Diez rincones con encanto para redescubrir Navarra
La muestra «Occidens» de la Catedral de Pamplona, galardonada como la mejor del mundo - Archivo de Turismo Reyno de Navarra
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Diez rincones con encanto para redescubrir Navarra

Más allá de los Sanfermines, la Comunidad Foral es rica en historia, tradición, cultura y diversión

GUÍA REPSOL
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Más allá de los Sanfermines, la Comunidad Foral es rica en historia, tradición, cultura y diversión

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  1. Pamplona, ciudad medieval

    La muestra «Occidens» de la Catedral de Pamplona, galardonada como la mejor del mundo
    La muestra «Occidens» de la Catedral de Pamplona, galardonada como la mejor del mundo - Archivo de Turismo Reyno de Navarra

    Esta comunidad uniprovincial se encuentra en el norte de España, entre Francia, Aragón, La Rioja y el País Vasco. Es la única del país denominada oficialmente como Comunidad Foral. Una de sus curiosidades geográficas es su municipio Petilla de Aragón, rodeado por la provincia de Zaragoza, como una isla de tierra separada del resto de la comunidad.

    Su capital es Pamplona, donde se celebra la mundialmente conocida fiesta de San Fermín. En poco más de 10 mil kilómetros cuadrados, encontramos historia, tradición, cultura y diversión.

    Pamplona, la capital

    Mundialmente conocida por los sanfermines, Pamplona tiene mucho más que ofrecer. Rodeada de murallas y vigilada por torres y campanarios, su parte antigua nos descubre una ciudad medieval de estrechas callejuelas, plazoletas, iglesias y palacios. Estos rincones cargados de historia conviven con los servicios de una ciudad acogedora y cómoda, rodeada de extensos parques y paseos. ¡Anímate a descubrirla!

  2. Para los aventureros, las áridas Bardenas Reales

    Las Bardenas Reales, en el límite entre Navarra y Aragón, son un paisaje único en Europa. Su aridez invita a los retos más apasionantes, y su geografía, entre páramos desérticos y roquedales desolados, adelanta el perfil aventurero de África o de algunas regiones de América. Quien visita y recorre sus tres paisajes diferenciados no olvida esta tierra de frontera, ideal para dejarse tentar por lo imposible.

    Este extenso territorio de casi 42.000 hectáreas impresiona por lo similar que resulta al gran desierto del Mojave, en los Estados Unidos, sobre todo en la depresión de la Bardena Blanca. El paraje es especialmente espectacular si se siguen las rutas señalizadas para 4x4.

    Una vez accedemos al interior de las Bardenas por cualquiera de las dos alternativas, veremos que el parque cuenta con tres panoramas distintos: el primero es el Llano, una meseta aislada y con una erosión muy pequeña; el segundo, la Bardena Blanca, de color blanquecino, que combina las planicies con los barrancos y con los cabezos, montículos extraños y muy característicos de la zona. Finalmente, la Bardena Negra combina mesetas de distintas alturas. Sus increíbles formas han servido como telón de fondo para películas como Acción mutante, Airbag o la del agente 007 El mundo nunca es suficiente, entre otras.

    Fuente: Guía Repsol

  3. Zugarramurdi, el pueblo de las brujas

    La población deZugarramurdi se sitúa en la comarca navarra de Xareta, a pocos kilómetros de la frontera con Francia. Con apenas 250 habitantes, es muy conocida por el magnífico paisaje de pinos y castaños que la rodea, así como por una imponente cueva esculpida por el agua.

    Pero Zugarramurdi debe su fama a la desgracia de unos cincuenta vecinos que, en el s. xvii, fueron condenados por la Inquisición por practicar la brujería. Desde el año 2007, el municipio cuenta con un museo que narra la historia de la brujería y la locura inquisitorial que condenó a la hoguera a miles de inocentes por no comulgar con su férrea doctrina. El Museo de las Brujas organiza visitas guiadas por el pueblo, además de ser parte activa del Día de las Brujas; una fiesta anual que se celebra desde la puesta en marcha del museo.

    Fuente: Guía Repsol

  4. Palacio Real de Olite, los jardines colgantes de Navarra

    Antigua capital del reino, Olite se encuentra en la comarca de la Zona Media, entre la Navarra montañosa y el Valle del Ebro. En cuanto uno se aproxima, se nota la presencia del palacio real, su edificio más emblemático y principal reclamo turístico.

    El Palacio Real de Olite tiene raíces francesas y es reconocido mundialmente. Su fundador, Carlos III el Noble, fue rey de Navarra entre 1361 y 1425, pero nació y se crió en suelo francés. Entre 1402 y 1424 afrontó la construcción del Palacio Nuevo, que, junto con la capilla de San Jorge, actualmente en ruinas, es la parte visitable del recinto. Su antecesor, el Palacio Viejo, adosado a sus muros, es un Parador Nacional.

    Desde la entrada principal del palacio real se puede acceder a la plaza de los Teobaldos, el centro neurálgico de la pequeña Olite. Allí se puede visitar la iglesia de Santa María la Real, con su famoso pórtico, o el monasterio de Santa Clara.

    Fuente: Guía Repsol

  5. Para los amantes del vino

    La localidad de Aberin, a 50 kilómetros de Pamplona, ofrece un gran abanico cultural en el que podemos encontrar junto con diversas casas señoriales, la parroquia de San Juan Bautista, construida en el último tercio del siglo XII, una ermita de origen medieval.

    Es un pueblo tranquilo donde sus habitantes disfrutan de actividades como la pesca, montar en bicicleta (con una prueba que puntúa en el Open Diario de Navarra) y descensos en goitibeheras, unos coches customizados hechos de cualquier material, que aprovechan las rampas y empinados de los pueblos para propulsarse en vertiginosas carreras. Una modalidad que está alcanzando altos niveles de popularidad, sobre todo en el norte de España.

    Allí se encuentra una bodega perteneciente al grupo de bodegas Chivite. Fueron adquiridas por la familia en 1988 con la intención de crear un espacio único para poder elaborar de manera artesanal y con las más avanzadas técnicas, unos vinos diferentes. Abrazando la historia de la finca, Rafael Moneo ha construido la Bodega Señorío de Arinzano para la familia Chivite.

    Fuente: Guía Repsol

  6. Otra opción enoturística, la bodega de Señorío de Otazu

    La bodega Otazu surge con el propósito de recuperar el viñedo de la Comarca y Merindad de Pamplona. Para ello, en los años noventa se acometió la replantación de viñedos de calidad para la elaboración de grandes vinos. Además, se construyó una nueva bodega junto a la antigua del siglo XIX, dotada con las últimas tecnologías para la elaboración de vinos de alta gama.

    José Luis Sota, Jaime Gaztelu y Ana Fernández han modernizado una bodega construida en 1860, dotándola de la más alta tecnología para la elaboración del vino. Se pretende mantener la herencia del Señorío del S.XII con una estructura similar a la de los châteaux franceses. Situada en una finca con un palacio del siglo XVI, la Torre Defensa del Palomar del siglo XIV y la iglesia de San Esteban del siglo XII.

    Fuente: Guía Repsol

  7. Pamplona honra a San Fermín

    Buena parte de la fama universal de los Sanfermines se debe a las referencias que, sobre estas fiestas, recogió Ernest Hemingway en sus crónicas periodísticas y en su novela "The sun also rises", conocida como «Fiesta» en el mundo hispano. Pero no sería justo restarle mérito a los pamplonicas, que cada año ofrecen sobrados argumentos para que la fama de los Sanfermines se revalide. Y es que las fiestas al santo patrón navarro son puro desenfreno, sin que ello impida honrar a San Fermín con toda la solemnidad que merece. El 7 de julio, día del patrón, se consagra a su figura la mañana. La figura del santo recorre la parte vieja de la ciudad hasta la catedral, escoltada por la Corporación municipal, clarineros, timbaleros, maceros, escolta, txistularis, gaiteros, comparsa de gigantes y cabezudos y la banda Municipal La Pamplonesa.

    La pasión del escritor Ernest Hemingway gestó el carácter internacional de las fiestas de San Fermín, que atraen cada a año a incontables turistas procedentes de cada rincón del mundo. Son los Sanfermines más que unas fiestas populares, un torrente de pasiones que inunda Pamplona, con los encierros como embajadores internacionales y la animación callejera como garantía de diversión las 24 horas. Cada año, los pañuelicos rojos toman Pamplona.

    Fuente: Guía Repsol

  8. Explosión de sabores y saberes culinarios

    Queso del Roncal
    Queso del Roncal

    Para conocer a fondo la cocina Navarra hay que viajar por toda la comunidad ya que sus productos y modos culinarios varían de forma sustancial a medida que nos desplazamos hacia el sur y dejamos la montañosa zona pirenaica para recorrer los verdes valles y la ribera o zona media.

    Pamplona y toda la Comunidad Foral de Navarra merecen siempre una sosegada visita para disfrutar su afortunada y suculenta cocina. Afortunada porque se nutre de una riqueza y variedad de productos difíciles de encontrar en otras regiones españolas. Y suculenta porque los navarros saben cocinar con esmero y sacar el máximo esplendor a su generosa materia prima.

    Fuente: Guía Repsol

  9. Pamplona, gastronomía en fiestas

    Trucha a la navarra
    Trucha a la navarra

    El recetario navarro está repleto de platos que tienen como base la carne bobina, ovina y la de caza, en especial de pichón, codorniz, perdiz, liebre y corzo. Con el pato se preparan sabrosos confits y magret y también se elabora un excelente foie, especialmente en la comarca de Ardanaz.

    Los ríos de la región proporcionan abundantes y excelentes truchas y salmonetes, muy presentes en las mesas. En cuanto a los quesos, gozan de gran reconocimiento los del Roncal y Urbaza, elaborados con leche de oveja. Pero Navarra también comparte con el País Vasco la producción del queso Idiazábal.

    A partir de la leche de también se elabora un postre tradicional navarro: la cuajada, obra de los fogones pastoriles, excelente si se le echa miel.

    Generosa huerta

    Navarra es un territorio que ha ganado prestigio gracias a la calidad de su huerta. En ella abundan: espárragos, pimientos del piquillo, cogollos, tomates, coles, berzas, acelgas y cardos, ingredientes excepcionales para elaborar menestras.

    La cocina de Pamplona también es abundante en guisos, como las tiernas y sabrosas alubias pochas de Sangüesa, las patas de cerdo o el cordero al chilindrón.

    En la ciudad de Pamplona, al igual que en el País Vasco, se puede disfrutar de la pasión por los pinchos, que van desde los más tradicionales hasta los más originales y vanguardistas. No faltan los de chistorra, tortilla de patatas, las cazuelitas de anchoas al ajillo, los riñones al jerez o el de alcachofas, por citar sólo algunos.

    Navarra comparte con La Rioja y el País Vasco la Denominación de Origen Rioja, pero también posee su propia Denominación de Origen Navarra, con especial énfasis en vinos tintos. Sin olvidar el pacharán, bebida típica navarra que se obtiene mezclando el fruto de la endrina (un pequeño arbusto silvestre) con anís o aguardiente.

    Fuente: Guía Repsol

  10. El valle de Roncal

    La presencia del queso roncalés en la mesa de los antiguos Reyes de Navarra está bien documentada. Actualmente, su sabor impregna la ruta de alta montaña por los siete pueblos del valle de Roncal, en pleno Pirineo navarro.

    Para ir desde Pamplona al valle se toma la N-240 dirección Jaca. Poco antes de que comiencen las verdaderas curvas y lleguemos al desvío hacia el norte por la NA-137, es de obligada parada el monasterio de Leyre. Levantado en el siglo XI, es uno de los más bellos ejemplos del románico español.

    Pasado el embalse de Yesa, la NA-137 se adentra en el valle entre los riscos que escoltan al fragoroso río Esca. En Burgui, el río pasa bajo el puente medieval, que conduce a sus calles empedradas detenidas en el tiempo, así como al Museo de la Almadía, exposición permanente sobre el sistema ancestral del transporte fluvial de troncos.

    Desde Roncal hay que continuar 7 km hasta Isaba. Este pueblo mantiene intacta su fisonomía arquitectónica de antaño. La torre de la iglesia de San Cipriano domina el cielo y el Museo de la Memoria muestra los modos de vida del valle a lo largo del tiempo.

    Desde Isaba hay 26 km, sin abandonar la NA-137, hasta el Collado de San Martín, ya en la frontera con Francia y final de la ruta. Este tramo de la carretera pasa por el Circo de Belagua, rodeado de varias cumbres que rondan los 2.000 metros de altitud: la Mesa de los Tres Reyes, frontera entre Navarra, Aragón y Francia, el Pic d Anie y el Lakora, entre otros.

    En las praderas pastan caballos, vacas y las ovejas latxas, cuyos rebaños acostumbran a descender solos hacia su aprisco en la Borda Marengo. Aquí se encuentra el paraje kárstico de Larra, roca caliza agujereada por el agua, de un aspecto poroso no muy distinto al de un queso. Es una de las tantas maravillas que se producen cuando las cosas se toman su tiempo, como casi todo en este valle.

    Fuente: Guía Repsol