Imagen aérea de la población francesa de Hendaya
Imagen aérea de la población francesa de Hendaya - ABC

HENDAYAUn santuario de bañistas y surferos nada más pasar la frontera

Gastronomía, naturaleza y monumentos con siglos de historia, entre los atractivos de esta localidad francesa situada a menos de 20 minutos de San Sebastián

HendayaActualizado:

La apacible localidad de Hendaya, situada a menos de 20 minutos de San Sebastián, es una de esas pequeñas joyas turísticas que esconde la frontera hispano-francesa y que ningún turista debería pasar por alto. Quienes se dejen caer por este antiguo pueblo pesquero, hoy reconvertido en santuario para bañistas y surferos, podrán disfrutar de decenas de atractivos, empezando por la playa infinita que recorre todo su litoral. Sin embargo, este destino ofrece alicientes para todas las épocas del año y para turistas y viajeros de cualquier perfil.

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Playa, spa y surf

Hendaya es una ciudad de fuerte ambiente marinero que ofrece entre sus tesoros una gastronomía delicada y seductora en la que abunda el pescado -¡los chipirones son memorables!- y un patrimonio histórico y arquitectónico que empapa calles, casas, iglesias y que se eleva a su máxima expresión en el castillo que vigila la población desde sus lindes. Asimismo, si el visitante tiene por objetivo enfundarse un neopreno y surfear tiene que saber que la playa de tres kilómetros que baña la localidad es un punto estratégico ideal para iniciarse en este deporte.

Esta población vascofrancesa también es una auténtica meca de la talasoterapia, una actividad con una gran tradición en Francia y que une el relax de un «Spa» con los beneficios para la salud del agua marina. En el Hotel Thalasso & Spa Serge Blanco que hay a primera línea de mar se ofrecen varias piscinas calientes, templadas y frías tanto exteriores como interiores, así como una amplia gama de tratamientos para reconfortar cuerpo y alma.

Hotel Thalasso & Spa Serge Blanco
Hotel Thalasso & Spa Serge Blanco - ABC

Siglos de historia

Una buena propuesta de recorrido para no perderse nada de Hendaya no debería pasar por alto tres elementos: patrimonio, naturaleza y gastronomía. En la primera categoría hay varios puntos de interés completamente imprescindibles. En primer lugar el casco histórico, construido en el siglo XVI es tranquilo y está muy bien conservado. En la zona centro del pueblo destaca la iglesia de San Vicente, un pequeño templo de piedra y madera construido en 1598 que acoge un impresionante legado artístico de obras de arte religioso de gran calidad que cubren paredes y capillas pero que perfectamente podrían decorar las paredes de algún museo. En la zona más cercana a la playa hay otros dos conjuntos pintorescos, por un lado el antiguo casino y del otro, el medio centenar de casas de estilo «neovasco», muy coloridas, obra del arquitecto Edmond Durandeau, que resiguen todo el paseo marítimo.

Un castillo-observatorio y mil leyendas

A pesar de todo, la verdadera joya de Hendaya se encuentra a las afueras del pueblo. Los visitantes no deben perder la oportunidad de descubrir el increíble paraje en el que se encuentra el castillo observatorio de Abbadia. Esta mansión-castillo de estilo inglés se erige sobre una colina en medio del bosque a la que se llega después de un agradable recorrido por el entorno natural de la Corniche. Para llegar hasta el castillo se puede iniciar el recorrido en el centro de interpretación del litoral. Desde allí es recomendable ponerse calzado cómodo para atravesar un paraje idílico, de verdes intensos en los que la montaña entra en diálogo con el mar a través de monumentales precipicios. Si se coge un día de cielo despejado esta zona se convierte en un paseo obligado (apto para familias, niños y personas mayores) en el que el canto de los pájaros, el murmullo del mar y el trasiego de las ovejas conforman una estampa ideal.

Una vez en el castillo es muy recomendable sumarse a alguna de las visitas guiadas que se organizan en el lugar. No en vano, este castillo esconde un sinfín de secretos, anécdotas y leyendas. Solo por mencionar algunas vale la pena destacar que el edificio fue el gran proyecto vital del etnólogo y descubridor Antoine d'Abbadie (1810 - 1897). Este acaudalado humanista convirtió este enclave en un observatorio astronómico con el que realizó un vasto catálogo de estrellas. También convirtió esta mansión en un homenaje a su vida. No en vano, d'Abbadie dibujó la primera cartografía de Etiopía, indagó en los orígenes del Nilo y exploró ampliamente países a lo largo y ancho de África y Asia.

Estrechamente vinculado al País Vasco, fue también uno de los más ardientes defensores de su lengua y su cultura. Su afición por la cultura y el misterio empapa todo el castillo, lleno de detalles, acertijos y curiosidades. «Es como un libro de piedra que cuenta una vida fascinante», explican los responsables del espacio. No en vano su construcción, de estilo orientalista y neogótico, duró medio siglo y todavía hoy acoge juegos como el conjunto de 18 sillas del comedor. En cada una de ellas hay estampada una elegante letra etíope, si se ordenan bien se forma la siguiente frase: «Ojalá nunca se siente un traidor alrededor de esta mesa».