Jacintos en el bosque de Hal
Jacintos en el bosque de Hal - Efe

El bosque que concentra el mayor número de jacintos púrpura del mundo

El Bosque de Hal, a menos de 30 kilómetros de Bruselas, acumula más de 23.000 publicaciones en Instagram

BruselasActualizado:

El Bosque de Hal, situado a menos de 30 kilómetros de Bruselas, concentra el mayor número de jacintos de color púrpura del mundo, una planta que solo florece tres semanas al año y que transforma esa zona de Bélgica en un lugar de cuento ideal para las aspiraciones artísticas de los usuarios de Instagram.

Más conocido por la etiqueta #Hallerbos (Bosque de Hal en neerlandés), que acumula más de 23.000 publicaciones en Instagram, el bosque recibe durante el periodo de floración de los jacintos -desde mediados de abril a principios de mayo- a decenas de miles de visitantes de todas las partes del mundo, explica a Efe Pierre Kestemont, guardia forestal de este espacio.

El secreto de este paisaje, que evoca la estética de un bosque encantado, son las 200 hectáreas de hayas que se erigen sobre los jacintos en flor, de forma que la luz se filtra entre sus hojas creando una iluminación de película.

Los jacintos, explica Kestemont, forman parte de la vegetación natural del bosque debido a dos factores: el clima marítimo templado -con veranos no muy cálidos e inviernos no demasiado fríos- y el suelo fértil.

Por el contrario, las hayas son las especies más jóvenes, ya que fueron taladas durante la ocupación alemana en la Primera Guerra Mundial (1914-1918) para extraer la madera y tuvieron que ser replantadas entre 1930 y 1950, señala el guardia forestal.

Según Kestemont, la popularidad del bosque ha crecido en los últimos años gracias a la fotografía digital y a las redes sociales: «En el mundo científico, se sabía desde hace mucho tiempo que el bosque era un poco especial, pero un texto dice mucho menos que una imagen y los conocidos y la familia que ven la fotografía de la floración de los jacintos también quieren venir», afirma.

Bosque de Hal
Bosque de Hal

Más allá de las fotografías, solo está permitido grabar reportajes periodísticos y documentales sobre la naturaleza con el fin de proteger a los jacintos, que son muy sensibles a las pisadas, por lo que si una productora de Hollywood se interesa por el encanto de este escenario para filmar escenas de persecución, tendrá que descartarlo de su lista de localizaciones, advierte Kestemont.

El guardia forestal destaca la rareza de las grandes aglomeraciones de jacintos, un fenómeno que solo se da en Europa, concretamente en las islas británicas, en Francia y en Bélgica, por lo que las medidas de seguridad son determinantes para proteger las plantas del impacto humano.

En total, 14 kilómetros de cuerda cercan los grupos de jacintos dispersos por las 550 hectáreas que abarca el bosque.

Según Kestemont, algunos visitantes saltan ese perímetro para tomar fotografías y dejan una huella que tarda años en desaparecer: «Si destruimos la hoja no habrá nuevos bulbos para el año que viene y en ese lugar no habrá plantas», señala. Además de eso, los bulbos de los nuevos jacintos tardan unos cuatro o cinco años en tener flores, advierte.

El impacto humano también se ve reflejado en los efectos del cambio climático, que afecta de lleno a las plantas.

Kestemont advierte de que este año ha habido largos periodos de bajas temperaturas en Bélgica y que en la última semana los termómetros han alcanzado los 25 grados, por lo que se ha adelantado la salida de las hojas de las hayas, que impiden que la luz del sol llegue a los jacintos.

«Es una carrera contra el tiempo para los jacintos para ser fecundados», lamenta el guardia forestal.

En la entrada del bosque, Sarah, una joven australiana que recorre sola Europa en un viaje de esos que, afirma, «solo se hacen una vez en la vida», busca nuevos caminos por los que perderse.

«No hay nada similar en Australia, mi país es muy seco, no tenemos tantas flores como aquí», cuenta a Efe la viajera, tras percatarse de que es la primera vez que ve unos jacintos silvestres.

Por su parte Manuela, una andaluza jubilada que llegó a Bélgica en 1963, relata a Efe que suele venir al Bosque de Hal a caminar en esta época para ver las flores, y destaca la tranquilidad que le aporta este paraje único.