Vista nocturna de los Jameos del Agua, en Lanzarote
Vista nocturna de los Jameos del Agua, en Lanzarote

La obra del artista que cambió el futuro de Lanzarote

El centenario del nacimiento de César Manrique es una gran ocasión para revisitar sus creaciones, imprescindibles en esta isla canaria

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Frei Otto, uno de los arquitectos más relevantes de la segunda mitad del siglo XX, dejó dicho sobre la casa de César Manrique en Taro de Tahíche: «Es un lugar totalmente especial. Me recuerda a casas semejantes en México, pero ésta es única en su género, es enteramente Lanzarote, es totalmente Manrique, es vieja y, sin embargo, nueva: grutas, pasillos, agua, escaleras, luces laterales, desde arriba, desde abajo. Es la casa del rey del arte de Lanzarote. A trozos es caprichosa, un experimento. Manrique tiene el valor de llegar hasta los límites de la expresión artística.»

El catedrático Fernando Castro Borrego, autor de una biografía sobre Manrique y de Teoría del paisaje −libro de próxima aparición en el que analiza los aspectos simbólicos de su concepción arquitectónica−, subraya igualmente ese carácter absolutamente singular de la obra de este artista del que este año se celebra el centenario de su nacimiento en esa isla que podría decirse fue, literalmente, la materia esencial de su obra.

Fundación César Manrique
Fundación César Manrique

Sus inicios en el mundo del arte se concretaron en la pintura. Se formó en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando (Madrid) pero sus intereses académicos tempranos lo habían orientado hacia la arquitectura: cursó dos años de arquitectura técnica en la Universidad de La Laguna. Castro Borrego destaca que, pese a su primera decisión de desarrollar una carrera como artista, su vocación primordial siempre fue la espacial, la arquitectónica: «Siempre se ha dado un rodeo retórico para evitar llamarlo ‘arquitecto’. Se habla de ‘obra espacial’, ‘obra paisajística’… Yo me refiero a ella como ‘paisajes construidos’. Aunque no esté formalizada, en su obra hay una coherencia arquitectónica. Seguramente, su absoluta libertad sea el fruto de no haber estado sometido a una rigidez disciplinar y académica."

Los espacios arquitectónicos de Manrique son una culminación de sus paisajes representados en su obra pictórica. Su intenso carácter telúrico es expresión de una comprensión panteísta del cosmos: «Como Spinoza o Goethe, Manrique era panteísta. La naturaleza tenía para él un significado sagrado. Creía que todo lo existente era un ser viviente», señala Castro Borrego. De esta creencia, en la que hay presentes rasgos de la alquimia y la teosofía, partía su intensa defensa del medioambiente y su oposición a una invasión depredadora de los espacios naturales.

Afrontó la excepcional oportunidad que le brindó el Cabildo de Lanzarote a partir de 1966 para poder intervenir integralmente en el territorio de la isla («la gran ambición de cualquier arquitecto o de los artistas de land-art, con los que a veces se lo vincula», dice Castro Borrego) para crear una serie de centros con atractivo turístico como una forma de concretar su pensamiento estético y ético, buscando una armonía entre el paisaje natural y la intervención humana.

En estos «paisajes construidos» hay abundantes elementos que tienen un profundo carácter simbólico: «las escaleras de caracol, las transiciones, las terrazas, las aperturas, los miradores… Un simbolismo muy fuerte desde una perspectiva cósmica, que también puede interpretarse como una forma de sentimiento religioso».

Jardín de Cactus, la última gran intervención de César Manrique en Lanzarote
Jardín de Cactus, la última gran intervención de César Manrique en Lanzarote

Manrique es Lanzarote y Lanzarote es Manrique. El paisaje volcánico se torna arquitectura, sin dejar de ser naturaleza, a través de la mano y el espíritu de Manrique. Los impresionantes Jameos del Agua, un tubo volcánico creado por el flujo de lava al que se le ha desprendido la parte superior, y en los que hay un restaurante, una piscina rodeada por un jardín y un auditorio; su casa en Taro de Tahíche, edificación que en su momento sacó de quicio a los puritanos racionalistas, construida aprovechando el espacio natural de cinco burbujas volcánicas y actual sede de la fundación César Manrique, el Mirador del Río, el Lago Martiánez (en Tenerife) y los Jardines y Piscinas del Hotel Las Salinas (el cual es un edificio proyectado por su amigo y cómplice Fernando Higueras) son lugares indispensables para visitar en cualquier momento, aún con más motivo ahora que cumplen cien años del nacimiento de este artista total.