas de Loewe (núm. 26 y 34), por ejemplo.

    Fuente: Guía Repsol

  6. Descubre la belleza de la sierra madrileña

    La ruta por la sierra madrileña se adentra en dos zonas de gran interés paisajístico: la Sierra del Guadarrama y la Cuenca Alta del Manzanares. A lo largo del camino, se suceden pueblos que han sabido mantener la esencia de una zona donde la naturaleza hace y deshace a su antojo.

    El pueblo de Guadarrama marca el inicio del camino. Situado en pleno centro de la sierra, la influencia de la naturaleza ha hecho que posea lugares de interés como el embalse de la Jarosa y el monumento natural de la Peñas del Arcipreste de Hita, a 1.520 metros de altitud. Guadarrama fue población árabe durante mucho tiempo, y en 1504 obtuvo el título de villa de la mano de Fernando V de Castilla. Siglos más tarde, el puerto de Guadarrama fue testigo de sangrientos combates durante la Guerra Civil.

    Postales de alta montaña

    La M-614 lleva hasta Navacerrada, meca de los deportes de invierno gracias a su famosa estación de esquí. También marca la llegada a la zona del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares. Rodeada de montañas, Navacerrada ofrece una curiosa configuración urbana, con calles empedradas y edificios integrados en el entorno. No hay que dejar de visitar la presa del embalse de Navacerrada.

    Manzanares el Real y Miraflores

    Manzanares el Real es un pueblo con un rico legado histórico, presidido por la imponente figura del castillo de los Mendoza. Fuera ya del límite del Parque Natural de la Cuenca Alta del Manzanares, el próximo lugar de interés es Soto del Real. Aquí se toma la M-611 en dirección al último punto de la ruta, Miraflores de la Sierra.

    Esta población tiene una bonita leyenda: originalmente se llamaba Porquerizas, por los rebaños de puercos que frecuentaban la comarca. Un día que la reina Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV, viajaba por la zona, admiró la vista de Porquerizas y vio unas flores en el campo, algo inusual para la época del año en que se encontraba. Así que decidió cambiar el feo nombre del pueblo por otro que hiciera justicia a su belleza. Por eso se llama Miraflores.

    Fuente: Guía Repsol

  7. Un día en San Lorenzo de El Escorial

    Nada mejor para salir de la rutina y del caos de la gran ciudad, que una escapada natural, y más si es en un entorno privilegiado con cocina mediterránea de calidad como acompañante, y una estancia exclusiva con las vistas más apacibles.

    La localidad madrileña de San Lorenzo del Escorial, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, a tan sólo 50 kilómetros de Madrid, es el lugar ideal para tomar un respiro. En plena sierra de Guadarrama, encontramos un pueblo, que ha sabido mantener la esencia de su legado histórico y cultural.

    Pero además de su internacionalmente conocido Conjunto Histórico-Artístico, formado por el Monasterio, la Casa de los Infantes y la Reina, y el Coliseo de Carlos III, otros muchos palacetes y casas del siglo XVI y XVII configuran este pueblo de la serranía.

    En sus alrededores y a tan sólo 8 kilómetros se puede visitar el Valle de los Caídos, un monumento de dimensiones colosales, compuesto por la explanada, la cripta excavada en la roca y la inmensa cruz a cuya parte más alta se accede mediante un funicular, oculto en la montaña, y un ascensor interior, que posibilita el paso a los brazos de la cruz.

    Teatro, música, conciertos, exposiciones y cursos de verano de la Universidad Complutense, forman parte de una oferta cultural atractiva que ofrece al visitante el complemento perfecto a su visita e incluso la excusa, para realizar esta escapada.

    Fuente: Guía Repsol

  8. El lugar más emblemático de Madrid: la Plaza Mayor

    La Plaza Mayor suele ser el punto de partida de los recorridos por el casco antiguo de la capital; de ahí que sea un centro neurálgico para turistas. Las posibilidades gastronómicas alrededor de esta plaza tan castiza son muy atractivas. De hecho, y en gran medida de la mano del conocido Mercado de San Miguel, la zona se ha vuelto a poner de moda.

    Su oferta está ligada a la calidad y frescura de la materia prima, que bien se puede comer in situ o llevar a casa. Algunas curiosidades del zoco madrileño son los puestos de ostras, los de venta de frutas (con variedades foráneas no tan fáciles de encontrar) y frutos secos (donde hay novedades como los cacahuetes con corteza de wasabi, no aptos para intolerantes al picante).

    En la plaza los precios, aunque no al alcance de todos los bolsillos, no impiden que los visitantes degusten, al menos, el tradicional bocata de calamares con las tan típicamente madrileñas cañas. En la zona también abundan espacios para tapear, para merendar y cenar. Incluso, para terminar un domingo después de un paseo por el conocido Rastro (no demasiado alejado de la Plaza Mayor). Las tabernas también son muy populares y, en algunos casos, repletas de historia.

    Para los nostálgicos o para aquellos que prefieren la cocina tradicional, una recomendación especial: el restaurante Botín (Recomendado en la Guía Repsol) del que se dice que es el restaurante más antiguos del mundo. Fue fundado en 1725 y su especialidad es el cochinillo asado. Otro emblema del área aledaña a la Plaza es la Chocolatería San Ginés, donde miles de churros se sirven con tazas de chocolate caliente.

    Fuente: Guía Repsol

  9. Las terrazas más deseadas de Madrid

    Madrid es una ciudad que vive en la calle. Cuando aprieta el calor proliferan las terrazas en las que olvidarse de las altas temperaturas. Tanto de día como de noche, las terrazas tienen mucho éxito para picar, comer, cenar, tomar una copa o dejarse ver. Las más populares: la Plaza de Santa Ana, la Plaza de la Paja, la Plaza Mayor, la Plaza de Chueca, la Plaza del Dos de Mayo o la Calle Huertas. ¡Pero no son las únicas!

    Terrazas muy castizas

    La Latina es uno de los barrios más castizos y con más personalidad de Madrid. En verano, sus calles y plazas están repletas de terrazas donde tomar algo refrescante o disfrutar de una agradable comida. Pero también en primavera, las terrazas se llenan para tomar el aperitivo y comer, especialmente el fin de semana.

    Terrazas en las alturas

    La aparición de nuevos hoteles así como la remodelación de otros ha contribuido al reciente fenómeno de las terrazas de los hoteles. El hotel Urban fue uno de los pioneros en instalar una magnífica terraza y desde su inauguración se convirtió en una de las más chic y más de moda, toda una referencia en la ciudad.

    Terrazas con historia

    En los alrededores del Teatro Real de Madrid se encuentran algunas de las terrazas más atractivas para disfrutar del aperitivo, una comida e incluso una merienda, como El Café de Oriente o La botillería del Café de Oriente. En el Paseo de Recoletos se encuentra el Café Gijón y muy cerca se encuentra el Café El Espejo.

    Fuente: Guía Repsol

  10. Descubre la oferta gastronómica de Madrid

    Plantas aromáticas y olivares ambientan los tesoros monumentales diseminados por la Alcarria madrileña. La villa madrileña de Campo Real es el punto de partida para una excursión a través de tierras de olivares y plantas aromáticas en la Alcarria madrileña de Loeches y Nuevo Baztán. Es un viaje por un mundo rural plagado de joyas arquitectónicas y de color.

    Los olivos centenarios jalonan uno y otro lado de la carretera por la que se llega a Campo Real. Las torres de la iglesia parroquial sobresalen en lo alto, sobre una escalinata que se pierde tras los tejados rojizos. A sus pies, las ramas de los olivos y los arbustos se agitan sobre unos troncos que se abrazan a sí mismos.

    Al dejar Campo Real y seguir la ruta en dirección a Loeches por la M-220 llama la atención el ajedrezado de rojos tupidos y verdes amarillentos que dibujan algunas fincas. Nada más llegar a Loeches sobresalen las torres de sus dos conventos y de la iglesia parroquial.

    Tomando la dirección este por la M-300 y luego la M-225 se encuentra la localidad de Torres de la Alameda, cuya iglesia plateresca de la Asunción (siglo XVI) merece una parada, y Valverde de Alcalá, pueblo que atrae por su quietud. Desde aquí, por la carretera M-204, se llega a la interesante localidad madrileña de Nuevo Baztán, declarada Bien de Interés Cultural. Su construcción fue impulsada por Juan de Goyeneche (1656-1735), economista, industrial, escritor y emprendedor.

    Más rutas con sabores: Vino de Jumilla Melón de Torre-Pacheco Arroz de Calasparra

    Fuente: Guía Repsol